2019-03-31
La historia de la aviación se escribió en los cielos del interior misionero
De aquel encuentro participaron diferentes personalidades del pasado de Eldorado y concluyeron que no podían tener un avión nuevo sin antes tener un campo de aterrizajes propio.
En consecuencia, la discusión no continuó y se optó por abrir nuevos caminos para lograr que la colonia tenga su propio aeroclub. La situación debía definirse en los próximos días.
El 24 de noviembre de ese año se efectuó una segunda reunión y se informó sobre las gestiones realizadas referente al campo de aterrizaje. En aquella ocasión se concretó la compra de unas 20 hectáreas y autorizó la compra de un avión Piper triplaza.
Ya en 1947, precisamente el 15 de junio, bajo la presidencia del titular de la comisión directiva provisoria de Bernardino Slámovits, se reunieron en asamblea. Aquel día se constituyó, lo que años más tarde se lo conocería como, el Aero Club Alto Paraná Eldorado.
Evolución de la pista
El 30 de enero de 1952, el aeroclub de Eldorado inició las gestiones para concretar el transporte de correspondencia entre esa localidad y Posadas, que fue finalmente aprobado cuatro años más tarde.
Sesenta años después, en 2015, se adquiere un simulador computarizado con su correspondiente habilitación para la instrucción y entrenamiento de alumnos y pilotos, el único de este tipo en Misiones.
Asimismo, ese año se reparó el sistema de balizamiento de la pista de aterrizaje. A partir de allí se puso en servicio nuevamente la actividad de vuelos nocturnos, de vital importancia para el municipio.
La ubicación de ese aeroclub y su funcionamiento es de vital importancia ya que en Eldorado se reciben los vuelos sanitarios y de ablación del Incucai, vuelos fundamentales por su proximidad al aeropuerto internacional de Puerto Iguazú.
Las mil horas de vuelo de Gómez
En 1985, Rosamel Gómez adoptó a Jardín América como su lugar en el mundo y como un punto estratégico de la aviación entre esa localidad y Buenos Aires.
Su formación como piloto civil fue en el Aeroclub Argentino de San Justo, Buenos Aires, donde reunió 500 horas de vuelo durante diez años, tiempo necesario para convertirse en piloto.
Luego se recibió de piloto comercial tras 1.000 horas de vuelo. Tiempo más tarde fue instructor de vuelo de avión y piloto comercial de primera clase, lo que le permitió acceder a las tres líneas aéreas comerciales de aquel entonces.
Rosamel, como difusor de la Federación Argentina de Aeroclubes, se contactó durante una reunión con Oscar Ratti, del Aeroclub Posadas, y con Luis Guimaraez Añais, de Jardín América, quienes lo convencieron de venir a instruir pilotos a Misiones.
“Vine a capacitar pilotos por tres meses y me quedé para siempre”, manifestó Gómez, quien ya tiene en su haber más de 50 pilotos que se formaron con él.
Continuar a pesar de los costos
Rosamel Gómez, que también es fotógrafo aéreo, comentó que muchos de sus colegas desistieron de seguir en el rubro por los costos que implica la adquisición de las horas de vuelo. De 21 pilotos, sólo tres continuaron.
En aquellos años de la década del 80, la inversión promedio era de 30.000 dólares por cada piloto, cifras altas de pagar y mantener.
Los años no pesan a la hora de planear
Hugo Frank nació el Eldorado el 1 de julio de 1949 y es un ex piloto. A punto de cumplir 70 años, cuenta sobre sus inicios en la aviación en 1975 en el Aero Club, con un curso de piloto de planeador.“Éramos 12 alumnos en ese momento. El club disponía de dos planeadores y un avión remolcador Piper PA 12. En 1978 pudimos rendir el examen y nos recibimos nueve pilotos. De ahí en más comencé la adaptación al avión con motor”, recordó Frank.
El 24 de marzo de 1979 culminó sus estudios y se recibió de piloto privado de avión, junto con cuatro compañeros de Eldorado y Oberá.
Viaje continental
El piloto recuerda que en 1980 el club decidió renovar dos aviones y se adquirieron dos Cessna 172 XP de cuatro plazas. “Juan Morcillo, que era un instructor, decidió invitarme para ir a Estados Unidos a la fábrica Cessna Wichita en Kansas, para traer en vuelo los aviones. Fue una enorme alegría, a pesar de contar con muy pocas horas de experiencia y que me haya elegido”, manifestó Frank.
De esa manera, en octubre de 1980, luego de dos semanas de trámites, se consiguió retirar de la fábrica los dos aviones. Luego iniciaron una gran travesía que incluyó Estados Unidos, México, Centro América, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
“Fue una experiencia inolvidable, de 68 horas de vuelo, con paradas por mal tiempo. Ese viaje lo realizamos en once días. Era alucinante. Creo que realizar 1.000 horas de vuelo locales, no se aprende tanto aprendí en ese vuelo”, relató.
Por los cielos argentinos
El experimentado piloto realizó muchos vuelos sanitarios a Posadas, Buenos Aires, Córdoba y Corrientes.
“Me tocó transportar a pacientes quemados, infartados, accidentados, y operados. Por esos vuelos se han salvado muchas vidas”.
Recordó que en una oportunidad le tocó “llevar a un chico de 9 años que se había ahogado en una piscina en Iguazú. Junto con los padres, viajamos hasta Coronel Dorrego, cerca de Bahía Blanca. Experiencia muy triste y difícil de asimilar”.
Frank, a pesar de la edad, continua en actividad, aunque por la situación económica que atraviesa el país le cuesta solventar los costos.
“Se me hace muy difícil por el tema del combustible, que está caro, pero nuestra escuela sigue funcionando y es el futuro de nuestra institución”, concluyó el piloto.
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