Una pasión sin límites: a sus 64 años, lleva construida una decena de aviones

Viernes 18 de octubre de 2019 | 07:00hs.
Víctor pasa sus días en el hangar del Aeroclub Posadas, donde da rienda suelta a su pasión. | Foto: Natalia Guerrero
Victoria Bergunker

Por Victoria Bergunker interior@elterritorio.com.ar

“Cuando era niño era buen alumno en la escuela porque quería que mis padres me dieran permiso para pasar el domingo en el aeroclub”, comenzó relatando Víctor Mejalenko a El Territorio, un constructor de aviones.
A sus 64 años lleva construida una decena de aviones, tarea que lo apasiona desde que tiene uso de razón. 
“Yo no voy a la Costanera ni salgo a comer porque siento que es tiempo perdido, a mí me gusta estar acá”. 
Su lugar en el mundo es el Aeroclub de la ciudad de Posadas y confiesa que a veces las horas le pasan tan rápido que se olvida de almorzar. Es que la afición puede más.
Durante la secundaria realizó un curso de piloto y lo pagó lavando aviones en el aeroclub, barriendo el hangar y haciendo otro tipo de tareas que poco tenían que ver con lo que en verdad quería hacer. 
“Después me fui a estudiar ingeniería aeronáutica a La Plata, donde empecé a armar aviones livianos de madera. En el año 1997 -ya de vuelta en Posadas- armé un RB7, fue el primer avión que armé solo”, recordó.
Además, reveló que le hubiese gustado estudiar la carrera de piloto de línea aérea, pero no pudo hacerlo porque no tenía los recursos económicos suficientes: “Mi familia era muy humilde. Mi padre era empleado de comercio y mi madre modista, éramos seis hermanos”. 
Sin embargo, dedicó su vida a leer libros de aeronáutica y aviación y hoy este es su trabajo. 
No sólo construye aviones para clientes privados, sino que actualmente también es mecánico de los helicópteros de la Policía de Misiones.  

Furioso
Hace dos años y medio comenzó a gestar un proyecto que espera terminarlo para fin de año al que llamarán ‘Furioso’. Se trata de un avión biplaza para un cliente porteño, que lo utilizará principalmente para hacer acrobacias.
Es un avión del tipo kit, es decir que viene desarmado, en cajas. “Tiene un motor de 180 HP a inyección, es para hacer acrobacia básica e intermedia. Tiene el sistema para volar invertido, cinturones de seguridad especiales para estar cabeza abajo, sistema de aceite especial y otros accesorios adicionales para navegar”, detalló.
El dueño de Furioso planea ir a la mayor exposición de aviación civil del mundo denominada Air Venture, que se realiza cada año en Oshkosh, Wisconsin, Estados Unidos. Esa misma competencia fue la que en 2006 llevó a Mejalenko a dar un gran salto en su carrera.
Es que ese año ganó el puesto al tercer mejor avión del mundo con un Lancair 4, que tenía dos navegadores satelitales, construido en fibra de carbono y una velocidad crucero aproximada de 500 kilómetros por hora. La aeronave había sido construida en conjunto con el empresario y piloto misionero Omar Ratti, con quien realizó el viaje a Oshkosh y antes se dieron el gusto de realizar una travesía inolvidable por el Caribe.
“Cuando los organizadores del evento vieron el avión, nos pidieron para exhibirlo en el palco de honor junto a otros aviones campeones. Fue una gran satisfacción, fue juzgado por ocho jueces de los cuales uno era una señora que escribió dos libros sobre construcción casera de aviones y yo los tenía en mi mesita de luz. Ella me felicitó y me dijo: ‘Víctor, tu avión es excelente’. Jamás me voy a olvidar de su expresión”, rememoró con lágrimas en los ojos.
Lastimosamente, aquella obra de arte de la aeronáutica no tuvo el mejor final: en 2012, en un vuelo de navegación se encontró con un frente meteorológico que lo llevó al congelamiento del motor y tres días después de haber dado aviso a la base, fue encontrado en una zona rural cercana a Chavarría, Corrientes, con sus dos ocupantes muertos: Omar Ratti y su amigo Mariano Rolón.

La pasión es lo que mueve
Cuando Mejalenko habla de aviones, la pasión le brota por los poros. Es una especie de “libro gordo de Petete” de la aeronáutica. Le apasiona la historia y asume que su vicio son los libros y las herramientas, incluso tiene algunas que las compró pero nunca llegó a usarlas.
Mientras se abocaba a la construcción de Furioso, no dejó de contar historias sobre aviadores, pilotos y constructores de aviones. 
“Mi ídolo es una señora texana que a los 40 años el marido le regaló un kit y ella lo armó sola en cinco años, empezó en la cocina y siguió en el garaje de su casa. Cuando terminó, lo llevó a la exposición en Oshkosh y se llamó “el séptimo hijo”, porque ya era madre de seis chicos y me confesó que fue como uno más. Después hizo el curso de piloto y aprendió a volar”, contó.
“El avión es la evolución más grande, en 115 años pasó de aquella unidad hecha por los hermanos Wright que apenas voló 72 metros a tener hoy el Airbus A380, el avión comercial más grande del mundo. Para mí es apasionante, sigo leyendo, aprendiendo, visitando museos”, expresó.
Finalmente y entre risas, Mejalenko reconoció: “Tengo 64 años y espero que me queden muchos más porque tengo unos cuántos aviones más para hacer. Este trabajo es mi vida”. 

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