2026-03-29

Con el plan ‘Desenrola Brasil’, Lula salvó a familias y bancos del colapso

La otra cara del ajuste de Milei: mora récord y prestamistas callejeros

La imposibilidad de pagos de las familias argentinas está en valores históricos y creciendo. Los escalones más bajos de la pirámide social toman créditos en la calle.

“Nosotros acá vivimos de los prestamistas. Vienen y nos prestan plata para seguir comprando mercadería y vivir. Y todos los días vienen a cobrarnos un poquito. Y terminamos y volvemos a sacar. De eso nosotros vivimos”. La que habla es una de las mujeres que atiende en su puesto de ropas en una vereda muy transitada de las afueras del centro de Posadas. Para cuidarla, no voy a dar más detalles.

Pero también podría ser el dueño de un kiosco de barrio, de una verdulería o de algún otro rebusque al que estos días recurren trabajadores, jubilados o desocupados para tratar de llegar a hacer al menos dos comidas al día. En esta misma situación están también albañiles, mecánicos, carpinteros, cortadores de pasto, vendedores ambulantes y otros trabajadores que deben recurrir a estos sistemas “para aguantar”.

Esto refleja una realidad que en los últimos tiempos se multiplica, el endeudamiento de las familias a través de cualquier canal disponible de crédito.

En algunos casos -en el mejor de los casos, diría- hay familias endeudadas en el sistema formal de bancos y tarjetas de crédito. En un escenario no tan distinto, una segunda línea suma a esas deudas las contraídas en financieras y billeteras virtuales.

En este sistema formal, la mora total de las familias argentinas ronda el 10% y se mantiene en tendencia alcista, según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina. En las fintech -billeteras virtuales que prestan a quienes el sistema bancario tradicional ya no quiere-, la mora trepa al 25%, según consultoras financieras.

Deuda callejera

El eslabón más bajo, y el más difícil de proteger, es el de quienes se endeudan con los prestamistas callejeros, esos que hace algunos años vendían muebles en cuotas y en la transacción ofrecían “créditos”. Hoy los muebles ya no hacen falta, porque la necesidad es grande.

La mecánica

En números, la cosa es así. La mayoría de los créditos son de entre $100.000 y $150.000, y el dinero se destina a la compra de mercadería para revender en los puestos. Se financian con estos préstamos, venden su mercadería y, de lo recaudado, devuelven el dinero y sacan unos pesos para parar la olla. La devolución es diaria. Sí, diaria. Y los intereses son altísimos, un 20% a 15 días.

La dinámica es así, te prestan $100.000 y devolvés 15 cuotas diarias de $8.000; si te prestan $150.000, devolvés 15 cuotas de $12.000. Al saldar la cuenta, vuelven a empezar.

No tienen forma de salir de ese círculo mientras no puedan aumentar las ventas de sus puestos. Y las ventas de sus puestos no aumentarán mientras no mejore la situación económica de sus clientes, personas con salarios que hace más de un año no alcanzan para llegar a fin de mes y que, por eso, en su mayoría están endeudadas en el sistema formal, con tarjetas de crédito, préstamos de billeteras virtuales, bancos o financieras. Un laberinto del que salen todos o no sale nadie.

La llave para salir

Pasa en Misiones. Pasa en la Argentina. El endeudamiento de las familias crece a paso acelerado y es uno de los principales problemas económicos de las clases medias -en todos sus rangos- y bajas. No hay excluidos en estos estratos; sólo cambian los sistemas bajo los que están endeudados.

Así, para que quienes están endeudados en sistemas callejeros puedan salir de ahí, es necesario que quienes están endeudados en el sistema formal logren liberarse de esas deudas y vuelvan a ser “clientes” de los primeros. La llave para una salida rápida la tiene hoy el Estado y pasa por medidas que alivien la carga de las deudas y reactiven el consumo.

Un alivio

La provincia de Misiones dio un primer paso en ese sentido y habilitó un sistema de crédito para empleados públicos y jubilados endeudados, con una tasa de siete puntos más baja que la del mercado, en un intento por alivianar la situación. Es un gran esfuerzo y ayuda, pero no alcanza.

