2026-01-14

Carlos Perticarari (84) es ingeniero agrónomo jubilado

De aprobar permisos para tala a ser el impulsor de la Reserva de Biósfera Yabotí

Fue un visionario y creó el pulmón verde más importante del país, que cuenta con más de 236 mil héctareas entre San Pedro y Guaraní. También contribuyó con el Paso Rosales

Carlos Perticarari (84), nacido en Buenos Aires, es el ingeniero que impulsó el proyecto de la Reserva de Biósfera Yabotí, nada más y nada menos que uno de los principales pulmones verdes del país. Hoy jubilado, tiene la grata satisfacción de sentarse bajo una sombra y sentir que con cada brisa la naturaleza; al igual que todos los misioneros, le dicen gracias. Esa gratitud pasa a ser casi simbólica ante todo lo que representa, aporta a la biodiversidad y a la humanidad, el proyecto de reserva; una superficie de 226 mil hectáreas entre el departamento de San Pedro y Guaraní.

Un hombre que, desde su llegada a San Pedro hace más de 40 años, observó la explotación de la madera nativa de manera muy cercana porque su profesión le delegaba la tarea de aprobar los permisos para la tala que, ante la abundancia de hace unas cinco décadas, no generaba preocupación. Estuvo relacionado a varios proyectos importantes para el municipio como el de la reparación histórica, Paso Rosales. Es uno de los ingenieros más reconocidos, por su trayectoria privada pero particularmente por su invaluable aporte para la creación de la Reserva de Biósfera Yabotí.

Perticarari se recibió como ingeniero agrónomo en la Universidad de Morón, provincia de Buenos Aires, en 1969. En 1970 se radicó en Misiones. Sus 55 años de trayectoria se dividen en tres etapas: Una dedicada a la agronomía, la segunda la actividad forestal que de Montecarlo la trasladó a los obrajes en El Soberbio y la tercera, dedicada al área ambiental y la ecología.

¿Cómo llegó a San Pedro desde Buenos Aires?

En el año 1977 yo empecé haciendo unos trabajos acá en San Pedro y a partir de esa fecha me radiqué definitivamente. Incluso dejé de trabajar allá cerca del Moconá y trabajé con la empresa de Basilio Domanski, de San Pedro, que hacía terciados, estaba en plena expansión, se trabajaba 24 horas por día. Ahí, cuando el propietario no estaba, yo quedaba a cargo de todo. Dejé también esa actividad, estuve un año trabajando para la Municipalidad de San Pedro, así fue mi llegada.

¿Qué aporte realizó usted en ese entonces para la creación del puente internacional Pepirí Guazú, conocido como Paso Rosales?

En ese ínterin se hizo el puente que vincula Paso Rosales. Tuvo muchas dificultades ese puente, estaba ya el intendente Luis Castro, entonces yo tuve que hacer todo un estudio geoeconómico para fundamentar una vez que estuvo hecho, porque incluso lo querían hasta dinamitar ese puente. Pero al final las aguas se aplacaron y ese puente se pudo habilitar hasta el día de la fecha.

Al estar en un municipio donde para los años 80 había muchos inventarios forestales, grandes propiedades, planes de explotación, ¿en qué momento comenzó a cambiar su visión sobre la selva misionera?

En el año 88 ingresé al Ministerio de Ecología en San Pedro y ahí empezó a cambiar mi visión sobre la selva misionera, sobre el ambiente, sobre la ecología. Estuve hasta el año 91, cuando fui trasladado a Montecarlo, como primer secretario técnico del Centro Tecnológico de la Madera, el CTM, que era un convenio con una institución alemana, estaba en construcción, y yo era el nexo entre el Ministerio de Ecología y la construcción, hasta que se inauguró y se hicieron los primeros cursos y luego renuncié. Fueron varios años entre la actividad privada, la estatal, un tiempo en el Ministerio de Turismo, en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) con el programa Cambio Rural y una intensa actividad como profesor en escuelas de nivel superior de varias localidades y en especial en la carrera Técnico Universitario en Guardaparque y en 1998 volví al Ministerio de Ecología, que junto a la educación fueron mi trabajo hasta que me jubilé en el 2022.

Dentro de su vasta trayectoria, ¿en qué momento surgió crear el proyecto de la reserva de la Biósfera Yabotí?

