Víctima de trata y amenazas obligada a vivir con custodia de Gendarmería

Viernes 12 de julio de 2019
Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

Como presa de una pesadilla que se recicla desde hace más de una década, una joven que años atrás fue víctima de trata de personas, en la actualidad se ve obligada a vivir con custodia permanente debido a las amenazas que padeció para acallar su verdad. 
Desde hace más de dos meses los vecinos de un barrio obereño son testigos del despliegue del personal de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) a cargo de la vigilancia. 
Cada uno cuenta una versión de la historia y le agrega algún matiz, pero nadie quiere hablar demasiado por temor a posibles represalias. 
“Los gendarmes son su sombra. La acompañan a llevar los chicos a la escuela, si tiene que ir al médico o a cualquier otro lugar. No va sola a ningún lado”, comentó una vecina que sabe más de lo que se animó a contar. 
Lo cierto es que la presencia de GNA no pasa desapercibida y es el comentario obligado en el barrio. 
En ese contexto, y preservando detalles como ubicación e identidad de las personas, El Territorio consultó con fuentes oficiales y logró reconstruir los pormenores de una trama que guarda relación con el resonante caso de Juan De Amorin (53), quien el 13 de junio pasado fue condenado a diez años de prisión por el delito de trata de personas. 
Si bien el sujeto fue imputado en mayo del 2009, cuando efectivos de GNA rescataron a dos menores que eran prostituidas en un bar de San Vicente, durante una década gozó del beneficio de la excarcelación y aprovechó para amedrentar y amenazar a las víctimas constituidas como testigos claves en su contra. 
Precisamente, una de esas jóvenes -hoy mayor de edad- cuenta con custodia las 24 horas del día porque sabe demasiado sobre las andanzas de De Amorin y su entorno.

Vivir con miedo 
Las amenazas habrían partido del propio imputado y su entorno, incluidos familiares, según relataron fuentes del caso en diálogo con este medio. 
El sujeto dispuso de tiempo y recursos para amedrentar a las víctimas con el objetivo de que rectifiquen sus dichos. 
En ese contexto, a principios de mayo la fiscal federal de Posadas Vivian Barbosa solicitó la detención de De Amorin, quien de esa forma esperó el juicio tras las rejas.  
Por el asedio permanente durante años, la joven que hoy tiene 24 años debió mudarse a Oberá junto a su familia. Fue así que la propia fiscal radicó una denuncia contra el imputado por el presunto delito de amenazas en el marco de la investigación por el caso de trata de personas. 
La denuncia fue formulada a mediados de mayo e intervino el Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia. Desde entonces, la joven y su familia disponen de una estricta custodia permanente de la fuerza nacional. 
Ocurre que más allá de que De Amorin haya sido condenado a diez años de prisión, desde su entorno habrían jurado venganza a las víctimas cuyos testimonios apuntalaron la acusación en su contra. 
Durante años el sujeto regenteó locales de prostitución y existirían indicios para sospechar de conexiones con otras provincias y el Brasil, como así también de lazos con integrantes de fuerzas de seguridad.
El Territorio contactó a la testigo, quien manifestó que estaba interesada en contar su historia. “Si el juzgado me autoriza puedo hablar”, señaló.
De todas formas, en las horas posteriores desde la custodia de GNA indicaron que la joven desistió de la idea

Víctimas y testigos 
El caso que concluyó con la condena de De Amorin salió a la luz en mayo del 2009, cuando la Justicia Federal autorizó el allanamiento en simultáneo de dos locales del acusado, uno de ellos en San Vicente, donde efectivos de GNA rescataron a dos menores de edad e incautaron profilácticos, estupefacientes y cuadernos con registros de los movimientos internos. 
Las jovencitas tenían 14 y 15 años y manifestaron que fueron reclutadas por el propio imputado, quien les puso edades y nombres falsos, declararon. 
Su trabajo era que los clientes paguen algunas copas, tras lo cual pasaban a los encuentros sexuales. Incluso, mencionaron que en el mismo bar llegaron a trabajar 20 chicas. Oportunamente ambas declararon en Cámara Gesell y aportaron datos sustanciales para avanzar en la acusación. 
Contaron que los primeros días estuvieron bien, pero luego el sujeto no las dejaba salir.
A manera de castigo las encerraba y las violaba durante varios días sin alimentarlas. 
“Él decía que no les servía golpeadas, con moretones. Entonces, el castigo era violar y no dejar comer”, se citó en el expediente. 
De todas formas, más allá de la gravedad de los delitos citados, De Amorin esperó el juicio en libertad y, gracias a diferentes recursos de la defensa, dispuso de una década para tratar de silenciar a las víctimas constituidas como testigos claves. 

En cifra

10

Juan De Amorín (53) fue condenado a 10 años de prisión por el delito de trata de personas agravada por prostituir a dos chicas menores de edad.


“Eran objetos, mercadería para su provecho”

Durante el juicio que condenó a De Amorín, la fiscal del Tribunal Federal de Posadas, Vivian Barbosa, indicó que no quedaban dudas de que “ejercía pleno dominio del hecho” y se preguntó por la posibilidad de que el imputado desconozca las edades de las chicas, pero rápidamente lo consideró algo “imposible”. “Los DNI se encontraban en sus domicilios y su negocio era ofrecer chicas jovencitas. Era el atractivo particular de su Bar Especial. Tenía pleno conocimiento de la ilicitud de su accionar, por eso cuando aparecía la Policía se escondía a las chicas en la cocina. En Cámara Gesell ellas manifestaron: ‘Él nos puso una edad y un nombre cuando llegamos’. Esto es lo que se manifiesta como pérdida de identidad absoluta. Eran cosas, objetos, mercadería para su provecho”, lanzó. La defensora oficial Susana Criado solicitó la absolución del imputado al insistir en la declaración de nulidad del acta inicial de los procedimientos efectuados en 2009. Los jueces decidieron condenarlo al determinarlo culpable.

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