Un cambio de paradigma

Martes 24 de marzo de 2020
Eduardo Saldivia

Por Eduardo SaldiviaArquitecto. Admitido en P4CA de ONU-Hábitat. Planificadores por la Acción Climática

La cantidad de dióxido de carbono que emitimos al ambiente, junto a otros gases, viene aumentando -desde la Revolución Industrial- el efecto invernadero en nuestro planeta. A esto se ha sumado el deterioro de la capa de ozono, encargada de filtrar los rayos nocivos del sol. En consecuencia, en nuestro planeta -día a día- sentimos el aumento del calentamiento global y podemos ver los desastres bioambientales que produce del gran cambio climático.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2015, 195 países firmaron el conocido como Acuerdo de París -en vigencia desde 2016- en el que se comprometieron a mitigar y actuar para reducir sus emisiones de carbono en el ambiente, reduciendo así la huella de contaminación que cada uno deja en el planeta.
En 2017, Estados Unidos se retiró del acuerdo, el presidente Trump explicó que reducir su industria del carbón afectaría las necesidades energéticas de sus ciudadanos y además generaría un desempleo difícil de afrontar. Consideró que las medidas del Acuerdo en definitiva sólo beneficiarían al desarrollo de China y no al medio ambiente.
Ese mismo año, la ONG Greenpeace aprovechó para insistir y recordarle a China y a los países europeos que la única manera de avanzar en una verdadera lucha contra el cambio climático es a través del uso de energías renovables.
Sin dudas, el Acuerdo de París nos propone el desafío más grande de la humanidad, un desafío colectivo para gobiernos, empresas, inversores, grupo religiosos, jóvenes y ciudadanos de todo el mundo. Sobre todo si el segundo mayor país emisor de CO2 en el mundo no está dispuesto a colaborar.
Actualmente, frente a la tragedia de las enfermedades globales, también se puede ver a muchos técnicos ambientalistas mostrar sorprendidos en los medios cómo han descendido los niveles de contaminación mundial. Es que los tiempos de cuarentena para muchos países desarrollados, le han dado tiempo al planeta de recuperarse un poco. “El beneficiario inesperado del coronavirus: el planeta” titula -por ejemplo- la cadena CNN.
La Nasa comprobó que la nube visible de gas tóxico que se cierne sobre las capitales industriales chinas casi desapareció. Mientras tanto, en Venecia se puede ver a los delfines nadando por los canales y sus aguas más limpias. Ahora pueden verse pavos reales paseando por las calles silenciosas de Madrid.
Está claro que los tiempos de pandemia nos dejarán muchas enseñanzas. Pero la más importante, claramente, es que la única manera de tener un desarrollo sostenible en el tiempo, para que podamos dejarles un planeta digno a muchas generaciones, es volviéndonos un mundo más calmado. Que dejemos de correr atrás del consumo desmedido.
Evidentemente, tenemos que cambiar nuestros hábitos, vivir a contrarreloj no fue sano para nosotros, ni para nuestro planeta. En este sentido, muchas empresas empezaron a implementar los días de home-office para que sus empleados puedan trabajar desde sus casas, así la empresa se ahorra el costo de tener que darle durante toda una jornada un espacio adecuado al trabajador y además logra obtener los mismos o mejores resultados en la producción.
Estos días nos demuestran que lo verdaderamente importante es tener buena salud y poder abrazar a las personas que queremos. La ciudad tiene que invitarnos a ser felices, a tener paz y alegría, a disfrutar de estar en nuestras casas. Pero las ciudades también tienen que permitirnos a todos que podamos ir a trabajar sin volvernos locos. Que podamos ir a eventos, hacer deportes, encontrarnos y disfrutar de los espacios verdes, con amigos y en familia o para conocer gente nueva.
En este sentido, el urbanista Brent Toderian insiste en que, después de la cuarentena, la mejor manera de seguir teniendo las distancias adecuadas entre las personas por la calle, es sacando a los autos particulares de las áreas céntricas y privilegiando el transporte público. Las ciudades son el mejor invento del hombre, y lo seguirán siendo si son resilientes y pueden adaptarse a los cambios de estos nuevos paradigmas.
Finalmente, tomemos esta cuarentena como una muestra del mundo hacia el que tenemos que aspirar en cuanto a cuidado del ecosistema, y el punto de partida para una nueva década, donde esperemos pronto podamos volver a salir a las calles para disfrutarlas, para sentarnos a tomar un café y dejar atrás la locura que nos dominó todo este tiempo.

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