Acá en Misiones, en el año 62 o 63, el gobierno que estaba en ese entonces, que no me acuerdo quién era, hizo un relevamiento aerofotogramétrico de toda la provincia. Nuestra visión total de los montes misioneros era muy parcial. El año 88, cuando yo ingreso al Ministerio de Ecología, se incorporó todo el sistema de imágenes satelitales, llamado Sistema de Información Geográfica (SIG) o satelital. Nos hicieron hacer cursos para manejar todas las computadoras, todo el sistema, y en ese año hubo un giro de 180 grados de la visión que se tenía sobre la selva misionera. Por primera vez podíamos verla desde el espacio, en tiempo casi real.

Además, en 1972 las Naciones Unidas, en Estocolmo, organizan la primera reunión mundial sobre el medioambiente. Vino una ola conservacionista, de preservación de la naturaleza muy importante. Impactó fuerte en Misiones y ahí se empezaron a crear muchos parques provinciales. Y acá, concretamente, en San Pedro, había un grupo de personas que estaban extremadamente preocupados por esa situación, se hacían reuniones, debates. Porque se veía que lo que antes era monte, al año siguiente ya estaba desmontado.

En el 88 se liberaron todas las zonas fiscales y San Pedro tuvo una explosión de colonos que venían acá a instalarse. Venía un promedio de cinco familias por día, ocupando todas las tierras disponibles. Entonces ese grupo que se reunía en lo que era el aserradero de Durañona, me encargaron a mí hacer algo. Yo hice el proyecto para crear la Reserva de la Biósfera Yabotí, que en total tiene 236 mil hectáreas. Ese proyecto estuvo dos años en un cajón hasta que en ese entonces el intendente Castro hizo todas las gestiones hasta que se aprobó y convirtió en ley, precisamente el 26 de agosto de 1993, mediante la sanción de la ley provincial 3041.

¿Cuál ha sido el principal desafío al momento redactar y obtener la información necesaria para lograr la argumentación y aprobación del proyecto de la reserva?

Lo más difícil que me tocó fue recabar los datos exactos de la flora, la fauna, sobre las propiedades, pensar qué iba pasar después. Me llevó más de seis meses porque todo fue acompañado por planos de suelo, de altimetría, de caminos, de cómo estaba el monte, eran más de diez tipos de planos hechos a mano. Fue bastante complejo porque no era como ahora, que vas a la IA y te contesta cualquier cosa, había que ir a los libros, a terreno, a campo. 

¿Por qué un sistema de reserva de biósfera?

Porque se trata de un sistema que va de la mano con la realidad económica de esta zona, de este municipio. Yo luego de estudiar respecto a las distintas categorías de áreas protegidas, determiné que lo ideal para que la economía siguiera funcionando era una reserva de biósfera, que hay docenas en el mundo. Dije lo que hay que preservar es esta porción geográfica de Misiones, que todavía tiene selva, teniendo en cuenta que la reserva de biósfera tiene la característica de que se puede hacer explotación de monte, pero sin hacer conversión. Entonces la gente seguía explotando con la ventaja de que no estaban exentas, hasta el día de la fecha, de los impuestos inmobiliarios y municipales. Cuenta con un área núcleo y las áreas podemos decir de amortiguación, donde se pueden realizar ciertas actividades productivas.

¿En qué condición de conservación se encontraba la selva misionera? ¿La implementación del sistema SIG provocó alerta?

Lo que se notó era muy simple, la población de Misiones se duplicó en 50 años, todas las áreas verdes se achicaron a la mitad concretamente, eso fue lo que más impactó. Lo que uno creía que había monte ya no existía más. Todo lo que era la ruta 14 y 12 quedó desmontado a ambos lados. La provincia quedó dividida en dos. Las áreas de selva desde el 62 al 82 se redujeron drásticamente, el 50% prácticamente.

Para revertir un poco esa situación, ¿cuál es el manejo de la reserva Yabotí en cuanto a explotación?

Es sencillo. Dentro de la reserva de biósfera están el Parque Esmeralda, el Parque Moconá, la reserva de la Municipalidad y dos parques más, eso es intangible, pero todo lo demás es propiedad privada y la única restricción que tienen es que no puede hacer reconversión. Pueden seguir explotando de acuerdo a las leyes y normativas vigentes. En San Pedro hay una oficina que se dedica exclusivamente a la administración de la explotación de la reserva, donde aprueban y hacen las inspecciones. Funciona al lado de la oficina del Ministerio de Ecología.

¿Se cumple la ley dentro de las propiedades privadas?

Sí, se cumple. Totalmente, porque hoy con todas las tecnologías es muy fácil detectar las anormalidades. Con los satélites lo que pasa en el monte lo podemos saber en tres días. Existen plataformas satelitales que cada quince días pasan por el mismo lugar. Es posible observar lo que pasa con una precisión métrica en cada propiedad. Además, el Ministerio cuenta con personal altamente capacitado. Creo que el control es casi 100%.

