El nuevo desorden mundial
Esta semana en Davos comenzó a hablarse por primera vez con contundencia de que vamos hacia un nuevo orden mundial. Un orden que a esta altura se muestra más bien desordenado. La particularidad es que de esto están hablando desde tres sectores bien marcados y diferenciados. Y todos ellos están intentando armar el nuevo rompecabezas llevándose la parte más beneficiosa.
Argentina, por decisión del gobierno nacional, quedó embretada en el medio del lío, atada políticamente a una de las porciones, pero con compromisos y necesidades económicas con las demás. Todo esto con un presidente, Javier Milei, que sigue denostando a la política como herramienta.
De un nuevo orden mundial habla Donald Trump, imaginando un mundo con centro en los Estados Unidos, que oficiaría como una especial de súper sheriff que decide qué está bien y qué está mal, según le parezca y no según reglas preacordadas. Por otro lado están “las potencias medias”, entre las que se apuntan los países europeos, Canadá y quien se quiera sumar a este bloque. Sintiendo que Trump intenta el sometimiento pleno, plantean un mundo con centro en el Viejo Continente, que se siente a medio camino entre Asia y las Américas, basado en las mismas reglas que rigen desde la posguerra, pero con un regente menos opresor que Trump.
Y por otro lado está China, detrás de quien se esconde Rusia en busca de no perder protagonismo. China plantea imponer su superioridad desde lo económico, comprando materia prima y ofreciendo productos de calidad y bajo precio. Además de ayuda económica financiera e inversiones multimillonarias para países subdesarrollados.
¿Y Argentina? Argentina está en el medio del torbellino, con un gobierno que trata de hacer malabares entre lo que quiere y sueña y lo que necesita. Javier Milei se desvive por ser el mejor alumno de Donald Trump, aunque las teorías económicas que plantea el Milei libertario están muy lejos de las que está implementando el Trump proteccionista. Pero no importa, lo importante es la actuación pública. En la Casa Rosada presentaron como un gran triunfo y un espaldarazo “nunca antes visto” el hecho de que a Milei lo hayan sentado al lado de Trump para firmar el tratado del nuevo orden mundial con el que sueña el presidente de los Estados Unidos.
Todo esto se expuso esta semana en el Foro Económico de Davos, un encuentro del mundo financiero donde se trazan las líneas de discusión de la economía mundial, al inicio de cada año. Allí cada una de las partes marcó su postura para el armado del gran rompecabezas global. Mientras que Milei aprovechó para dar un discurso técnico, citando a sus amigos como si fueran eruditos de la filosofía económica planetaria. Además, como frutilla del postre, decretó la muerte de Maquiavelo, despertando una catarata de memes para ridiculizarlo.
Los desórdenes
La junta de la Paz fue rubricada sólo por dos países sudamericanos: Argentina y Paraguay. Y otros 25 países, de los cuales al menos 20 no son ni de cerca democracias liberales o electorales. Son Albania, Armenia, Azerbaiyán, Bahrein, Bielorusia, Bulgaria, Egipto, Hungría, Indonesia, Israel, Jordania, Kazakjistán, Kosovo, Kuwait, Mongolia, Marruecos, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Vietnam. Queda a la vista que las grandes economías europeas y asiáticas, además de Brasil como el gigante sudamericano, no adhieren a este modelo de nuevo orden mundial que plantea Trump.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, fue uno de los que mejor planteó la situación ante la que está el mundo. “El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, los países que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y más que ganar con una cooperación genuina. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestras bases y de actuar juntos”.
El canadiense fue la más contundentes de las voces que se levantaron en favor de un orden que tenga como centro a las “potencias medias”, que aliadas entre sí podrían hacerles frente a los caprichos de las grandes potencias, principalmente a Estados Unidos y China. En la misma línea se orientan los líderes europeos, que vuelven a soñar con un mundo europeocentrista, y que para eso desde hace décadas buscan fortalecer la Unión Europea y promueven asociaciones con otras regiones, como la impulsada con el Mercosur, que está en una etapa crítica buscando aprobación de cada uno de los países miembros.
