2024-11-30

“El guaraní es la lengua de nuestro ser espiritual”

Juan Ramón Fariña es estudioso y difusor de la lengua y la cultura guaraní, por solicitud de la Asociación Cultural Iberoamericana, de España, estuvo al frente de la traducción de “Platero y yo”. En esta charla señaló que aún se discrimina esta voz, aunque celebró que se la está revalorizando

El guaraní “es un bellísimo idioma y es todavía más que eso, es una manera de vivir y de conectarse con los otros y con la naturaleza. Es cultura, historia, memoria viva de nuestros ancestros. Es la lengua de nuestro ser espiritual”, reflexionó Juan Ramón Fariña, estudioso del guaraní e incansable difusor de la identidad de esta tierra fronteriza.
El comunicador e investigador misionero lideró la traducción al guaraní de Platero y yo (1914), imprescindible texto del poeta español Juan Ramón Jiménez, que en esta reciente versión en lengua americana se titula Platero Ha Che y tuvo su presentación oficial en la Feria Internacional del Libro de Villa Carlos Paz a comienzos de noviembre y a cargo de Jaime de Vicente Núñez, presidente de la Asociación Cultural Iberoamericana (ACI).

En un nuevo espacio de Charlas con El Territorio, Fariña, relató que el proyecto de traducir las aventuras del pequeño Platero y su amigo por los pueblos rurales de Andalucía constituyó una iniciativa de la ACI con sede en Huelva, España, y en colaboración con la Secretaría de Cultura de la Provincia de Misiones, entre otras instituciones.

Oguereko kuarepotiatã. Kuarepitiatã ha jasy kuarepotiti oñondive, describió en la voz de este suelo al adorable burrito. Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo”...

El especialista contó que todavía no pudo tener en sus manos la publicación editada en forma bilingüe guaraní-español, aunque la previsión es que pronto arriben algunos cientos de ejemplares a la tierra colorada y que se distribuirán en escuelas y bibliotecas.

“Joselo Schuap (titular de Cultura) confió en mí para esta tarea y lo hice con gran amor y emoción de llevar al guaraní esta obra de la literatura universal. En cada cosa que pueda hacer para aportar a difundir el guaraní yo pongo todo el corazón y fue fundamental la colaboración de mi maestro Ignacio Báez”, expresó en una entrevista en su casa de Candelaria, en la que también enfatizó acerca del guaraní como patrimonio inmaterial que resiste a las épocas y que en este presente renace el interés de la sociedad por entenderlo, hablarlo y escribirlo.
“No es cierto que sea difícil aprender el guaraní, eso tiene bastante de mito y la verdad es que en el día a día usamos palabras en guaraní, todos sabemos al menos algunas palabras sueltas”, aseguró.

¿Habla el guaraní desde siempre, desde chico, o cuando se encontró con el idioma?
Yo estudié y me capacité y estoy adelantado en el estudio de la lengua guaraní y sigo estudiando, investigando, pero no soy profesor, yo prefiero decir que soy un estudioso del idioma y la cultura guaraní. Como muchos misioneros, sobre todo de este lado de la frontera sobre el Paraná, nací en Santo Pipó y me crié en Posadas, en mi familia hay ascendencia paraguaya. Soy hijo de don Lucio Fariña Ortiz, paraguayo él, e hijo de doña Martina Ayala, argentina ella. Y bueno como cualquier otro posadeño yo veía todo lo guaranítico como algo extranjero. Mi conexión con el idioma, con la cultura guaraní fue a partir de los 34 años de edad por trabajo. Yo no sabía hablar una palabra en guaraní, o sea sabía palabras sueltas, pero no sabía conformar una oración. Cualquier posadeño alguna vez habrá dicho o escuchado yaguá, pirapiré, pero hablar es otra cosa. Mi papá hablaba el guaraní a escondidas, como la gran mayoría de la gente de mi edad (tengo 66 años), nuestros padres no permitían que hablemos ni una sola palabra guaraní, porque esa era la norma de la sociedad, aunque no estaba escrito en ninguna parte. Se acallaba todo ese lenguaje y esa identidad. Yo digo que más que encontrarme con el guaraní, me encontré conmigo mismo, con el guaraní que soy.

Es una historia compartida por muchos en la región esto de tener los padres, los abuelos, que hablaban en guaraní pero como en secreto, en confianza, pero para ellos, no querían que los más chicos sepan…
Es que sí, había como una vergüenza, una discriminación también, y eso hizo que esa lengua que también es nuestra, en muchos casos no la aprendimos en casa de criatura. Yo, como te decía, empecé a estudiar el idioma por una necesidad de comunicarme por una cuestión laboral, porque me fui a vivir a Asunción. Y en ese tiempo comencé a trabajar como vendedor de productos veterinarios viajando por el interior de la República de Paraguay, y tenía que recorrer las zonas rurales, llevar los productos a los agricultores, a los productores campesinos y ellos hablaban en guaraní, y yo entendía pero no hablaba y no les podía decir “entiendo pero no hablo” y así comencé a estudiar y se me abrió un mundo nuevo, pero un mundo que no me era ajeno porque era parte de mi identidad.

