Sudamericana: Independiente dio vuelta el resultado y venció a Independiente del Valle 2 a 1

Martes 6 de agosto de 2019 | 23:41hs.
Fútbol
Los 9 tienen esa capacidad de convertir la nada en todo, la desazón en alegría y el infierno en... Bueno, para el Diablo en un infierno encantador. Entre los enojos de la previa por el poco descanso entre el último juego de Sudamericana y el de este martes ante su homónimo ecuatoriano, el VAR que le negó la ventaja en el primer tiempo y el horror de Benítez que pudo haberlo dejado nocaut para la vuelta, la aparición de Romero fue poética. El Chino le cambió el final a un cuento ídem y, con dos goles que lo volvieron a amigar con la gente, permitió que Independiente piense en visitar la altura de Quito con otro color.

Asumiendo la localía y el favoritismo, el Rojo salió a ser protagonista y a ahogar a un rival que llegó al país siendo víctima de la desorganización de la Conmebol (planificó el traslado a último momento y su delegación arribó a Argentina en nueve grupos después de jugar el sábado por el torneo ecuatoriano). Y logró maniatarlo con una presión alta comandada por sus delanteros y Pablo Hernández. De hecho, los mejores momentos de los de Beccacece surgieron cuando recuperó arriba de la mano del volante tucumano y agarró mal parada a la visita. Sin embargo, siempre le faltó acertar en el último pase para quedar mano a mano con Pinos, el arquero de Independiente del Valle. Salvo en los primeros quince minutos, cuando lo tuvieron Palacios, Chávez y Pizzini, al Diablo le costó meter la cola y fue perdiendo precisión con el correr de los minutos. Hasta que de una pelota parada encontró la ventaja tras un par de rebotes que terminó concretando el Negro que impuso que los de Avellaneda volvieran a jugar con un 9. Festejo, desahogo y alegría empañada segundos después porque desde el VAR le avisaron al juez Haro que Hernández, en offside, interrumpía la visión de Pinos. Los hinchas mandaron a la Confederación Sudamericana a ver a su madre pero Nicolás Gallo, árbitro VAR, tenía razón.

Tal vez el mérito del Rojo fue no haber perdido la cabeza ni entrar en la locura que contagiaban las cuatro tribunas. Siguió presionando, yendo al ataque sin suerte pero a la vez manteniendo el orden defensivo, la máxima virtud de la era Beccacece, y los ecuatorianos prácticamente no inquietaron.

El tema es que hay determinados imponderables que una defensa sólida no puede salvar. Mucho menos cuando salen de cualquier tipo de lógica. Y un error garrafal de Benítez, quien hasta ahí venía haciendo un buen partido, le complicó la existencia al dueño de casa. El 10 con pelota dominada y tiempo de sobra a pesar de estar cerca de su área ¡le tiró un centro a Sánchez, del rival! El 15, certero, no falló como lo había hecho en el inicio del ST y la mandó a guardar.

Aunque el fútbol tiene estas cosas. Te saca por un lado y te da por otro. Y en el momento de más confusión de Independiente, Silvio Romero lo sacó del infierno: generó la falta del penal que luego él mismo cambió por gol. Beccacece fue por más con el ingreso del purrete Velasco sabiendo que el resultado no es bueno para ir a definir a Quito y tuvo premio porque un anticipo genial del Chino sobre la hora le devolvió la sonrisa al Rojo, que deberá bancar la ventaja en la altura, el próximo martes.

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