Una de las víctimas reconoció al detenido como su abusador

Viernes 14 de junio de 2019 | 00:05hs.
Uno de los abusos sexuales fue cometido en esta zona, lindante al arroyo Mbocay, en las 2.000 Hectáreas. | Foto: Norma Devechi
Cristian Valdez

Por Cristian Valdez fojacero@elterritorio.com.ar

La investigación por dos abusos sexuales cometidos en los últimos nueve días del mes pasado en inmediaciones de la toma de agua de Puerto Iguazú (zona 2.000 Hectáreas), que puso en jaque a la aldea Fortín Mbororé, dio pasos importantes en las últimas horas porque una víctima identificó en rueda de reconocimiento como su atacante a uno de los dos detenidos, quienes pertenecen a una comunidad aborigen.
El apuntado es Roberto D. (23), conocido con el apodo de Beto y sospechado de abusar sexualmente a la joven de 22 años que el miércoles debió asistir a la sede judicial para llevar adelante la pericia pedida por el titular del Juzgado de Instrucción Tres, Martín Brites.
El resultado lo dejó sumamente comprometido porque además, esa mañana del jueves 30 de mayo, la víctima se resistió, sin poder evitar la violación, pero con gritos logró que dos vecinos acudieran en auxilio. Estos hombres declararon que cuando llegaron a la zona observaron que del monte salió el ahora detenido, que corrió cuando los vio. Lo reconocieron como Beto, habitante de la aldea, y esos aportes cobraron preponderancia con el reconocimiento de la joven sobre la presunta autoría del sospechoso.
De acuerdo a la denuncia en la Comisaría de la Mujer de la Ciudad de las Cataratas, la víctima iba caminando a su trabajo (es empleada doméstica) por el camino que conduce a la aldea Mbororé, como lo hacía a diario, pero ese día se cruzó con Beto, quien la saludó e intempestivamente le preguntó de dónde venía. 
No le respondió y comenzó a caminar más rápido -contó-, a lo que el hombre la siguió hasta que la agarró del cuello, la tiró al suelo y la arrastró a un monte al costado del camino. “Me defendí, me agarró del cuello, grité mucho, me tapó la boca, le pedí que no me haga nada, que me deje, que tenía un hijo, pero no le importó”, relató ante las autoridades policiales en un testimonio que ratificó en sede judicial.
La víctima recordó que el sujeto (con aliento etílico y un cigarrillo en la boca) se tiró “arriba mío sujetándome del cuello, me bajó el pantalón con una mano, la bombacha, me levantó la blusa y me accedió carnalmente. Yo lloraba. Me dijo que no llore porque no me estaba doliendo, que por eso no tenía necesidad de llorar. Eyaculó adentro mío sin usar preservativo, después se levantó como si nada, se arregló la ropa y se fue corriendo”.
En ese contexto, los hombres que viven en la misma aldea escucharon los pedidos de auxilio. Salieron de sus casas, pero cuando llegaron el delito se había consumado. Comenzaron a seguir al abusador hasta que lo reconocieron, por eso instaron a la joven a radicar la denuncia, asegurándole que estaban dispuestos a testificar, lo que finalmente ocurrió. Ella también aclaró que si lo veía otra vez lo iba a reconocer, por lo que ese recuerdo se materializó cuando lo señaló como autor.