¿Y cuándo fue que empezó además de hablar en guaraní por su trabajo a investigar y difundir la cultura guaraní?

Y al estudiar el guaraní e incorporarlo, me encontré con una magia, una sensación tan hermosa y comprendí que yo era tan guaraní como cualquier otro paraguayo o como cualquier otro brasileño del sur o correntino o misionero o entrerriano. Yo en mi vida siempre fui un poco autodidacta y de querer saber un poco más, en la escuela por ejemplo no me quedaba solo con lo que me enseñaban, tenía esa curiosidad por saber más e investigaba. Y con eso que es mi personalidad, fui un poquito más allá también con el guaraní, y me encontré descubriendo que muchas palabras que utilizamos vienen del guaraní, que muchos nombres toponímicos en Argentina son en guaraní y tienen un significado que desconocemos. Así podemos decir que en Buenos Aires está la famosa Pehuajó, que la ciudad de Curitiba en Brasil también tiene origen guaraní. Eso me llamó muchísimo la atención y empecé como sin quererlo a transitar por este camino de la investigación. De eso hace ya más de 30 años y sigo, y hoy por hoy ya fui parte de muchos talleres, charlas, capacitaciones, programas de radio y televisión, traducciones, compartiendo con la gente lo poquito o lo mucho que he aprendido hasta ahora. Con el guaraní conocí muchísima gente, tuve charlas hermosas, hice grandes amigos, se me abrieron muchas puertas, encontré en este camino a muchos visionarios que me impulsaron en esto de difundir la cultura de nuestros pueblos. En casa inculcamos a nuestras hijas que aprendan el guaraní como una herramienta pero también como parte de la identidad.

¿Todavía hoy encuentra una barrera o una resistencia al guaraní, como pasaba cuando era chico?
En realidad muchas cosas cambiaron un poco para bien, antes, hace muchos años atrás, en la escuela te podían castigar por hablar en guaraní eso pasaba hasta en Paraguay. Y eso hoy no sucedería, hay escuelas bilingües y hay escuelas en nuestra provincia que dan espacio para aprender la lengua y la cultura guaraní, la historia, la gastronomía. A mi me han invitado a dar talleres para los estudiantes y cantamos las canciones infantiles en guaraní y les gusta mucho a los niños, a los docentes, a los padres. Pero a su vez, es cierto que también hoy mismo y acá, si me escuchan hablar en guaraní, porque a veces lo primero que me sale es hablar en guaraní, me preguntan “¿usted es paraguayo?”. Y les digo no, yo soy guaraní. Y pasa que la gente quizás tiene vergüenza o tiene miedo o desprecia hablar en guaraní porque siente que de alguna forma deja su pertenencia como argentino. Y no es así, yo soy tan argentino como cualquier hijo de esta tierra, he sido soldado, juré defender la patria con mi vida. Soy argentino y soy guaraní. Entonces mi cultura, mi lengua, mi espíritu es guaraní y cuando uno recibe ese impacto que nace de adentro siente esa felicidad. El guaraní es un bellísimo idioma y es todavía más que eso, es una manera de vivir y de conectarse con los otros y con la naturaleza. Es cultura, historia, memoria viva de nuestros ancestros. Es la lengua de nuestro ser espiritual.

¿Cómo es esa conexión espiritual desde el lenguaje?
Es algo que mucha gente no entiende y en parte es porque no tiene una explicación desde la razón, digamos. Uno escucha un chamamé y sin que le guste quizás el chamamé particularmente, sin entender las vibraciones de esa melodía, le hace un cosquillero en su interior y le sale esas ganas de pegar un sapukái, palabra guaraní que es un grito fuerte, una llamada, una manera de decir “estoy acá” que tiene el espíritu de uno. Y no se necesita beber o consumir nada para que eso te nazca. Porque conecta con la espiritualidad. Estamos compuestos de lo material que es el cuerpo y de lo inmaterial que es lo espiritual, que eso no se ve, no se puede probar con un estudio científico. Hoy de un cabello te haces un ADN y vas a saber tu origen, pero está ese ser espiritual que no sabemos de dónde nos viene y que solamente se siente y se percibe y solamente cuando uno profundiza y busca conocerse logra comprender. Esto que digo no hay nadie que lo pueda afirmar con un resultado, con un comprobante, pero tampoco se lo puede negar y, a mi me basta con eso.