En el otro extremo está China, que busca consolidarse como líder del nuevo orden mundial, cuando este desorden se termine. A diferencia de lo que pasaba en épocas de la guerra fría, en las que el comunismo soviético se presentaba como una fuerza que buscaba alineamiento pleno, en lo político y en lo económico, exigiendo sumisión.
China ahora juega un papel mucho más seductor. Un cambio de roles, mientras Trump exige alineamiento pleno e incondicional, desde el gigante asiático se ofrece apertura y condiciones equitativas, al menos en principio. “El mundo no puede volver a la ley de la selva, donde los fuertes se aprovechan de los débiles”, dijo en el foro de Davos el enviado de Xi Jinping. El funcionario del gobierno chino también indicó que “China está dispuesta a ser no sólo la fábrica del mundo, sino también el mercado del mundo”. Así, en lo discursivo, la propuesta china parece más favorable que la de Trump.
El desorden local
Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) publicó una nueva actualización de los indicadores de actividad comercial que muestran un patrón preocupante para el consumo interno argentino, especialmente en los canales de supermercados y autoservicios mayoristas, dos de los termómetros más sensibles de la demanda de los hogares. Los datos oficiales confirman que, más allá de cualquier celebración nominal por otras cifras agregadas desde la Casa Rosada, la presión sobre el consumo real persiste y se traduce en la retracción de la actividad comercial más cotidiana, con consecuencias directas para la economía real y el bolsillo de la población.
Según el informe del organismo estadístico, en noviembre de 2025, las ventas a precios constantes, descontando los efectos de la inflación, en los supermercados registraron una caída interanual del 2,8%, mientras que en la comparación mensual se observó un retroceso aún más marcado de un 3,8% menos que en octubre del mismo año. Estos números no son cualquier fluctuación pasajera, constituyen la peor baja del consumo masivo desde diciembre de 2023, y ubican a la demanda por debajo de niveles críticos que ya venían mostrando fragilidad durante gran parte del año pasado. Así, la acumulación de resultados negativos a lo largo de la segunda mitad de 2025 refuerza la idea de que el consumo interno sigue sin consolidar una recuperación sólida.
Los datos del Indec revelan además que la mejora nominal registrada en pesos no se traduce en mayor volumen de ventas reales. Esto significa que las cifras más altas en pesos responden principalmente a la inflación de precios y no a una mejora en la actividad de consumo. En otras palabras, no hay más productos vendidos, sino precios más altos que empujan el valor monetario de las ventas. Entonces ¿se le está ganando la guerra a la inflación?
Pero si la caída en supermercados ya es preocupante, la situación es aún más grave en el canal de autoservicios mayoristas, donde el Indec reportó una baja interanual del 8,3% en noviembre de 2025. En este caso, el acumulado de enero a noviembre también presentó una contracción importante de 7,7% respecto a igual período de 2024, indicando que el impacto no es puntual sino persistente en un segmento clave para abastecer comercios y pymes.
Además, la debilidad del consumo se reflejó en distintas regiones del país, con variaciones desfavorables en varias provincias, aunque con algunas excepciones aisladas.
La caída del consumo en supermercados y mayoristas es una señal evidente de que el orden macroeconómico que celebran desde la Casa Rosada no se traduce en una reanimación del gasto de los hogares. Con ingresos reales ajustados, inflación persistente en muchos precios clave y sin señales claras de mejora en salarios o empleo, la demanda interna continúa presionada. Este escenario tiene implicancias profundas, afectando la rentabilidad de los comercios, la sustentabilidad de las pymes, la generación de empleo privado y el dinamismo general de la economía, que depende en gran medida del consumo interno para sostener el crecimiento. Y con ello, también, las arcas provinciales y municipales por la caída de las recaudaciones.
