Black Amaya se lanza como solista y recuerda a Pappo
A 50 años de la edición del recordado homónimo primer disco de Pappo’s Blues, el proyecto con el que el genial guitarrista inició su carrera solista, Black Amaya, baterista en esa formación original, recordó que gran parte de las composiciones que lo conformaron “fueron terminadas en el mismo estudio”, debido a que la modalidad de trabajo se basaba fundamentalmente en las improvisaciones.
Desde San Luis, en donde reside desde hace varios años, y en medio de proyectos que incluyen un nuevo disco y un libro de memorias, Black Amaya rememoró el breve pero determinante período que compartió con Pappo, y que le abrió el camino.
¿Cuáles son los primeros recuerdos que aparecen de esa grabación?
-Lo primero que se me cruza por la cabeza es que Pappo mostraba los temas en los ensayos, cuando zapábamos, y los terminaba cuando grababa. A veces me pasaba los temas en el auto mientras íbamos al estudio. Me los cantaba ahí. David la otra vez se acordaba que en una de las sesiones a mí se me rompió el parche del redoblante, lo di vuelta y seguí tocando. Era así. Pappo se largaba a tocar, se metía en su viaje y nosotros lo teníamos que seguir como sea. Y lo otro que recuerdo es que Pappo era muy tímido. Tenía 20 años. En esa época hablaba poco, pero cuando lo hacía, te hacía reír. Entonces, cuando tuvo que grabar las voces, nos fuimos del otro lado de la pecera, donde está la consola, y vimos que estaba tapando el vidrio con los paneles que hay en los estudios de grabación. Era para que los técnicos no lo vean cantar porque le daba vergüenza.
¿Cómo se dio tu ingreso a Pappo’s Blues?
A los 17 años, tocaba en una banda que se llamaba Las Piedras, con la que hacíamos temas de Los Rolling Stones, y el guitarrista era Héctor Starc. Yo no tenía mucha pinta de rolling stone porque tenía el pelo corto, porque mi vieja no me dejaba usarlo largo. Héctor siempre me llamaba y me presentaba a alguien, y así un día me invitó a la casa de Pappo. Me acuerdo que estaba en pijama porque estaba enfermo y que en la cocina estaban tomando mate Miguel Abuelo, Pomo y todos los que eran Los Abuelos de la Nada. Ahí me hice amigo porque vivía a unas 20 cuadras de ahí. Hasta que una vez estábamos tocando en Mar del Plata y él también estaba con Los Gatos. Cuando podía se escapaba y nos venía a ver. Y una noche me dijo: “Cuando volvamos a Buenos Aires, llamame porque voy a grabar mi primer disco”.
También era tu primer disco...
Claro. Yo estaba enloquecido. Se lo quería mostrar a mi viejo porque él quería que yo trabajara. Porque yo no quería estudiar ni nada. Quería tocar. Pero después terminó yéndome a ver a los shows, con el papá de Pappo, los dos de traje. Eran tangueros pero estaban orgullosos. A partir de ahí también conocí a (Luis Alberto) Spinetta. Muchas veces zapamos los tres, con El Flaco en el bajo, y así surgió la invitación para tocar en Pescado Rabioso.
Además, en la contratapa había una foto de los tres...
Esa foto la hicimos con (José Luis) Perrota en una casita que hay arriba de los edificios que están enfrente del obelisco, atrás de los carteles de publicidad. Nos dijo que vayamos con un bolso con ropa que tengamos. Yo no tenía mucho. El tema es que, de casualidad, los tres habíamos llevado para ponernos remeras rayadas. Así que salimos los tres iguales como si lo hubiéramos planeado de antemano.
¿Cómo fue el debut en la banda?
Tocábamos en el Teatro Pueyrredón de Flores y yo me hice hacer un chaleco negro con cordones y unas muñequeras con correas, además de ponerme una gargantilla que me habían regalado. Me las apreté tanto y hacía tanto calor, que me empecé a sentir mal y, en medio de una zapada, me desmayé. Los asistentes me taparon, me atendieron, me aflojaron todo y seguí con el show. Mientras tanto, Pappo siguió tocando sin enterarse de lo que pasaba. No sabía si era una joda o qué.