La paciencia, cuarto fruto del Espíritu Santo

Sábado 8 de febrero de 2020
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

Paciencia (del latín, patientia): es la virtud del saber sufrir y tolerar las adversidades con fortaleza sin lamentarse, esperar, sosiego en cosas que se desean mucho. Lentitud o tardanza en las cosas que se debían ejecutar prontamente. El paciente: es el que sufre y tolera sin perturbación del ánimo.
Lo curioso de la palabra paciencia es la que tiene Dios para con nosotros, el género humano (hombres y mujeres) que él ha creado. Tolera sus defectos y permite que el género humano siga poblando la tierra a pesar de su indignidad y repetidos fallos. 
Según San Pedro, fue la paciencia de Dios la que permitió que Noé construyera  el arca y se salvara en ella la semilla del futuro.
San Pablo: “Dios soportó con gran paciencia objetos de cólera preparados para la perdición, a fin de dar a conocer la riqueza de su gloria con nosotros” (Romanos 9,22).
Pablo: Dice con convicción, porque estaba convencido de que él mismo llegó al buen camino porque Jesús tuvo paciencia con él (1Timoteo 1,16).
Ese paciente espíritu viene ahora a nosotros y nos toca aprender de él, para tener nosotros, con los demás, la paciencia que él tiene con nosotros.
Pablo escribe: “Los exhorto yo, preso por el señor, a que viváis de manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia con amor, poniendo empeño en conservar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz” (Efesios 4,2).
Las cosas llevan tiempo. Los frutos maduran despacio. La naturaleza sigue su ritmo, y las estaciones no pueden acelerarse. Y lo mismo sucede en la cosecha del espíritu. Hace falta tiempo. Y, por consiguiente, hace falta paciencia.
El labrador, el sembrador, el cosechador, el recolector, el clasificador, aparta, separa, discrimina, desmaleza, riega, fertiliza, de tal forma que los éxitos logrados puedan llegar a tiempo,  y oportunamente, en cantidad y calidad; de nuestros prójimos y beneficien a la mayor cantidad de personas necesitadas.
“Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Mirad cómo proclamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso” (Santiago 5,7-11).
A mis lectores les solicito paciencia, que me tengan paciencia en lo que pretendo manifestar, en la práctica de la fe y la esperanza que a todos nos hacen dar fruto en el amor. 
De eso se trata, de aumentar el trato con la tercera persona en nuestras vidas. De caer en la cuenta de que la manera presente de llegarse Dios a nosotros es el Espíritu Santo. De descubrir que más allá de los símbolos y los nombres, se halla una persona, tan real como el Padre y el Hijo, que nos espera para establecer con nosotros la intimidad divina que es nuestra vida de gracia. 
A través del amor-ternura, todo se puede conseguir.

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