2019-03-31
El Piper J3 construido de forma artesanal espera la orden de vuelo
Por Nazarena Torres politica@elterritorio.com.ar
Las pasiones nos acompañan durante toda la vida y son las que nos impulsan a seguir, aunque el camino sea complejo. Parafraseando a una reconocida película argentina, “un tipo puede cambiar todo, menos de pasión”.
Es el caso de Ricardo Wdowiak, un obereño cuyo sueño se encuentra gestando dentro del taller que, si bien aduce no visitar tanto como le gustaría, sigue siendo su refugio. Dentro de él se encuentra la estructura de un Piper J3, un avión que dentro de no mucho tiempo, estará en los aires de la Capital del Monte.
En una entrevista con El Territorio, Wdowiak contó que el camino que lo llevó a decidir la construcción de su propio avión comenzó cuando era muy pequeño.
“Uno nace ya con esto de que le gusta y desde chico yo veía pasar volando un avión y me atrapaba. A los 5 años empecé a hacer avioncitos de papel. Después seguí con aeromodelismo”, rememoró el padre de familia.
Aunque de pequeño vivía en Colonia Santo Domingo Savio y los recursos no alcanzaban para costear los gustos, Ricardo se amañaba para conseguir los materiales sobre el aeromodelismo y de esta forma armaba modelos de aviones con madera.
A los 20 años se instaló en Oberá, pero el sueño de tener un avión propio no lo había abandonado.
“Ya de grande llegué a construir un avión para volarlo con control remoto, ese era mi sueño de pequeño, primero no podía hacerlo porque los materiales eran muy costosos, hasta que pude y me dediqué muchos años al aeromodelismo”, explicó.
No obstante, el modelo a control remoto sólo fue el puntapié para pasar a un ejemplar a escala real.
“Pasó el tiempo y ya tenía experiencia construyendo aviones en miniatura, me dije que por qué no construir un avión grande. Así que empecé a analizar, ver qué era lo más conveniente y posible de construir por un aficionado. Así llegué a este modelo que es la réplica de un Piper J3”, detalló.
El modelo
El modelo que tiene Ricardo en construcción existe y pertenece a la marca Piper, que entre los años 1938 y 1946 se dedicó a fabricarlo en serie.
Según contabilizó el emprendedor, unos 130.000 aviones de este tipo (J3) se construyeron en esa época, de los cuales la mitad aún seguían en vuelo hasta hace al menos unos cinco años.
“Entonces me puse a construir, porque era relativamente fácil. El cuerpo principal del avión se llama fuselaje y está hecho todo en caños huecos, soldados y cortados a medida, en base a un plano del avión original. Las alas están hechas en madera, con algunas partes de aluminio, como los alerones. También tiene tensores de metal”, especificó Ricardo.
Una de las paredes del taller tiene pintada una réplica del avión que está en avanzada construcción.
Asimismo, Ricardo remarcó que “tanto el fuselaje como las alas van recubiertas de tela, que en este caso voy a usar dacrón. Luego se impermeabiliza la tela con algo parecido al barniz que se llama Dope, que es más liviano, e impermeabiliza para que el aire no pase. El aspecto final parece que es de chapa el avión, pero en realidad no”.
Lo más difícil -argumentó -es la motorización. “Acá tengo el motor en el banco de prueba todavía, que es el original que llevaba el avión. Conseguí dos motores tirados, vi lo que servía de cada uno y empecé a armarlos. Algunas partes fabriqué y otras compré nuevas, pero está en marcha”, adujo.
El proyecto comenzó hace unos diez años, tiempo demasiado largo para Ricardo. Es que asevera que lo hubiese terminado antes si no tuviera las obligaciones corrientes. Sin embargo, sostuvo que nunca dejó de lado la iniciativa y de a poco el Piper J3 va tomando forma.
