Un amor que se construyó paso a paso

Sábado 23 de noviembre de 2019 | 10:00hs.
Ramón hoy puede mostrar orgulloso su trabajo de reconstrucción. | Foto: Franco De Olivera
Todos sentimos pasión por algo en especial y hay algún objeto dentro de la casa que nos llena de orgullo, mucho más si sus detalles o acabado final fueron hechos con nuestras propias manos. Este es el caso de Juan Ramón Goiry, un docente y preceptor en una escuela secundaria de la localidad de Eldorado que tiene un gran cariño y estima por su Veloneta DKW 150. 

Las motonetas, hoy conocidas como scooter, tuvieron su momento de gloria en los años 60. Para muchos argentinos fue el acceso a su primer vehículo cero kilómetro. La Veloneta DKW 150, de 1964, la fabricó en Argentina la empresa Ernesto C. Bessone SA, que también produjo motocicletas con la marca alemana DKW.

Originalmente el modelo alemán de la Veloneta DKW era de 125 centímetros cúbicos de cilindrada y ante la necesidad del mercado argentino es que la empresa Bessone decide aumentar cilindrada a casi 150 centímetros cúbicos.

Ramón, un trabajador a tiempo completo de 52 años, tiene el privilegio de tener una reliquia dentro de su casa. Y no hace mucho empezó la tarea de restaurarla, pero la moto parece que estar recién comprada.

Amor a primera vista
Un tío de Ramón tenía en su poder la Veloneta DKW 150 un tanto abandonada y sin uso. Esto le pareció un desperdicio al hombre, que sin dudarlo decidió comprar la motoneta, hace alrededor de diez años.

“La moto estaba abandonada en un galpón que funcionaba a la vez de gallinero hace 45 años más o menos. Estaba en un estado deplorable, le faltaban muchas partes. Años atrás mi tío había tenido un accidente con un camión que le había pasado por arriba a la moto, la volvieron armar con lo poco que quedaba, y por pedido expreso de su madre no la volvieron arrancar, quedando así olvidada en ese galpón, hasta que un día cuando fui de visita la vi en ese galpón, abandonada y prácticamente fue amor a primera vista” recordó el docente. 

Desde aquel momento pasaron más de una década. Ramón la llevó a su hogar y se ocupó de restaurarla paso por paso con la constante ayuda de sus hijos y su esposa. 

“Mi familia, mis hijos y mi señora siempre fueron incondicionales en esta pasión que desarrollé por la moto. Se gastó mucho dinero, aguinaldo, sueldo, todo costaba muy caro, ya que es un motor de 1965 y se había dejado de fabricar, realmente fue muy difícil, pero restaurarla pero era mi cable a tierra”.

El motor de la Veloneta fue un desarrollo local con la experiencia del mercado interno. Este motor se usó en motocicletas, motocargas de diferentes tipos, y finalmente se lo montó en la Veloneta DKW.

Además del incremento de la cilindrada del motor se cambió el sistema de dínamo más batería para pasar a usar un volante magnético alternador. También se alargó el tubo de admisión y se reubicó el embrague en el lado izquierdo del motor. El otro cambio en el motor fue el uso de un filtro de aire en baño de aceite, antes era un filtro común.

El motor era monocilíndrico de 148,4 centímetros cúbicos con una potencia de 8,2 HP a 5.200 revoluciones por minuto. La relación de compresión iba de 6,2 a 6,4:1 con un diámetro del cilindro de 57 milímetros y una carrera del pistón de 59 milímetros.

Pieza por pieza
Muchas de las piezas de la moto Ramón las consiguió vía internet. Algunas veces tardó hasta dos años en conseguirlas, como la patada de arranque y la llave de luz. “Los logos de la moto los tuve que construir yo a mano, con mucha paciencia: dibujar, trasladar el dibujo al metal, todo tomado del modelo original. No soy mecánico ni tornero, pero hice mi mejor esfuerzo. Todo esto lo hacía en el fondo de mi casa, trabajé mucho para que quede como está hoy”.

Muchos no entendían de la pasión de Goiry por armar su moto antigua y en diálogo con El Territorio contó que muchos le decían “‘loco, comprate una moto nueva con esa plata’. Es verdad, me podía comprar una moto de 150.000 o 200.000 pesos nueva, funcionando, pero no hubiese sido lo mismo. Armarla, estar en cada detalle me hacía bien, teníamos una conexión especial. Hoy toda esa gente ve mi moto y no puede creer que lo logré, esta hermosa, funciona, es perfecta”, contó Goiry.  

Ahora hay que lucirla
A través de los años, Juan Ramón había escuchado en varias oportunidades acerca de los encuentros de autos antiguos. Un día se acercó a Oscar Navarro -presidente de los Carrosaurios de Eldorado- y le mostró las fotos del antes y del después de su moto. Navarro no dudó ni un instante en invitar a Goiry al encuentro y de esta manera Ramón y su Veloneta de 1964 participaron de su primera exposición en el marco del centenario de la ciudad, en septiembre.

“Navarro me dijo: ‘llevala si arranca o si no arranca, igual’. De todas formas, la moto ya estaba en condiciones, pero ningún mecánico la podía hacer arrancar e increíblemente un día antes de la exposición, después de 45 años, su motor cobró vida y se puso en marcha. También en el primer día de la exposición, el galpón donde estuvo recluida durante tantos se derrumbó por completo, fue como una señal de que mi moto jamás volvería a ese oscuro lugar”.     

Mientras iba reparando la moto para su aparición en público, Goiry la probaba en un camino con bajada que tiene frente a su casa: “Mi sueño era que funcione y me largaba por horas intentando que arranque”. 

Para su primera exposición, el orgulloso dueño armó a mano el cartel que anunciaba su moto, un libro con fotos y un video donde se mostraba el paso a paso del proceso de reparación de la moto y el público que asistió al encuentro quedó admirado de sus logros. 

Para su primera aparición en público, la moto de Juan Ramón estaba totalmente renovada y no sólo fue presentada en sociedad sino que además recibió su primera mención especial, por ser la joya de la familia y de pasar de ser prácticamente desechos a ser la mimada de los Goiry. 

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