Transforman la arcilla en objetos sonoros

Domingo 26 de mayo de 2019
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

La frase “paciencia de artesano” toma un significado fuerte cuando se observa trabajar a Rossana Rinaldi y Luján Oliveira, ambas ceramistas de la tierra colorada que empezaron a probar -desde hace no mucho tiempo- con producir instrumentos de viento y percusión.
“El material que usamos es la arcilla, locales y de otros lugares. Lo que venimos estudiando hace un tiempo es la sonoridad de las pastas que usamos porque no todas las arcillas suenan de la misma manera”, explicó Rinaldi y agregó: “Es decir, estamos haciendo una investigación sobre el sonido de las pastas y además sobre el sonido de las formas y ahora estamos explorando instrumentos de viento y de percusión de distinto tipo”.
Luján, Rossana y otras artistas exponen hasta el jueves en el museo Juan Yaparí de Posadas en la muestra conjunta Mujeres Trashumantes. Es allí donde muestran los distintos instrumentos de viento y percusión que fueron haciendo durante estos dos años. Cada uno llama la atención por su particularidad e invita a ser tomado con las manos y probados.
Fue con esta apertura hacia el afuera que estos instrumentos prehispánicos como vasijas sonoras, silbadoras y ocarinas, flautas de distintos tamaños, o instrumentos de percusión africanos como udus, kalimbas, entre otros, que la gente empezó a interactuar con ellos y a descubrirlos.
“Nosotras recién estamos empezando, con esta muestra en el Yaparí hemos tirado toda la carne al asador, hemos puesto una variedad de objetos a disposición que mucha gente acaba de descubrir. Fue la Escuela de Música y los chicos no podían creer porque hacía un montón de años que estaban buscando eso que veían ahí”, contó Rossana.

Prueba y error
Las mujeres toman la arcilla con delicadeza y con las herramientas, que muchas veces son de invención propia según la necesidad que se les presente, van haciendo orificios cuidadosamente y soplando por allí. Si se escucha un sonido es celebrado y si no, a empezar de vuelta cuantas veces sea necesario. A ellas les gusta lo que hacen y por eso no reniegan de volver a empezar. 
Fue de un viaje a México que las artesanas trajeron unos objetos sonoros y comenzaron a investigar cómo hacerlos. Con la ayuda de la antropóloga, arqueóloga y ceramista Karina Garrett, que les dio un taller de vasijas silbadoras, fueron interesándose cada vez más en estas creaciones.
“A partir de aprender ese sistema acústico, entendimos el funcionamiento de un montón de otros instrumentos. Es cierto que si vos tenés una concepción de la música, sabés algo, es mucho más simple entender la manera del manejo; si alguien no tiene nada de oído es mucho más difícil que construya instrumentos porque le cuesta entender la sonoridad”, explicó Rinaldi.
Por su parte, Luján contó que cada pieza por ser diferente tiene su proceso de construcción. En primer lugar se arma la caja sonora, luego se elige si se va a pintar, decorar y qué más se le va a agregar.
“Es un proceso largo porque también tiene un tiempo de secado, un tiempo de ver si funciona porque a veces lo terminás de hacer y no suena y hay que hacer todo de nuevo. La cerámica es un material muy dúctil con la que podés hacer cosas desde muy chiquitas y darle diferentes formas, texturas”, rescató Luján.
Las ceramistas sostienen que un instrumento debe tener dos cosas, por un lado buen sonido para que pueda ser usado de manera profesional, y por el otro también deber ser una pieza bella. “Eso también es importante porque la parte escultórica del objeto hace que llame la atención y alguien quiera tenerlo aunque no sepa nada de música, aunque sea como un adorno”, dijo Rossana para cerrar.

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