Yerbateros en alerta
Hoy en la Argentina, salvo la minería, el sector energético, financiero y el complejo agroexportador, todas las demás actividades se muestran en baja. Casi paralizadas. En ese contexto, las principales actividades de Misiones viven un momento complejo. Desde distintos sectores como el turismo, el comercio, la construcción y el sector forestal se viene alertando de esto. También lo hacen desde el Agro, sector en el que ahora algunas actividades empezaron a dar un paso más en esos reclamos.
Son dos los sectores que están en alerta en este momento. Por un lado el sector tabacalero, donde hay sectores de la producción que no están conformes con los precios que se están pagando por la materia prima, y pretenden detener el acopio hasta acordar mejores valores. Por otro está el sector yerbatero, donde el golpe de las medidas del gobierno nacional fue más duro, ya que se desreguló la actividad y se dejó a la buena de Dios, o de los cinco grandes del sector, a los productores.
Esta semana, en un encuentro en Campo Viera, los productores decidieron exigirle al Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym) que vuelva a fijar un precio para la materia prima. Algo que el Inym no puede hacer, hasta tanto el superministro desregulador Federico Sturzzeneger y el presidente Javier Milei, le devuelvan esa facultad. Así, lo más probable es que en 15 días, cumplido el plazo que propusieron los productores para esperar respuestas, se inicie un paro de yerbateros y no se levante la cosecha en Misiones.
Tratar de contener el desorden
La situación de la yerba se repite en otras actividades, y a esta altura ya todos los motores de la economía de Misiones están sintiendo el golpe de las políticas que implementa el gobierno nacional, sin pensar en cómo amortiguarle el golpe a quienes más se resienten. Por eso, la contención de los damnificados por estas políticas pensadas para un puñado de argentinos recae en los gobiernos locales. Gobiernos que, con escasos recursos, por la caída de las recaudaciones y por el incumplimiento del gobierno nacional de las promesas realizadas en los últimos tiempos.
Para la contención, los gobiernos locales despliegan distintas estrategias. Algunos distritos no pudieron pagar el aguinaldo y otras se endeudaron. En el caso de la tierra colorada la idea que se viene viendo con más claridad en las últimas semanas es la de un gobierno activo y en territorio. Como primer paso de esto comenzó semanas atrás un recambio que incorporó a la gestión de Hugo Passalacqua nuevas figuras, con más energía y segundas líneas activas en el territorio.
Estar en territorio no es solamente ir a un barrio a escuchar necesidades, y resolverlas, es también entender lo que le pasa a cada sector y buscar una solución inmediata. Así surgió una política de alivio fiscal con prórrogas, bonificaciones, regímenes de regularización, descuentos por pago anual y beneficios para profesionales e incentivos a la actividad. Son herramientas que no cambian la macro nacional, pero ayudan a que el impacto sea menor en hogares, comercios e industrias. Lo mismo ocurre con la continuidad de programas de estímulo al consumo como los Ahora, que representa un esfuerzo económico importante para el gobierno provincial. Son medidas con un denominador común, intentar que el ajuste no termine siendo una caída libre.
Así, este mundo desordenado que busca un nuevo orden para su geopolítica, nos encuentra a los argentinos en una situación de crisis microeconómica, con un gobierno que celebra solo los pocos logros que consigue en la macroeconomía. Una macroeconomía que depende mucho de ese desorden mundial, que de un momento a otro puede derrumbarla. Mientras tanto, en las provincias hacen malabares para contener a sus vecinos, a los que cada vez se les hace más difícil llegar a fin de mes.
Al final, mientras en Davos se discute quién ordenará el mundo y en la Casa Rosada se celebra un orden macro que sólo existe en los discursos, la realidad avanza por otro carril. El consumo cae, las provincias ajustan con bisturí mientras tratan de contener y el desorden global se cuela en la mesa de los argentinos. Argentina juega a alinearse en un tablero que no controla, mientras intenta sobrevivir a una economía que no arranca. Mucho nuevo orden mundial, pero poco orden para que los argentinos puedan llegar a fin de mes.