Acrobacia en línea

domingo 08 de septiembre de 2013 | 0:00hs.
Pisar sin el suelo.
Pisar sin el suelo.
El slackline es un deporte extremo que se practica hace aproximadamente tres meses en Posadas. Se trata de una práctica de equilibrio sobre una cinta flexible, la que debe ser ajustada en dos extremos. Aquí se practica en la costanera, atando las cintas entre dos árboles. Los slackers caminan en equilibrio, de un extremo a otro. Los más experimentados o arriesgados hacen piruetas o flips sobre la línea tensada. La altura en la que actualmente se desplazan casi todos los fines de semana es de 30 centímetros, caminando por una cinta de 25 a 30 milímetros.
Se denomina el trackline a esta disciplina más común y que incluso cuenta con competencia internacional. Existen además otras modalidades: el waterline, que se hace tensando la cinta sobre el agu y que minimiza el impacto en caso de caída. También el highline, que se practica en alturas importantes, pero que requiere de elementos de seguridad enganchados a la cinta.
Se han hecho cruces en slackline entre montañas de El Chaltén o incluso se cruzó en cinta de una Torre Gemela a la otra.  Existen también slackers que practican yoga encima de las cintas, a corta distancia del suelo.
Se dice que quienes comenzaron a hacer slackline fueron un par de escaladores en California, Estados Unidos. El récord de altura lo ostenta Carlos Zuñiga, a mil metros en Berlín, Alemania.
En Posadas no se compite por altura ni por cuántos trucos o acrobacias se puedan hacer. No más de cinco jóvenes son quienes suelen reunirse en la costanera.
Ellos suelen practicar deportes extremos, como longboard. Por eso se sienten atraídos al slackline. Fernando Cuevas (30) trajo las cintas desde Buenos Aires, donde vivía y comenzó a hacer el deporte junto a otros aficionados.
“Acá, en la Argentina poco se conoce”, admitió Cuevas. “Hay muy poca gente practicando. Yo hace mucho hago deportes extremos. Slackline hace más de cuatro años. Y una cosa me llevó la otra”, contó el slacker. 
Según explicó Cuevas, “la altura de la cinta varía de la experiencia de cada uno. Para empezar, se coloca a 30 centímetros, que sería un poco más de un escalón de altura. Porque una vez encima baja el nivel de la cinta”.
Sobre la cinta se pueden hacer acrobacias: dejarse caer de espaldas o de frente, rebotar y caer nuevamente sobre la línea, tal como Cuevas muestra ante la mirada asombrada de quienes caminan por la costanera.
Como fotógrafo profesional, Cuevas ha tomado imágenes de slackline en Capital Federal, a 20 metros de altura. Él incluso se probó en esas circunstancias .“En una cinta de 25 metros de largo”, contó.
Sin embargo, advirtió que para lo que se denomina highline es preciso “mucha preparación, muchas medidas de seguridad. Mientras una persona camina hay tres personas que controlan la cinta y la integridad de las personas”, contó sobre su experiencia en Buenos Aires.
Pero para el trackline que se hace en la costanera, con una cinta que se eleva a pocos centímetros del suelo, Cuevas dice que no se requiere entrenamiento previo.
“Cualquiera se puede acercar, con 6 o 7 años se empieza. Hay gente de 40, 50 años que hace slackline. En otras disciplinas que están implicadas en el highline, entonces se necesita de mucha resistencia corporal”, comparó Cuevas.
El slackline se diferencia del funambulismo, que es la acrobacia más bien del circo tradicional, en el que se camina sobre un cable metálico y tensado.
En el caso del slackline se tensan cintas de poliéster o nylon flexibles, especialmente fabricados para la disciplina. Por otra parte, para la cuerda floja, se usa generalmente una soga específica.
Según Cuevas, hacer slackline demanda “mucha adrenalina, mucha concentración”.
El ruido urbano de automóviles en circulación no es un impedimento para ello. “Una vez que estas arriba de la cinta no podés pensar en otra cosa”, responde Cuevas.
La posibilidad de la caída está latente en esta tendencia urbana. Por eso, curiosamente, hay que saber cómo hacerlo. “Si lo tenes en cuenta sabés que te podés caer, entonces te preparas. Estas todo el tiempo pendiente a cómo te vas a caer”, apuntó Cuevas.