Primero, porque no todos los empleados públicos y jubilados endeudados están en condiciones de ingresar a este programa, ya que no cumplen con algunos requisitos -en parte porque una porción de sus deudas está fuera del sistema-. Por otro lado, quienes no son empleados públicos o jubilados de ese sector quedan excluidos.

Miremos a Brasil

Para todos ellos, la salida está en Brasil. No en el sentido de irse a vivir allá, sino en observar lo que hizo ese país ante una situación similar, que además hacía crujir a su sistema bancario. Ya sé, hoy es impensado que el gobierno nacional, bajo su lógica, tome ese camino. Pero por ahí puede haber una salida, si alguien quiere verla.

Desenrola Brasil es el programa que implementó Lula Da Silva, con quitas de hasta el 90% en deudas pequeñas, planes de pago largos, una plataforma centralizada de negociación y el Estado metido hasta las rodillas como articulador del sistema. El objetivo no fue perdonarle la deuda a todo el mundo, sino limpiar los balances de los hogares sin romper los de los bancos. Una política de reactivación del consumo disfrazada de orden financiero, con un win-win para bancos y familias. No es un “plan platita”, es un plan de estabilización que evita el colapso del sistema social y reactiva el consumo para que vuelva a circular la economía de los estratos medios y bajos.

En Argentina tampoco se trataría de volver a un “plan platita”. Acá se podría pensar en esquemas de reestructuración de deudas con quitas, programas para que deudores de bajos ingresos entren al sistema formal e incentivos para que fintech y bancos renegocien deudas.

Está claro que Milei apuesta al método opuesto, con ajuste fiscal, tasas reales positivas y disciplina de mercado. Traducido al castellano, que cada uno se arregle como pueda. En cuanto a cuestiones técnicas, y más allá de la decisión política, en la Argentina de hoy un programa así sería difícil, pero no imposible.

Porque hoy Argentina no tiene acceso fluido al crédito internacional, ni moneda estable ni margen fiscal para respirar. Y cualquier programa de alivio masivo chocaría de frente con el FMI, que en este momento actúa como ente contralor de nuestros gastos. Las tasas siguen siendo altísimas y, sin una baja de tasas, cualquier reestructuración es un parche que dura muy poco.

Pero más allá de todo esto -que puede ser manejable desde lo político-, el principal escollo es la filosofía económico-política del gobierno nacional. La apuesta de la Casa Rosada, al parecer, es que el sistema se “depure” solo, que la mora suba, que el consumo caiga, que los que no pueden pagar queden afuera, y que de ese darwinismo financiero emerja algo más sano en el futuro.

Es una apuesta. Y como toda apuesta, puede salir bien o puede salir terriblemente mal.

En Brasil, el Estado contuvo el problema antes de que se cronificara. En Argentina, el riesgo real es que la exclusión financiera se instale de manera estructural en los márgenes del sistema, en los informales, en quienes usan fintech porque el banco nunca les abrió una cuenta o en quienes se endeudan con prestamistas callejeros para tener unas remeras o unas frutas para vender y así poder parar la olla en casa. Brasil actuó sobre un problema consolidado, Argentina está a tiempo de adelantarse para evitarlo.

Así, la pregunta de fondo no es si Argentina puede copiar a Brasil. Es si está dispuesta a pagar el costo político y fiscal de ayudar a salir a esa gente -a esos argentinos- de esa espiral en la que están metidos. Sacarlos antes de que la depuración los expulse del todo.

El rebusque para sobrevivir cada día

Un informe publicado en la edición de este viernes 28 en el diario El Territorio detalla cómo el ajuste económico en Misiones obliga a los trabajadores informales a subsistir con ingresos diarios apenas suficientes para cubrir la alimentación básica. La crisis ha impulsado el resurgimiento del trueque y ha pulverizado la capacidad de consumo de este sector, que depende de la venta ambulante y servicios precarios. La pérdida de un trabajo obliga a los trabajadores a vender ambulante, emprender o buscar changas para comer. Los casos se agravan cuando hay familias con niños por mantener y sostener. Una de las vendedoras, Mabel Da Costa, resumió la situación: “Está crítica la situación que estamos atravesando. Es el día a día, bajó la venta y está más cara la mercadería. Entonces, está difícil también sostenerse porque de la ganancia se saca para el pasaje, para comprar de vuelta la mercadería y para comer algo”.

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