Un camino que conduce hacia aprendizajes para la vida

Miércoles 11 de septiembre de 2019
El maestro recorre cada día más de 50 kilómetros para enseñar en la aldea Yaboty Mirí. | Foto: Carina Martínez
Carina Martínez
carmarfar@gmail.com

El 11 de septiembre de 1888 fallecía en Asunción, Paraguay, Domingo Faustino Sarmiento y en reconocimiento a su tarea como educador y estadista impulsor de la apertura de escuelas y la alfabetización, en 1943 la Conferencia Interamericana de Educación celebrada en Panamá instituyó la fecha como el Día del Maestro en Argentina. 
De esta manera, en la jornada, se rinde homenaje a todos los profesionales que ejercen la tarea de enseñar. Hay aulas espaciosas y bien equipadas, hay otras más modestas con sillas y mesas apretadas, en algunas falta la tiza y la luz, están también esos salones humildes con paredes que no atrapan el frío y dejan pasar el hambre. En cualquiera de estos espacios, los educadores tienen el  desafío de educar en la inclusión y para el desarrollo humano y comunitario.
Y es justamente el valor de enseñar algo que sirva para la vida el que impulsa a Eduardo Rodríguez Acuña (26), docente reciente recibido y que realiza su trabajo con  esfuerzo y sacrificio.
La posibilidad de ser maestro  llegó desde un aula satélite de la Escuela 938 que funciona en la comunidad mbya Yaboty Mirí.
“Para llegar a la escuela tengo que hacer más de 50 kilómetros todos los días, ya que la comunidad está alejada de la ciudad de San Pedro”, relató en diálogo con El Territorio.
Así, al finalizar su jornada el maestro hace más de 100 kilómetros, algo que las familias reconocen como una proeza y, por su compromiso y ejemplo, ayer le anticiparon un ¡feliz Día del Maestro! en coro. 
Rodríguez Acuña viene de una familia humilde, que no contaba con los recursos económicos para que él pudiera estudiar en otra localidad o abonar la cuota mensual de una carrera en una universidad privada. Su destino cambió cuando en 2014 comenzó a funcionar en San Pedro la extensión áulica del Instituto de Formación Docente Sierra de Misiones: “Fue la oportunidad de mi vida, no fue sencillo”, rememoró.  
Así, tomó la oportunidad de enseñar en una escuela intercultural bilingüe como un nuevo y enriquecedor propósito. El camino que conduce a la escuelita de madera tiene 12 kilómetros de asfalto que dan paso a la tosca y por último a la tierra colorada. “Los días de lluvia se dificulta el ingreso, yo voy en moto y otra cuestión que también todos trabajamos para superar es el idioma”. 
Si bien la escuela debería contar con un auxiliar docente indígena, el cargo no fue designado y el maestro lleva adelante las clases solo.
La escuela funciona en un precario edificio de madera que fue construido por la Biblioteca Palabras del Alma de Pilar (Buenos Aires).
Gran parte de su día transcurre en la aldea y no sólo enseña las letras y las operaciones matemáticas; además prepara el desayuno y sirve de nexo entre la comunidad y la ciudad. “Primero fue muy difícil, no estamos preparados para ese tipo de situaciones, es un plurigrado y bilingüe”, reflexionó. Poco a poco -relató- “entendí la dura realidad de estos chicos y vi el interés increíble que tienen por aprender y la presencia de los padres, eso es muy motivador. Ser docente me hace feliz”.

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