Dentro de la reserva de biósfera existen comunidades mbya guaraníes. ¿Cómo aportan a la conservación?

Pienso que bien, porque se han adaptado bien. Hay varias comunidades, hay una que tiene una entrada visional por sus actividades turísticas. El turista los visita, ofrecen comidas típicas, escuchar cantos, incluso pasar la noche porque cuentan con cabaña, eso en la zona de Papel Misionero.

¿Cuál es el estado de conservación de la Reserva de Biósfera Yabotí? ¿Se cumple con el objetivo por el cual se creó?

Desde la creación de la reserva hubo una recomposición en la estructura de la selva notable. Muchas propiedades han dejado de explotarse y ahí la selva y fauna se recomponen rápidamente, eso es positivo. Se cumplió con el objetivo y se sigue cumpliendo.

¿Considera necesario realizar alguna reforma al proyecto?

Hoy hay mucho interés en la reserva con lo del bono de carbono, quizás sea bueno informar sobre el tema. Por ahí ampliaciones. Ha habido reintroducciones de yaguareté en la biósfera, creo que no hay mucho más por modificar.

En una zona ampliamente agrícola, ¿qué diría sobre conservar y cuidar el medioambiente?

No es fácil esa respuesta. Una cosa es conservar, otra es preservar. Un productor que tiene su yerba, su ganado, lo que puede hacer para la conservación de la naturaleza es conservar el suelo, el agua y los remanentes de bosque que tiene. Ahora, si uno quiere conservar la fauna, necesariamente sí o sí tiene que conservar la selva, no hay otra solución. El 52% de la biodiversidad del país está representada en Misiones, el mensaje que se puede dar es todas las áreas protegidas, protegerlas y todas las áreas productivas tornarlas agrológicamente productivas principalmente la conservación del suelo.

La caza furtiva es una grave problemática en esta zona. ¿Cómo cree que se puede controlar y generar conciencia?

Es un tema cultural. Hay que ir trabajando culturalmente. La gente tiene armas, lo toman como una aventura. Desgraciadamente son delitos que la única pena que tienen es una multa. Nadie va preso por cazar un pájaro o un animal menor. Hay que trabajarlo desde la escuela primaria y con el control, con severo control y modificar la ley, que sean punibles, que la gente vaya presa.

¿Impacta la pérdida de un animal con la característica que tiene la biodiversidad en la selva de Misiones?

En la provincia tenemos un problema que es característico. Tenemos mucha biodiversidad, pero pocos animales por especie. Entonces, cuando se pierde un animal la pérdida es realmente grave, diferente o lo que ocurre en Corrientes, por ejemplo. 

¿Impactaría en la conservación de la reserva si se pavimentará la ruta provincial 21?

 Todo lo que sea ruta a la naturaleza le hace mal. Es una barrera a medias porque se ha estudiado que si de ambos lados hay monte, los animales pasan. Si sólo de un lado hay selva y del otro un yerbal, no cruza, por eso hay tantos atropellamientos cerca de Puerto Iguazú, porque hay selva de ambos lados. Ni malo ni bueno, si se asfalta y se hace pueblo está mal, pero si se hace un control, no habría tanto problema y sería otra entrada accesible al parque del Moconá.

¿Qué significa haber sido el autor de un proyecto que tanto aporta a la provincia en términos de conservación?

Me siento complacido por haber hecho algo por el pueblo que me dio todo en realidad. Acá vivo desde hace más de cuarenta años. No hay palabras para responder todo lo que eso significa. Me siento satisfecho de haber aportado algo de mis conocimientos a la comunidad, que posiblemente perdure después que me muera.  Veo como algo que se pudo concretar. Feliz. Y espero que todos los avances, esa conexión instantánea, esa cultura de lo rápido se pueda volcar a la naturaleza. Pienso que sí.

¿Por qué Yabotí fue el nombre escogido para la reserva de biósfera?

Cuando hice el proyecto había que ponerle un nombre. Entonces el nombre más apropiado era el del arroyo principal que está en la reserva que es el Yabotí, que es el nombre en guaraní de una tortuguita de agua que habita en ese lugar. Es un nombre local.

Perfil

Carlos Perticarari
Ingeniero Agrónomo
Carlos Perticarari tiene actualmente 84 años y está jubilado. Se recibió en la Universidad de Morón en Buenos Aires de Ingeniero Agrónomo en 1969. En 1970 vino a trabajar a San Pedro Misiones. Trabajó en el sector privado y también en el público. Fue parte del Ministerio de Ecología y docente.

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