Tragedia de Austral: A 22 años, el pedido de justicia se fortalece

Jueves 10 de octubre de 2019 | 07:00hs.
El impacto del avión contra la tierra provocó un cráter de unos diez metros de prófundidad.
Cuidado con el sol

Jorge Posdeley

Por Jorge Posdeley fojacero@elterritorio.com.ar

“Me llamaron y me dijeron, cuando ellos ya sabían lo que había pasado, que el vuelo estaba desaparecido. Me llamaron más o menos a las 00.30; entonces fui a Aeroparque, a la sala de pilotos, y nadie me quería decir lo que había pasado”. 
El testimonio le corresponde a María Elena Blanco, quien esa noche del 10 de octubre de 1997 esperaba, como otras 73 esposas, madres, padres, hermanos e hijos, a sus familiares que habían tomado el vuelo 2553 desde Posadas con destino a Buenos Aires. 
Sin embargo, la aeronave que transportaba 69 pasajeros y tenía 5 miembros en su tripulación nunca llegó a destino y se pulverizó al precipitarse a tierra. 
El siniestro se transformó en la mayor tragedia aérea de la historia del país y desde esa fatídica noche, la vida de 74 familias argentinas se modificó para siempre, iniciándose una lucha de más de décadas repletas de dolor, impotencia y también bronca frente a todo un aparato político/judicial que casi siempre miró para otro lado. 
El avión DC9-32, matrícula LV WEG, debía partir del Aeropuerto General San Martín de Posadas ese 10 de octubre a las 20.20, pero recién lo hizo a las 21.15. 
Su destino era el Aeroparque Jorge Newbery, de la ciudad de Buenos Aires, pero la nave ingresó a una zona de tormenta en cercanías a Gualeguaychú y el piloto decidió realizar un desvío. 
La última comunicación registrada de parte de la tripulación fue a las 22.10 y en ese momento los radares lo perdieron de vista. 
Antes de ello, habían solicitado en varias oportunidades autorización a Ezeiza para aterrizar, pero como respuesta obtenían que debían hacer contacto con la base de Montevideo, ya que estaban volando sobre espacio aéreo de Uruguay, pero el piloto no escuchaba a la base y seguía insistiendo en su pedido de descenso hasta que se oyó el estremecedor grito de “¡Dios mío! ¡No, carajo! ¡Nos matamos!”.
Los restos del avión fueron encontrados en horas de la madrugada siguiente, en una estancia de Nuevo Berlín, a unos 32 kilómetros de la ciudad uruguaya de Fray Bentos. 
Se estima que la nave viajaba a unos 10.000 metros de altitud y que en plena caída se registró un aumento de velocidad que pasó de 300 a 800 kilómetros por hora en cuestión de tres segundos, mientras que el impacto a tierra se habría dado a 1.200 kilómetros por hora. 
El impacto dejó un cráter de unos 70 metros de largo y 10 de profundidad. No hubo sobrevivientes.
“Yo en realidad me enteré de lo que había pasado porque había un televisor prendido y a eso de las 4 de la mañana Crónica anunció el accidente y que no había quedado nada”, recordó Blanco, viuda del comandante Jorge Césere, uno de los tripulantes de la nave.
Tanto para los familiares de los tripulantes como de los pasajeros, la empresa -que en ese momento dependía de la española Iberia- y los organismos de control son responsables de la tragedia porque consideran que la nave no estaba en condiciones de volar. 
Según determinó la pericia realizada por investigadores uruguayos, la nave no contaba con la alarma que se requiere para la precaución sobre fallas en el funcionamiento de la calefacción de los tubos pitot y ese fue uno de los principales motivos del siniestro. 
Sin embargo, estas conclusiones  actualmente están siendo confrontadas en el juicio que se realiza en Comodoro Py desde fines de marzo por un coloquio de peritos que jornada tras jornada abordan distintos tópicos vinculados al caso.
Por ello, este aniversario es, de alguna manera, especial, ya que después de 22 años la causa por fin está siendo ventilada en instancia de debate oral y público con 35 imputados en el banquillo de los acusados. Es en este contexto que El Territorio elaboró un informe especial sobre el hecho y, además de recuperar el archivo para volver a contar el caso, también aporta un resumen de las primeras 19 jornadas del juicio -que aún no ingresó a la etapa de testimoniales y que podría culminar recién el año que viene- y el testimonio de familiares de las víctimas. 