¿Cómo le llegó la propuesta de traducir “Platero y yo” y qué desafíos se encontró en el proceso de llevar la obra al idioma guaraní?
Yo hice varios trabajos de traducción, lo que tiene el idioma guaraní es que al estar presente en una región tan amplia te conecta con mucha gente. Así conocí al escritor Pedro Solans que me contactó con la Asociación Cultural Iberoamericana, que es una institución que está en España y promueve la unión de las naciones a través de la cultura, y como tiene asiento en Huelva, donde queda la ciudad de Moguer, lugar de nacimiento de Juan Ramón Jiménez, también impulsa la vigencia de su obra. Y hay un proyecto de traducción a las lenguas originarias de América. En síntesis, todo esto me llevó a concretar este trabajo de la traducción de esta joya de la literatura universal que es Platero y yo. Joselo Schuap confió en mí para esta tarea. También tengo que aclarar que fue un trabajo que me encomendaron, no es que fue una iniciativa mía, por eso corresponde a quién lo encargó.
Y me preguntabas por cómo fue el trabajo de traducción. Acá sí hubo desafíos, porque no es que se traduce literalmente palabra por palabra. Estamos hablando de una obra poética que tiene muchísimas imágenes y que también está escrita de una forma en que hoy ya no se habla, muchos términos ya no se usan. Es un libro de comienzos del siglo XX y tiene un uso lingüístico que no es actual. Entonces primero hay que reducir el texto o cada pasaje a su mínima expresión en su idioma original que es el castellano y recién ahí entender el sentido y llevar la traducción. Fue una tarea grande, en un momento me tenía día y noche sentado frente a la computadora con mi mate hasta que clareaba. Trabajamos casi un año así, fue durante la pandemia, en casa mi gente dormía y yo estaba trabajando y conectado virtualmente con mi maestro, que es un gran arandú, que es un gran sabio, el profesor Ignacio Báez del Ateneo de la Lengua y Cultura Guaraní de Buenos Aires, que sin su colaboración, sin su ayuda, yo no podría haber hecho este trabajo. Y este no es un logro personal, sino que es un logro del idioma y la cultura guaraní, porque nosotros estamos de paso, y las palabras en guaraní quedan a través de los tiempos.

¿Piensa que va a llegar un día en que como parte de este territorio nos reconozcamos en la lengua y la cultura guaraní?
Bueno, yo soy un soñador y somos muchas las personas soñadoras que nos dedicamos como a poner en valor lo nuestro. En tantos años de trabajo alguna gente ya me conoce por mi amor por la cultura guaraní y conoce mis programas de radio y televisión, tuve programa en Paraguay y en Misiones en Canal 12, estoy en Radio LT17 hace años, en Candelaria también. Hoy incluso algunos por iniciativa propia me saludan en guaraní y eso me llena el alma; porque detrás hay mucha lucha, tanta discriminación que sufrieron mis hermanos, mis mayores, y hoy se está reivindicando y se está poniendo en valor para el conjunto de la sociedad esta lengua que es americana. Sueño con que en algún tiempo se salude indistintamente en guaraní o en castellano y todos podamos entendernos. Pensemos que somos cultura, la palabra es el sonido del alma, y podemos articularla a través de cualquier idioma que hablemos. Pero la identidad siempre aflora, el tavarandu, el folclore (que es una voz anglo), se expresa a través de la música, el baile, cierta forma de ser, la comida, las costumbres. El misionero dice “me duele mi cabeza” y el correntino dice “¿qué tal pachamigo?”, “pero lindo de más”. Están hablando con palabras en castellano, pero la estructura de esas expresiones es guaraní. Y eso es una muestra de que el guaraní está presente y qué lindo es abrazar nuestra identidad.

 

Perfil

Juan Ramón Fariña

Estudioso de la lengua y cultura guaraní, comunicador, difusor    

Nació en Santo Pipó en 1958, de niño se mudó con su familia a Posadas. Se radicó un tiempo en Paraguay donde estudió el idioma guaraní y actualmente vive en Candelaria. Hace 30 años investiga el idioma y la cultura guaraní y desarrolla acciones para su preservación y difusión. Es traductor, comunicador, músico, guitarrista, compositor. Desarrolló diferentes ciclos de radio y TV relacionados a la transmisión del guaraní. Desde 2011 conduce “Guarani Tavarandu” en LT17 Radio Provincia de Misiones. Da charlas, conferencias, talleres. Integra el Equipo de Alfabetizadores del Idioma Ava ñe’eẽ“Toikove Guarani” en el  Programa Nacional de Alfabetización Guaraní de la  Regional Ytusãingo del Ateneo de Lengua y Cultura. 

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