El legado que marcó su destino: Brenda Tori y el arte de tatuar
“Lo principal para hacer tatuajes es estar preparado artísticamente”
Que “el fruto no cae lejos del árbol” es un refrán popular que significa que los hijos suelen heredar comportamientos, rasgos, talentos o defectos de sus padres. Esta frase tantas veces utilizada resalta la influencia del legado familiar y la crianza, indicando que las personas tienden a parecerse a sus progenitores. Un claro ejemplo de que muchas veces este refrán se termina cumpliendo es el de Brenda Tori (37), quien nació en una familia de artistas y, por más que un principio la vida la llevó por otros caminos, finalmente su amor por la pintura y los dibujos le terminó marcando la senda que debía seguir.
Una de las referentes del mundo del tatuaje en la zona Norte de la provincia se animó a una charla con El Territorio para repasar cómo fue el proceso para dejar atrás los trabajos con jefes para convertirse en su propia jefa, lo prejuicios a los que se tuvo que enfrentar, el camino que debió recorrer para aprender y seguir aprendiendo y su mirada sobre el momento actual de esta actividad que hoy está mucho más expandida. Hoy, con casi una década de experiencia como tatuadora, considera que el tatuaje dejó de pertenecer sólo al mundo ‘under’ y que ahora mucha más gente se anima a dejar una huella imborrable sobre la piel.
“Nací en una familia de artistas. Mi mamá de profesión es docente y ya está jubilada, pero su pasión siempre fue la escritura. Escribió varios libros y cuentos, mientras que mi papá trabajaba en la cooperativa eléctrica pero era un artista. Hizo varias esculturas con maderas, hierros. Si bien no se dedicaba a eso, le encantaba crear con las manos. Digamos que me crié siempre en un ambiente cargado de creación”.
¿Antes de ser tatuadora pasaste por otros rubros?
Viví en Eldorado hasta que terminé la secundaria y ahí hubo un quiebre raro en mi vida porque cuando tuve que elegir qué estudiar, entre el arte y la gastronomía, que también es algo que me gusta mucho, elegí la gastronomía porque en ese momento no había un panorama tan amplio de oficios como los que hay ahora. Entonces decidí estudiar gastronomía y mientras lo hacía en Iguazú comencé a trabajar en turismo, así que tardé un poco más en recibirme.
¿Y qué pasó con la gastronomía? ¿Cómo pasaste al mundo de los tatuajes?
La verdad es que también la carrera me decepcionó un poco. Durante esos años estuve un poco alejada de lo que es el arte, hasta que renuncié al trabajo que tenía en turismo y comencé a pintar, algo que ya hacía de chica. Es como que se despertó algo que estaba dormido. Arranqué a dibujar y a pintar mucho hasta que en un momento sentí que tenía que empezar a sacarle algún rédito a eso y mi marido me dijo ‘vos tendrías que tatuar’. Después hubo un momento en el que me echaron de un trabajo y cobré una indemnización. Eso me permitió comprar un buen equipo y los accesorios para empezar a tatuar. Pedí consejos a otros tatuadores, fui mirando videos en YouTube y con todo eso sumado a la experiencia que yo tenía haciendo dibujos empecé a practicar. Mis prácticas siempre fueron sobre personas, nunca me gustaron las pieles sintéticas. Al principio cometí errores, como todos, pero fue eso, ponerme a practicar. Soy muy autodidacta, así que le encontré la vuelta a aprender por mis propios medios. Durante la pandemia se empezaron a hacer muchos seminarios virtuales, se volvió más accesible y así fui perfeccionando un poco mi técnica. Me falta mucho para llegar a lo que quiero, pero así fui creciendo.
¿Y fue fácil meterte en este mundo o hubo dificultades?
En estos años me crucé con muchos tatuadores que me fueron ayudando, también con otros que me tiraron mala onda. En este rubro todavía hay un poco de machismo. Ahora hay muchas chicas que tatúan y lo hacen muy bien, cada vez más gente se mete en el mundo del tatuaje con una preparación previa, habiendo estudiado una carrera de arte o diseño. Creo que lo principal para hacer tatuajes es estar preparado artísticamente.
Actualmente se ve cada vez más gente con tatuajes, ¿a qué creés que se debe esta tendencia?
Creo que se debe a que no hay tantos tabúes como antes. No es complicado conseguir un trabajo por tener tatuajes. Ya no se juzga a alguien por tener muchos tatuajes como era antes. Hoy hay profesionales en todas las áreas que usan tatuajes, eso hace que la gente se anime. También hay mucha gente grande que se anima a tatuarse. El hecho de que haya más mujeres en el rubro de los tatuadores ayuda un montón. Yo tengo muchas clientas que son señoras grandes y se sienten cómodas en este contexto. Que haya una oferta más amplia y variada de tatuadores hace que se expandan los clientes. Cada uno elige según su personalidad.
¿Y a vos qué te llevó a decir ‘quiero ser tatuadora’?
Una vez me estaba haciendo un tatuaje grande y el tatuador que me lo hizo me mostró sus dibujos. Ahí fue que dije ‘qué copado esto de poder llevar los dibujos que hago en un papel a la piel’. Dije ‘ya fue, voy a probar’. Soy muy impulsiva. Nunca me imaginé vivir de esto, pero me animé a intentarlo. Me fui acostumbrando hasta que dejé todo tipo de otra actividad para ser mi propia jefa y depender de mí misma.
¿Y cómo es eso de pasar a estar del otro lado del mostrador?