De aficionado a piloto
“Cuando me puse a hacer el avión pensé en que para volarlo tenía que ser piloto, porque si no, no te permiten. Entonces comencé a armar una carpeta con los datos, informándome en la Dirección Nacional de Aeronavegabilidad (DNA). Me dijeron que primero tenía que matricular el avión, cosa que ya hice. Tengo aprobada la matrícula y el primer vuelo”, resaltó.
No obstante, faltaba el curso de piloto. Por ese motivo, Ricardo realizó la capacitación unos ocho años atrás en Posadas, recibiendo el título de piloto privado.
“No es que no se me pasó por la cabeza dedicarme a ser piloto, pero la aviación como carrera la tenés que empezar cuando terminás el secundario. Como un nivel terciario. A mí me gustaba, pero en esa época no tenía los recursos porque es caro”, afirmó.
Pese a que en la juventud los recursos fueron escasos, Ricardo nunca se detuvo y hoy está más cerca de pilotear un avión propio.
“Hay gente que ya me lo quiere comprar, pero no creo que lo venda, le tomé mucho cariño y tener un avión propio es el sueño de la mayoría de los aficionados a la aviación, yo de a poquito lo voy cumpliendo”, concluyó.
El aeroclub de Oberá supo ser un punto importante de conectividad, aunque las malas administraciones lo llevaron a la decadencia. Hoy trabajan para la reactivación.
Fue creado en 1946 y aunque este año cumple 73 de existencia, atrás quedaron sus épocas doradas. Si bien la comisión actual busca desde hace unos años reactivarlo, lo cierto es que tuvieron que comenzar de cero, cosa que no fue nada fácil.
Daniel Sandoval, presidente del Aeroclub, contó a El Territorio la historia de la pista que supo ser el punto estratégico más importante de la zona Centro para la conectividad de toda la provincia.
Primero hay que remarcar que el Aeroclub no siempre estuvo en el mismo lugar. “Cuando se creó estaba en la zona donde hoy está el reconocido comercio obereño Casa Wurm y la pista daba hacia donde hoy está Gendarmería”, explicó Sandoval.
Hoy se encuentra tres kilómetros al sur de la ciudad, por ruta nacional 14. Hasta entonces, según Sandoval, la vieja pista era de tierra. “Incluso se lo utilizaba también para carrera de caballos”, expresó.
Mudanza
Asimismo, detalló que la pista estuvo en el mismo lugar hasta 1962, cuando se firma un comodato con el Gobierno de la Provincia para la mudanza.
“La ciudad comenzaba a crecer y ya no era lugar para un aeroclub, fue entonces que se comenzó a formar el predio actual”, dijo.
No obstante, el aeroclub seguía siendo importante para la provincia. “Entonces no había rutas asfaltadas como hay ahora y, por ejemplo, la única forma de trasladar a la gente enferma era por el aire”, mencionó.
En ese momento el aeroclub contaba con al menos cinco aviones propios, de los cuales uno era un avión ambulancia y otro, un avión escuela. También se estilaba el uso de taxi aéreo. “Había gente, sobre todo ejecutivos o bien los intendentes, que tenía que hacer trámites en Iguazú o Buenos Aires y se tardaba mucho por tierra, entonces pagaban el viaje por aire, era algo muy común en esa época”, resaltó el presidente del aeródromo.
El declive y el ascenso
No obstante, los buenos años no duraron tanto y pronto el aeroclub perdió todo lo que tenía. “Fue una comisión que agarró allá por los 90, que en vez de cuidar, perdieron todo con una mala administración y hoy ni siquiera se sabe dónde están los aviones de aquella época”, lamentó Sandoval.
Tiempo después, ya casi sin nada, con unas instalaciones en precarias condiciones, un grupo de aficionados decidió poner manos a la obra y tratar de remontar lo que quedaba de aquella importante pista de conectividad. “En 2013 nos volvimos a organizar en comisión con gente amiga, ex pilotos algunos, para empezar de cero. Fue entonces que comenzamos un trabajo arduo de reacondicionamiento”, detalló.