“Con angustia y miedo”
En diálogo con El Territorio, la joven repitió el testimonio que ofreció tanto en sede policial como judicial y, en ese contexto, dijo atravesar “una etapa de angustia y miedo” que como consecuencia inmediata la imposibilita salir de su casa. 
“Fue un momento de mucho desespero (en relación al ataque), de angustia, porque me saludó lo más bien, le respondí educadamente y me empezó a decir cosas. Me apuré, seguí caminando, me siguió y me atacó de atrás sin darme posibilidad de defenderme. Jamás me imaginé a esta edad vivir una situación así porque muchas veces fui caminando al trabajo, en muchos horarios, y siempre tomaba este camino al igual que muchas personas que lo hacen porque es más corto pero fijate lo que pasó. Es terrible”, manifestó la víctima.
En relación al violento episodio, añadió que “no pude reaccionar para evitar el abuso, eso me dejó mal, indignada, porque me enteré que otras personas pasaron por lo mismo, es decir, que nadie cuida a la gente que sale temprano a trabajar. Incluso, supe que estos tipos (por los detenidos) tienen antecedentes por hechos similares ocurridos adentro de la aldea, por lo que nadie se ocupó de frenarlos y ahora lo hicieron afuera”.
“Yo le vi la cara, por eso tengo su rostro en la cabeza y estoy segura de que la persona que esta detenida (Beto) es el agresor, lo admití en la rueda de reconocimiento”, acotó, pero en el mismo plano agregó que “puede que haya más víctimas porque son muchas las mujeres que estuvieron expuestas caminando por esa zona y pudieron haberse cruzado con él. Eso se esta investigando, me dijeron”.

La otra víctima
El primer ataque fue denunciado por una mujer de 55 años el viernes 21 de mayo. Dijo que ese día su hija de 15 años llegó alterada a la casa, alrededor de las 20.30, y llorando le contó que, al salir del colegio al que asiste y cuando se dirigía a su casa en moto, pasando el puente sobre el arroyo Mbocay debió disminuir la marcha por el barro y en ese contexto salió del monte un aborigen que pateó su moto logrando tumbarla en la calle. 
Dijo que la menor forcejeó con el atacante, pudo correr y gritó pidiendo ayuda pero nadie la escuchó, por lo que el desconocido alcanzó a sujetarla nuevamente. En el forcejeo rompió su uniforme escolar, le sacó el corpiño y la manoseó, llegando el abusador a manosearla y accederla de esa forma.
La adolescente le contó a su madre que en determinado momento frenó una camioneta blanca que pasaba por el lugar, el conductor -a quien no conoce- se bajó y arremetió contra el violento, exigiendo que la suelte pero ante el caso omiso de éste, lo apuntó con un arma de fuego logrando que se escape corriendo por la calle interna que conecta con la aldea Mbororé. 
Después de eso -a su decir- el sujeto de la camioneta le dijo: “Tranquila, yo te voy a ayudar, no soy un hombre sarpado, tengo hijas. Subí a tu moto y te sigo, así te acompaño a tu casa”, lo cual hizo, pero alrededor de 50 metros antes de llegar, la camioneta desvió el camino alegando el conductor que tenía que viajar hacia la localidad de Andresito. 
Fue detenido en relación a este ataque Carlos D. (36), poseedor del alias Conejo y quien dice ser artesano. En su declaración en Cámara Gesell, la menor ratificó de manera contundente la acusación hacia el sujeto que, en base a las características aportadas, habría muchas certezas de que fue el autor.
De todas formas, al igual que Beto, bajo el patrocinio del defensor oficial Rafael López, Conejo también de abstuvo de declarar en la instancia indagatoria, permaneciendo en la División Celdas y Reguardo de la UR-V.

Antecedentes en la aldea Mbororé
En mayo del año pasado, tres habitantes de la aldea Mbororé fueron detenidos por el abuso sexual de una nena de 13 años. Dos adultos y un adolescente fueron imputados por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado, que contempla penas de entre ocho a 20 años de cárcel. Luego tuvieron la oportunidad de dar su versión de los hechos, pero se abstuvieron. La denuncia se materializó por la intervención de la madre de la niña, que había confesado a su hermana el hecho en manos de los hombres con quienes un rato antes había compartido una fiesta en la comunidad. Un año antes, en los registros policiales también fue denunciado otro abuso pero esta vez en perjuicio de una beba de 2 años. Por ese hecho fue detenido Yiyo, que después se abstuvo de declarar.

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina