2026-01-18

Un flagelo que atraviesa a Oberá

Crudo relato de la madre de un menor adicto a la pipa

Su hijo tiene 15 años y comenzó a consumir con la junta del barrio. Ya tuvieron que mudarse por amenazas de los vecinos

“Mi hijo me roba todos los días para drogarse”, aseguró P. Contó que tuvo que mudarse porque los vecinos la amenazaron con quemar su casa por el accionar del chico

J. F. tiene apenas 15 años y un largo listado de enemigos a causa de su adicción a la “pipa”, el flagelo que arrasa Oberá. Ya son incontables los testimonios que dan cuenta del avance del paco o pasta base que se propaga de manera descontrolada y suma víctimas cada vez más jóvenes.

“Hace un rato llegó y se fue a fumar la pipa atrás de un árbol. Es desesperante. Mi hijo me roba todos los días para drogarse”, reconoció P., el viernes por la tarde.Lamentó que la angustia opaque su vida por la situación de J. F., el mayor de tres hijos que cría sola.

En diálogo con este medio, contó que el más grande cayó en la adicción desde muy chico, al punto que lo expulsaron de la Escuela 184 de San Miguel cuando cursaba cuarto grado.

“Tenía muy mal comportamiento y llevaba porros a la escuela. Empezó con eso, con la junta del barrio. Pero todo empeoró con la pipa. Nosotros nos tuvimos que mudar de San Miguel porque les robaba a los vecinos y llegó un punto en que me amenazaron con quemar mi casa”, comentó.

En ese contexto, explicó que intervino una asistente social de la Municipalidad de Oberá que le recomendó que se muden al Kilómetro 18, una zona más rural, donde reside el papá de P.

La idea fue alejar al menor del entorno nocivo del barrio San Miguel, pero en realidad nada cambió porque el chico buscó la manera de conseguir sus dosis.

“Mi hijo llama Didi o remís para buscar la droga en San Miguel, y para colmo cuando vuelve, no paga y me exigen a mí. Ya no tengo de dónde sacar plata para afrontar sus deudas”, mencionó.

Otro aspecto que la atormenta es que sus hijos más chicos, de 5 y 2 años, comenzaron a absorber la conducta del mayor.

Al borde del llanto, clamó: “Necesito que me ayuden con él, que lo internen, pero el juzgado me pide mil papeles y cada vez se pone peor, más agresivo. Ya no puede estar acá, es mala influencia hasta para los hermanitos. Ellos cuentan ‘mi hermano pipea’, lo ven cuando se droga”.

Según P., la última vez que indagó, supo que el gramo de paco se cotiza en 8.000 pesos, una suma que el menor requiere a diario. “Me roba hasta las ropitas de los hermanitos, la mercadería, todo. La Policía y la Municipalidad también están al tanto de la gravedad del caso, pero nadie me ayuda”, reclamó.

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