2026-02-18

La llegada de los jesuitas en nuestros lares

Son ellos, se dijo al verlos. Ellos eran los peregrinos esperados. Desde hacía muchas lunas brillantes. Por los hermanos de la aldea.

De aquel arribo sabían. Por el relato de sus antepasados. Quienes apesadumbrados decían.  Que en diversos lugares del suelo natal. Atracaron hombres de piel blanca. Que en cualquier momento llegarían.

Sombríos los Chamanes murmuraban. Que bajaron de enormes canoas. Vistiendo ropajes raros. Y akäo en la cabeza. Que los protegían de las flechas y las chuzas.

También referían que en vívida simbiosis. Montaban bestias de cuatro patas. Sin entender quién dominaba a quién. O si se trataba de un solo ser siniestro. Que doblegaban a quienes se oponían.

Por suerte, y merced a las plegarias. Que elevamos a Ñandeyara nuestro Dios. Entraron a nuestras expectantes vidas. Hombres de toga con una cruz en el pecho. Y la Santa Biblia bajo el brazo.

Seres que nos trataron fraternalmente. Cimentados en la ética y moral cristiana. A diferencia de otros pueblos del guarán. Que indiferentes a sus ritos y su cultura. Los sometieron cruelmente con la espada.

Y con la espada de la alevosa soldadesca. O la cruz de los píos sacerdotes. Los hombres blancos imperios conquistaron. Y crearon aldeas y ciudades.

¿No ven acaso los treinta pueblos misioneros, erigidos con la voluntad de las termitas, entre el verde follaje de la magna selva? ¡He ahí donde exhiben con sublime orgullo! El pendón de la justicia y libertad. La caridad, el amor fraterno y lealtad. 

Primera bendición en suelo guaraní

El sacerdote se arrodilló en frente suyo- mirándolo con ternura y suave sonrisa- incitando al niño indio a sonreír.

Y observando el rudo avá en su biota- aprobaron el encuentro con el hombre blanco- entre mohines y gestos amigables.

Y el moreno niño en todo su candor- maravillado contemplaba fascinado- el pelo rojizo revuelto por el viento- y el color azul celeste de los ojos- Iris que nunca había visto y se preguntó: ¿Adquirió el hombre blanco de mirar el cielo?

Más el niño manso quedó sorprendido- cuando el visitante de largo vestido- le hacía en la frente con el dedo gordo- extraña señal en forma de cruz- suave en los labios y sobrio en el pecho- mientras susurraba en extraño idioma: yo te bendigo en nombre de Dios- al par que alzaba las manos al cielo.

Si el breve mensaje no lo discernió- el niño intuyó que sería algo bueno- y esta frase pía recién entendió- cuando con el tiempo aprendió el castellano- y supo también comprender- que la voluntad de los curas Jesuitas- fue que nosotros habláramos español- y ellos nuestro suave aváñê`é.

El avañë`e

La oralidad fue el arte de comunicarnos. Dijo el Mburuvichá a los avá presentes. Ya que ancestralmente nuestro pueblo. La tradición relataba de esa forma. En clara y manifiesta relación. Con el pasado, el presente y el futuro.

Hasta que vinieron los curas Jesuitas. Y aprendieron el dialecto del guarán. Y al compás de fonética y gramática. Inventaron el congruente abecedario. Alterando nuestro atávico lenguaje. Y convertirlo en el moderno avañê`e.

Confesión del avá

No sé en qué momento ni abuelo

El gran Mburuvichá jefe de jefes

Admitió el catolicismo como fe

Halando a mis padres y oreos caciques

Después espiritualmente guiaron

Al pueblo de mis antepasados

Hacia el sacramento del bautismo

Numen sagrado del cristianismo

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