Tres fotos de sombra

Domingo 19 de enero de 2020 | 06:30hs.
Imagen Ilustrativa
Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

Le propongo imaginarse tres fotos que puede salir a tomar hoy mismo si quiere. No se las voy a mostrar porque prefiero relatárselas, aunque seguramente una de ellas documentará esta columna en su versión digital.

Foto 1. Tres tristes vacas flacas en fila buscan la sombra de un arbolito solitario en un potrero de Corrientes. Como esa, en un día soleado de verano, se pueden tomar 500 fotos parecidas en los 300 kilómetros de la ruta 12 que separan Posadas de Corrientes, y habrá parecidas en Chaco, Formosa, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero… Las vacas y los caballos sufren con los rayos del sol como todos los mamíferos, como usted y como yo, y por eso en cuanto encuentran una sombra tratan de aprovecharla para descansar del calor; pero resulta que no alcanza porque los potreros en los que pastan no tienen sombra. A la vera de las rutas se las ve buscando tregua en los carteles, pero más allá apenas un miserable arbolito consigue darles sombra a algunas de ellas. La regulación de la temperatura del cuerpo se lleva gran parte de la energía que debían usar para engordar, y así, a pleno sol, cuesta mucho más tiempo y trabajo producir carne o leche. Con un poco de sombra la producción mejora notablemente, por eso no se entiende por qué los potreros no tienen sombra suficiente para la hacienda que pasta en ellos. Puede ser pereza o puede ser ignorancia, pero sobre todo es poca inteligencia para hacer negocios.

En Misiones, por suerte para el ganado y sus propietarios, se va imponiendo la cultura silvopastoril en la que conviven la hacienda y el monte. No es una novedad en la historia de la ganadería: en toda Europa y especialmente en España, donde hace más calor, si el ganado no vive en establos, pasta en dehesas salpicadas de encinas o alcornoques que les dan la sombra que necesitan. A su vez, las encinas dan bellotas a los cerdos y los alcornoques corcho a los vinos. Ya se ve que no es un invento local la explotación silvopastoril que hoy se está imponiendo en Misiones para que convivan en buena armonía árboles y animales.

Foto 2. En la avenida Rademacher, entre Trincheras de San José y la avenida Mitre, está la parroquia de San Vladimiro. Hace ya unos años, cuando se instalaron tres cúpulas doradas en la iglesia, talaron cuatro añosos ibira-pytá solo para que se puedan ver en todo su esplendor las nuevas cúpulas relucientes. En defensa del párroco, hay que decir que fue antes de la encíclica Laudato-si’ de Francisco, pero también hay que decir que haber terminado con la sombra en esos metros de la avenida Rademacher es una macana del tamaño de la iglesia y sus tres cúpulas. No es el único caso en Posadas, donde cada frentista decide talar los árboles de su vereda como si fuera dueño absoluto y después busca sombra en frentes ajenos para estacionar su auto.

Las autoridades municipales deberían elaborar un plan maestro para conseguir que haya sombra en todas las calles y veredas de Posadas y entregar a los frentistas los árboles para que los planten y mantengan durante los próximos… 400 años. Hay que multar al que se le muere o estropea un árbol y obligarlo a plantar uno nuevo (de paso esas multas pueden reemplazar algún impuesto ridículo).

Foto 3. La chacra 78: una propiedad privada que todos llaman El Acuerdo y que quizá haya visto muchas veces al pasar por la avenida San Martín, entre Bustamante y Andresito. El Acuerdo es un pedazo de monte misionero que va quedando en medio de la ciudad, que debe preservarse en la medida de lo posible, haciendo compatible la voluntad de sus propietarios con las necesidades de oxígeno y sombra de los posadeños. El Acuerdo también tiene unos cuantos eucaliptos, una especie que no tiene nada que hacer en Misiones, pero por lo menos dan sombra.

Un último pedido, esta vez a Emsa: los intrusos son los cables, no los árboles: ¡déjenlos en paz!

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