Tradiciones con sentido

Sábado 8 de diciembre de 2018
María Marta Fierro

Por María Marta Fierro mfierro@elterritorio.com.ar

Hoy 8 de diciembre marca para muchas familias el día de armar el arbolito de Navidad. Otros cumplen el rito con el comienzo de diciembre. Días más, días menos, las fechas han ido cambiando con el paso del tiempo. Y hay abuelos que recuerdan que en su infancia, el mismo 24 de diciembre, hacían salir a todos los chicos de la casa y cuando volvían encontraban el arbolito adornado con velitas de verdad, encendidas.
En las vidrieras de muchos negocios, los adornos navideños están visibles desde noviembre. Hay quienes atribuyen esta premura a la importancia cada vez más comercial de estas fiestas religiosas, que sin embargo se celebran más allá de las creencias. Algo de eso hay, pero generalizar esta afirmación es ir demasiado lejos.
En la avenida San Martín de Eldorado, en pleno kilómetro 9, se encuentra una tradicional óptica. Allí, el 22 de noviembre, más de un mes antes de la Navidad, decoraron las vidrieras para las fiestas. Imposible pasar por delante sin detenerse. En cada uno de los escaparates se muestran coloridas casitas, pinitos navideños, corazones en blanco y rojo colgando desde el techo y hasta un Papá Noel, todo confeccionado completamente con galletitas alemanas. Merengue, chocolate, confites multicolores, granas, almendras; como la casita del cuento de Hansel y Gretel, pero en miniatura.
La masa para las casitas sigue una exquisita receta que la dueña anota detalladamente a quien pregunta. Un kilo de miel, dos mantecas, 800 gramos de azúcar. Además un vaso de cerveza y tres cucharaditas de amoníaco, ocho huevos batidos, dos kilos de harina común, 100 gramos de cacao y una mezcla de especias traída de Alemania que combina cardamomo, jengibre, canela y clavo de olor. Todo esto se procesa en meticulosos pasos y debe reposar al menos un día en la heladera. Después hay que dibujar los moldes en papel, cortar las piezas en la masa y hornearlas. Las paredes, techos, puertas y ventas se pegan con una preparación de clara de huevo y azúcar impalpable. Y hay que ir armando paso a paso, dejando 24 horas hasta que cada etapa quede firme, antes de pasar a la siguiente, para que las estructuras no se desarmen. Armar todo para las vidrieras de la óptica les llevó una semana de trabajo. ¿Una semana armando casitas de galletitas de chocolate simplemente por una motivación comercial? Difícil. La cantidad de horas destinadas a la tarea y el entusiasmo con el que explican la receta habla a las claras de que la actividad tiene un sentido profundo y valioso para ellos.
En tiempos en que la innovación manda en todos los campos y todo se revisa para descartar lo que ya no suma, es fundamental empeñarse en conservar lo que todavía tiene sentido. Las tradiciones muchas veces permiten conectarse con recuerdos queridos, con las ilusiones de la infancia, y transmitirlas a los más chicos y jóvenes, ayudándolos a construir sus recuerdos futuros. Las tradiciones permiten sentirse y hacerse parte. Transforman los gestos de la vida cotidiana en momentos trascendentes.
Hoy, como tantos 8 de diciembre, la asociación Renacer encenderá su tradicional árbol navideño en la plazoleta de avenida Mitre. Son padres que han perdido a sus hijos. Y que sin embargo encuentran en ese gesto un motivo para renacer.

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