Agregó que ahora buscan poder iluminar la pista para poder hacer viajes de emergencia nocturnos. “Ahora trabajamos mucho con los vuelos sanitarios y a veces no se puede esperar a que sea de día para llevar a un paciente”, especificó.
Es el caso de Ricardo Wdowiak, un obereño cuyo sueño se encuentra gestando dentro del taller que, si bien aduce no visitar tanto como le gustaría, sigue siendo su refugio. Dentro de él se encuentra la estructura de un Piper J3, un avión que dentro de no mucho tiempo, estará en los aires de la Capital del Monte.
En una entrevista con El Territorio, Wdowiak contó que el camino que lo llevó a decidir la construcción de su propio avión comenzó cuando era muy pequeño.
“Uno nace ya con esto de que le gusta y desde chico yo veía pasar volando un avión y me atrapaba. A los 5 años empecé a hacer avioncitos de papel. Después seguí con aeromodelismo”, rememoró el padre de familia.
Aunque de pequeño vivía en Colonia Santo Domingo Savio y los recursos no alcanzaban para costear los gustos, Ricardo se amañaba para conseguir los materiales sobre el aeromodelismo y de esta forma armaba modelos de aviones con madera.
A los 20 años se instaló en Oberá, pero el sueño de tener un avión propio no lo había abandonado.
“Ya de grande llegué a construir un avión para volarlo con control remoto, ese era mi sueño de pequeño, primero no podía hacerlo porque los materiales eran muy costosos, hasta que pude y me dediqué muchos años al aeromodelismo”, explicó.
No obstante, el modelo a control remoto sólo fue el puntapié para pasar a un ejemplar a escala real.
“Pasó el tiempo y ya tenía experiencia construyendo aviones en miniatura, me dije que por qué no construir un avión grande. Así que empecé a analizar, ver qué era lo más conveniente y posible de construir por un aficionado. Así llegué a este modelo que es la réplica de un Piper J3”, detalló.
El modelo
El modelo que tiene Ricardo en construcción existe y pertenece a la marca Piper, que entre los años 1938 y 1946 se dedicó a fabricarlo en serie.
Según contabilizó el emprendedor, unos 130.000 aviones de este tipo (J3) se construyeron en esa época, de los cuales la mitad aún seguían en vuelo hasta hace al menos unos cinco años.
“Entonces me puse a construir, porque era relativamente fácil. El cuerpo principal del avión se llama fuselaje y está hecho todo en caños huecos, soldados y cortados a medida, en base a un plano del avión original. Las alas están hechas en madera, con algunas partes de aluminio, como los alerones. También tiene tensores de metal”, especificó Ricardo.
Una de las paredes del taller tiene pintada una réplica del avión que está en avanzada construcción.
Asimismo, Ricardo remarcó que “tanto el fuselaje como las alas van recubiertas de tela, que en este caso voy a usar dacrón. Luego se impermeabiliza la tela con algo parecido al barniz que se llama Dope, que es más liviano, e impermeabiliza para que el aire no pase. El aspecto final parece que es de chapa el avión, pero en realidad no”.
Lo más difícil -argumentó -es la motorización. “Acá tengo el motor en el banco de prueba todavía, que es el original que llevaba el avión. Conseguí dos motores tirados, vi lo que servía de cada uno y empecé a armarlos. Algunas partes fabriqué y otras compré nuevas, pero está en marcha”, adujo.
El proyecto comenzó hace unos diez años, tiempo demasiado largo para Ricardo. Es que asevera que lo hubiese terminado antes si no tuviera las obligaciones corrientes. Sin embargo, sostuvo que nunca dejó de lado la iniciativa y de a poco el Piper J3 va tomando forma.
De aficionado a piloto
“Cuando me puse a hacer el avión pensé en que para volarlo tenía que ser piloto, porque si no, no te permiten. Entonces comencé a armar una carpeta con los datos, informándome en la Dirección Nacional de Aeronavegabilidad (DNA). Me dijeron que primero tenía que matricular el avión, cosa que ya hice. Tengo aprobada la matrícula y el primer vuelo”, resaltó.