“Ellos ahora vienen a juzgar algo con el diario del lunes”

“Todos los 10 de octubre son una fecha dolorosa, porque rememoramos ese acontecimiento tan trágico. Este año es especial porque estamos transitando el juicio, pero son 22 años sin justicia, 22 años viendo cómo día a día los diferentes políticos, sean del partido que sean, miran hacia otro lado y siguen haciendo negocios turbios sin importarles la seguridad aérea, o sea la vida de la gente, 22 años que venimos padeciendo y viendo cómo los jueces son serviciales a los intereses políticos de turno”, expresó María Blanco en diálogo con este matutino. 
Blanco es una de tantas familiares de víctimas que asiste al juicio y sobre el proceso expresó que “22 años después tenemos que escuchar cómo un grupo de peritos quiere salvar a una empresa que no cumplía con la reglamentación vigente y que falsificó documentación relativa al aeronave. Hace siete meses venimos escuchando sus declaraciones queriendo demostrar que el accidente fue por otra causa, que la alarma no era importante, que los pilotos deberían haber hecho esto o lo otro, y lo desarrollan como si esos últimos cuatro minutos hubiesen sido cuatro horas”.
Para la viuda del piloto Jorge Cécere, en el juicio se están analizando diversas cuestiones con parámetros, condiciones y normativas completamente diferentes a las que se registraban en 1997. “Por ejemplo, la instrucción que se le da a los pilotos es totalmente diferente a la de hace 22 años porque, justamente, lo que se busca cuando se investiga un accidente es que no vuelva a ocurrir y se modifican cosas. Ellos ahora vienen a juzgar algo con el diario del lunes y encima 22 años después”, apuntó. 
En el mientras tanto, al igual que durante estas más de dos décadas, las familias continúan con una herida abierta que pretenden cerrar con este juicio. “Nosotros seguimos velando, con una herida abierta. Si bien el recuerdo seguirá existiendo toda la vida, pero terminar con esto sería una manera de cerrar una etapa”. 
Para Blanco, esa noche del 10 de octubre y la madrugada siguiente fue el “momento más triste de mi vida”.
“Después de enterarnos de lo que pasó, pusieron un avión para ir a Fray Bentos diciendo que había sobrevivientes. Han hecho cosas terribles. Incluso los llevaron en el avión -a familiares de víctimas- y los dejaron tirados en Fray Bentos. Mucha gente fue sin dinero, pensando que los iban a volver a traer. Han tenido comportamientos terribles, la verdad que también habría que juzgarlos por el comportamiento que tuvieron, al margen del accidente”. z

“Son 22 años de una pausa en nuestras vidas”

Quien también habló con este matutino fue Yamila Nahir Williams, hija de Rubén, que al momento del hecho era una niña de apenas 12 años y ahora elabora un documental sobre la tragedia que enlutó al país. 
“Esta tragedia fue un quiebre total en la vida de todos nosotros, de un segundo a otro, por un hecho de corrupción, 74 familias quedaron partidas al medio, algunos sin mamá, otros como yo sin papá, hermanos, hasta familias enteras se perdieron en ese fatídico vuelo”, señaló.
Yamila también asiste a los audiencias del juicio cuando puede y tiene sus propias conclusiones. “Es un momento muy importante y muy duro para todos, después de 22 años sentarse a escuchar a los peritos repetir una y otra vez que simplemente se tendría que haber hecho esto o lo otro y nadie hubiera muerto. Es doloroso e injusto pasar por todo esto”, indicó.
De igual forma, para Yamila el hecho de haber llegado a juicio ya es un logro, aunque espera que el caso no quede impune. 
“Lamentablemente en un país como en el que estamos viviendo, la Justicia es realmente un logro. La causa estuvo a punto de prescribir y después de 22 años logramos sentar a los imputados, muchos de ellos españoles, en la sala de audiencias. Lo principal es que los culpables no queden impunes, por nosotros y por todos los que estén pasando por situaciones similares. Llegar a este momento es difícil y doloroso, son 22 años de una pausa en nuestras vidas, todavía no pudimos hacer el duelo de nuestros familiares en paz. Y, también, ojalá este juicio abra una nueva etapa en la Justicia en Comodoro Py y en Argentina”, reflexionó.
Para el aniversario de esta ocasión, los familiares tienen previsto viajar a Fray Bentos y estar en el lugar exacto de la tragedia. El viaje está pautado para el sábado, pero puede postergarse hasta el próximo fin de semana por cuestiones climáticas. 
Yamila irá y aseguró que “volver ahí es muy fuerte, es el último momento en donde estuvieron ellos. Muchos de nosotros ni siquiera podemos pensar en la idea de ir ahí, sin justicia ni siquiera podemos ir a ese lugar en paz”. 
La joven no irá sola, llevará todos sus elementos de trabajo para continuar recolectando material para el documental que está preparando hace años, entre ellas varias fotografías que gentilmente también aportó para este informe. 
“El documental surge de la necesidad de buscar justicia. Comenzó cuando todavía no teníamos fecha de juicio y nadie nos aseguraba que esto pase. Surgió también de la necesidad de encontrarse con pares y de sentir que uno no era el único en el que su papá había muerto en un accidente de avión”, explicó. 
Y continuó: “En su momento no había redes sociales y la lista de contactos eran números de teléfono que ya no están en uso. Entonces usando las redes sociales empecé a buscar a otros hijos, que también quisieran expresar sus sensaciones de vivir toda una vida en búsqueda de la justicia. Y así fue como hace unos años éramos dos o tres y ahora somos más de 20. Este comienzo de juicio nos encontró mas unidos que nunca, con la fuerza renovada de hijos ya adultos. Este proyecto multiplataforma hace un recorrido a cómo es vivir toda una vida, llevando a cuestas semejante tragedia, un juicio que tardó más de 21 años en llegar y con los responsables todavía impunes”. 

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