Ser dueña de mi tiempo es algo que no lo cambio por nada. Hago lo que realmente me gusta, pero también es difícil porque el tatuaje es un lujo y cuando la economía no acompaña realmente baja muchísimo el trabajo. La gente tiene cosas más importantes en las que gastar antes que en un tatuaje.
¿Qué ventajas crees que tienen las mujeres tatuadoras en relación a los hombres?
Me pasó que vino una señora bastante mayor que quería tatuarse en la cadera. Me explicó que era un tatuaje que quería hacerse hace décadas pero que nunca se había animado a meterse en un estudio. Y cuando me conoció se sintió cómoda. Es algo que pasa con muchas chicas que quieren tatuarse en partes íntimas y no se animan a que se las haga un hombre. Por eso digo que si hay una mayor variedad de tatuadores hombres y mujeres hace que haya más gente que se anime a tatuarse.
¿Hoy se ven más tatuajes artísticos que hace algunos años?
El mundo de los tatuajes cambió mucho en los últimos años. Cuando yo iba al colegio no se veían tatuajes lindos o creativos. Eran duendes o tribales, algún que otro dibujo. Después, con la aparición de Pinterest o en internet, ahora se ven cosas mucho más creativas, un montón de estilos y opciones. También se pueden ver referencias del tatuador y eso te genera confianza. Hoy en día están mejor vistos los tatuajes porque se ve más arte. Una vez en un seminario nos explicaron que hay dos tipos de tatuadores. El tatuador que sólo quiere tatuar y el artista tatuador. El tatuador que sólo quiere tatuar no tiene problemas, te hace cualquier cosa que le pidas. El tatuador artista quiere llevarte arte a la piel. Las dos cosas están bien, pero quizá ahora están los tatuadores que crean sus propios diseños, que incrementan su técnica artística, es ahí donde entra la parte de haber estudiado pintura o dibujo.
¿Tuviste que luchar contra los prejuicios para ganarte un lugar?
Yo sentí que cuando empecé había un cierto prejuicio por el hecho de ser mujer. Muchos tatuadores me decían ‘no, vos no estás preparada’, eso me pasó un montón, sobre todo al principio. Ahora me lo tomo con humor. Le pasa a casi todos los tatuadores que recién empiezan. Está dividido entre los ‘old school’ y los que recién empiezan. Yo siento que se rompió ese mundo under que rodeaba a los tatuajes. Se expandió mucho más y se le sacó esa exclusividad a los under. Algunos de los tatuadores de la vieja escuela dicen que si no aprendiste a armar tu propia máquina o no aprendiste a soldar las agujas no aprendiste a tatuar. Están reacios a lo nuevo. O al menos así lo veo yo. Muchas veces las mujeres somos más detallistas en algunas cosas y eso es un plus a la hora de tatuar.
¿Y cuál es tu estilo?
Yo soy muy autoexigente, me gustan mucho los contrastes y la degradación de los grises, pero de una forma suave. Cada vez que se me presenta un trabajo nuevo trato de complejizarlo, por más que me traigan algo sencillo. Ahora me estoy dedicando a hacer trabajos grandes, eso siempre es complejo porque el diseño hay que adaptarlo al cuerpo, a la parte del cuerpo, a los movimientos. Eso siempre es un desafío.
¿Cuáles son los riesgos de tatuarse?
Siempre hay riesgos cuando se hace un tatuaje porque uno está introduciendo algo que es extraño para el cuerpo. Acá influye tanto cómo trabaja el tatuador, cómo se cuida el cliente y cómo reacciona el cuerpo. En cuanto al trabajo del tatuador es muy importante la bioseguridad. Hoy hay muchos cursos para los cuidados, incluso realicé algunos que incluían la realización de RCP, los seminarios tienen un muy buen nivel. Se aprende mucho sobre el cuerpo que eso es lo importante, entender qué pasa en el cuerpo cuando una tatúa. El tatuador tiene que saber si el cliente tiene algún tipo de afección para tener cuidados extras. Ser paciente, tatuar con calma, prestar atención a los detalles. Saber cuáles son las reacciones más comunes para poder hacer las recomendaciones al cliente. Hay reacciones que son normales y otras que no, por eso está bueno saber. La correcta limpieza, la hidratación no exagerada, no exponerse al sol, al polvo, tomar mucha agua, comer sano. Todo eso influye al momento de la cicatrización de un tatuaje. También hay parches dérmicos muy buenos para las curaciones, hay muy buenas cremas, todo eso influye en la expansión de los tatuajes. Para el cuidado y para las curaciones.
¿Cómo afecta la crisis económica a los tatuadores?
En estos ocho años que llevo como tatuadora, el 2025 fue el más difícil, pero pudimos sostenernos. Creo que cuando hay crisis la gente también necesita darse un lujo cuando tiene algo de plata. El tatuaje te genera algo especial, te levanta el aura. Por eso es importante ofrecer calidad y seguridad para que te sigan eligiendo. Tengo plena confianza de que cuando le ponés lo mejor de vos, no importa el lugar donde sea, vas creciendo. Poco a poco, siempre se crece.
Perfil
Brenda Tori
tatuadora, artista
Brenda Tori nació el 12 de mayo de 1988 en Eldorado, Misiones. Es pintora, dibujante, tatuadora y mamá de Felipe y Olivia. Además trabajó en el sector del turismo en Puerto Iguazú, donde también se recibió luego de estudiar la carrera de gastronomía. Estuvo a cargo del Centro Cultural Libertad Michel de Ganay Bemberg en Puerto Libertad, donde organizó varios eventos culturales como la primera feria del libro en esa localidad.