No obstante, faltaba el curso de piloto. Por ese motivo, Ricardo realizó la capacitación unos ocho años atrás en Posadas, recibiendo el título de piloto privado.
“No es que no se me pasó por la cabeza dedicarme a ser piloto, pero la aviación como carrera la tenés que empezar cuando terminás el secundario. Como un nivel terciario. A mí me gustaba, pero en esa época no tenía los recursos porque es caro”, afirmó.
Pese a que en la juventud los recursos fueron escasos, Ricardo nunca se detuvo y hoy está más cerca de pilotear un avión propio.
“Hay gente que ya me lo quiere comprar, pero no creo que lo venda, le tomé mucho cariño y tener un avión propio es el sueño de la mayoría de los aficionados a la aviación, yo de a poquito lo voy cumpliendo”, concluyó.
Buscan volver a los años dorados del aeroclub en la Capital del Monte
Sandoval explicó el uso sanitario y turístico del aeroclub para la zona Centro.
Fue creado en 1946 y aunque este año cumple 73 de existencia, atrás quedaron sus épocas doradas. Si bien la comisión actual busca desde hace unos años reactivarlo, lo cierto es que tuvieron que comenzar de cero, cosa que no fue nada fácil.
Daniel Sandoval, presidente del Aeroclub, contó a El Territorio la historia de la pista que supo ser el punto estratégico más importante de la zona Centro para la conectividad de toda la provincia.
Primero hay que remarcar que el Aeroclub no siempre estuvo en el mismo lugar. “Cuando se creó estaba en la zona donde hoy está el reconocido comercio obereño Casa Wurm y la pista daba hacia donde hoy está Gendarmería”, explicó Sandoval.
Hoy se encuentra tres kilómetros al sur de la ciudad, por ruta nacional 14. Hasta entonces, según Sandoval, la vieja pista era de tierra. “Incluso se lo utilizaba también para carrera de caballos”, expresó.
Mudanza
Asimismo, detalló que la pista estuvo en el mismo lugar hasta 1962, cuando se firma un comodato con el Gobierno de la Provincia para la mudanza.
“La ciudad comenzaba a crecer y ya no era lugar para un aeroclub, fue entonces que se comenzó a formar el predio actual”, dijo.
No obstante, el aeroclub seguía siendo importante para la provincia. “Entonces no había rutas asfaltadas como hay ahora y, por ejemplo, la única forma de trasladar a la gente enferma era por el aire”, mencionó.
En ese momento el aeroclub contaba con al menos cinco aviones propios, de los cuales uno era un avión ambulancia y otro, un avión escuela. También se estilaba el uso de taxi aéreo. “Había gente, sobre todo ejecutivos o bien los intendentes, que tenía que hacer trámites en Iguazú o Buenos Aires y se tardaba mucho por tierra, entonces pagaban el viaje por aire, era algo muy común en esa época”, resaltó el presidente del aeródromo.
El declive y el ascenso
No obstante, los buenos años no duraron tanto y pronto el aeroclub perdió todo lo que tenía. “Fue una comisión que agarró allá por los 90, que en vez de cuidar, perdieron todo con una mala administración y hoy ni siquiera se sabe dónde están los aviones de aquella época”, lamentó Sandoval.
Tiempo después, ya casi sin nada, con unas instalaciones en precarias condiciones, un grupo de aficionados decidió poner manos a la obra y tratar de remontar lo que quedaba de aquella importante pista de conectividad. “En 2013 nos volvimos a organizar en comisión con gente amiga, ex pilotos algunos, para empezar de cero. Fue entonces que comenzamos un trabajo arduo de reacondicionamiento”, detalló.
Agregó que ahora buscan poder iluminar la pista para poder hacer viajes de emergencia nocturnos. “Ahora trabajamos mucho con los vuelos sanitarios y a veces no se puede esperar a que sea de día para llevar a un paciente”, especificó.
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