Tres niños que siguen jugando

Jueves 9 de mayo de 2019 | 05:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

En 1983 Argentina celebraba la vuelta de la democracia de la mano del voto popular dejando atrás uno de los períodos más oscuros de su historia. Se retomaron diversas actividades que estaban prohibidas durante la dictadura militar e innumerables expresiones artísticas comenzaron a renacer de las cenizas y otras a ser creadas. Ese mismo año, en un rincón de la ciudad de Santa Fe, veía la luz el grupo humorístico Midachi, en un principio conformado por Miguel del Sel y Darío “Chino” Volpato, y que luego incorporaría a Dady Brieva, transformándose en un trío hasta estos días.
Conquistaron la complicidad del público rápidamente, recorrieron los teatros más importantes del país y llevaron su humor hasta otras latitudes. Y casi 36 años después estos “niños que se siguen divirtiendo sobre el escenario” conservan el apoyo incondicional de su público.
Así sucede también en Misiones donde el trío trajo el año pasado su último espectáculo -Midachi Kindon-, y es a la capital provincial donde volverán mañana con un show renovado con dos funciones seguidas, a las 20 y a las 22, en el auditorio del Instituto Montoya.  Pero antes harán hoy una parada en Oberá para presentarse a las 21.30 en el Parque de las Naciones en el marco de los 40 años de la Fiesta Nacional del Inmigrante.
Es así que el Chino Volpato charló con El Territorio sobre el espectáculo, su trayectoria y la clave para mantenerse vigente.

¿Qué les produce el cariño de la gente?
Este show que empezamos a hacerlo en el 2017, Midachi Kingdon, que ahora simplemente lo llamamos Midachi 35 años, estamos de gira desde principio de año en nuevos lugares del país y estamos repitiendo algunos, como en este caso Misiones. Posadas y Oberá son dos lugares importantes para el trío porque la gente se divierte mucho con nosotros, la predisposición para ir, para participar del show en el que tenemos mucha interacción con el público no sólo con las pantallas.
En los espectáculos de Midachi esa cuarta pared no existe sino que hacemos de cuenta que estamos en el living de una casa y todos participamos. Es un espectáculo bien preparado pero que también deja espacio para la improvisación, que es una parte muy importante del código Midachi, jugar y que no se vuelva reiterativo; no sólo para nosotros sino también para el público que va más de una vez a vernos en el transcurso de muchos años.

¿Qué hace que Midachi se mantenga vigente?
Creo que no es una sola cosa, sino un montón de cuestiones que tiene que ver con haber aparecido en un momento importante en la vida de los argentinos; en el 83, cuando retorna la democracia a nuestro país. Ahí nace no solamente Midachi sino también otros grupos que aparecieron o vieron la luz como Soda Stereo y otros grupos musicales que antes no tenían la libertad de expresión.
Por eso la gente estaba ávida de cosas nuevas, de volver a identificarse. Quizás nosotros le dimos una impronta al espectáculo, nos habían denominado como una estudiantina y con el tiempo la fuimos profesionalizando hasta los días que corren. Hemos incorporado y hemos invertido mucho en nuestros shows, en su momento con bandas en vivo, con escenarios rotativos, con luces en sintonía con la música y efectos en el sonido cuadrafónicos. Nosotros hemos advertido que no solamente hacemos reír sino que la gente debe observar una estética que le llame la atención, que le sorprenda.

¿Cómo se complementan?
A lo largo de los años nuestra experiencia no solo como trío sino también la particular con otro tipo de trabajos como Dady en la televisión, el cine y la radio; lo mismo Miguel y yo produciendo espectáculos, eso nos ha dado un valor agregado importante en nuestras carreras y en nuestra experiencia artística. Entonces cuando nos juntamos lo volcamos todo y cada uno va trayendo lo suyo. Cuando hacemos un espectáculo todos tenemos que aportar, todos tenemos que jugarnos a opinar.

¿Cómo es la relación entre los personajes y el público?
Con el tiempo hemos crecido con ciertos personajes, como Drácula, Chino Sensación, La Tota, Mercedes;  y han crecido tanto que los hemos utilizado para que estén en diferentes áreas del espectáculo, no sólo como personaje en sí.
Tratamos de dejarlos no sólo por conveniencia sino porque la gente nos lo pide porque quiere recordarlos o porque se renueva bastante nuestro público. Tenemos uno que es fanático que nos sigue desde hace bastante y otro que nos fue descubriendo en estos últimos tiempos a través de las redes sociales, que son chicos jóvenes. 

Arriba del escenario se nota la confianza que se tienen…
Nos tenemos mucha confianza. Nos hacemos en cierto momento bullying entre nosotros pero no nos molesta para nada, demostramos molestia pero en realidad son cosas tan naturales que nos divertimos también cuando la gente se divierte a partir de lo que le queremos contar. Sinceramente construimos una relación no sólo madura sino de tres niños que todavía subimos al escenario y nos divertimos.

¿Cómo ven al humor en la actualidad y cómo se van adaptando a los tiempos?
Sentimos que en el transcurso de todo este tiempo no hubo de nuestra parte una agresión ni cuando tuvimos en el escenario bailarinas. Creo que también porque en ese momento no se tenía en cuenta este tipo de cosas como la cosificación de la mujer ni tantas otras cosas que en el último tiempo han tomado una estructura y una formalidad de respeto que se debe tener hacia ambos géneros.
En el humor y en la improvisación hay algunas veces que uno puede llegar a decir algo fuera de lugar. En este caso nosotros sentimos que hemos sido bastante respetuosos porque sentimos que así debe ser, si cometemos algún acto fallido seremos los primeros en pedir disculpas pero creo que el humor, como dice Dady, todo remate o toda acción de un humorista que se tenga que filtrar deja de ser chistoso, entonces es preferible no hacerlo.
Estas son las conductas que nosotros como humoristas populares vamos entendiendo, aprendiendo y sentimos que debe ser así. Sentimos que no hemos agredido puntualmente a nadie y no hemos tenido tampoco ningún reproche. 

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