Sobrevivientes de la masacre en Nueva Zelanda relatan su calvario

Domingo 17 de marzo de 2019
En las afueras de ambas mezquitas atacadas se depositan ramos de flores para rememorar a los asesinados.
Habían caminado juntos ese tramo inofensivo tantas veces. Cada viernes, Yasir Amin y su padre transitaban esa vía con dirección a la mezquita donde rezaban juntos, en paz, una rutina tan tranquila y cotidiana que Amin quedó casi cegado por la confusión cuando un hombre llegó con un arma desenfundada.
Amin y su padre, Muhammad Amin Nasir, estaban a 200 metros de la mezquita de Al Noor el viernes cuando todo sucedió. No tenían idea de que un supremacista blanco había matado a por lo menos 41 personas dentro de los pasillos sagrados de la mezquita, o que más personas morirían en una segunda mezquita poco tiempo después. Lo único que sabían era que un automóvil que había pasado junto a ellos se detuvo repentinamente. 
Un hombre se asomó por la ventana del vehículo, apuntándoles con un arma. “¡Corre!”, gritó Amin. Empezaron los disparos. El hombre comenzó a correr. Pero a los 67 años, Nasir no pudo mantener el ritmo de su hijo de 35. Por lo que se rezagó, por dos o tres fatídicos pasos. En medio de las ráfagas, Amin volteó para gritarle a su padre que se acostara en el suelo. Pero Nasir ya estaba cayendo. El agresor se fue y un charco de sangre comenzó a salir del cuerpo de Nasir. “¡Papá!”, comenzó a gritar Amin.
Amin nunca había visto a una persona baleada. Dejó Paquistán para mudarse a Christchurch hace cinco años y fue acogido por una ciudad multicultural que se sentía como el lugar más seguro en la tierra. Su padre, que cultiva hortalizas, trigo y arroz en Paquistán, también se dejó seducir por la naturaleza de una ciudad en el fondo del mundo. Y así, Nasir empezó a visitar más seguido a su hijo, a veces pasando hasta seis meses en Nueva Zelanda para después regresar a Paquistán para atender su cosecha. Nasir llevaba sólo tres semanas en su visita más reciente cuando recibió tres disparos en la calle de la ciudad que había adoptado como su segundo hogar. Desde el suelo, Nasir miró a su hijo, sin poder hablar, con lágrimas descendiéndole por las mejillas. Amin corrió a su auto para tomar su teléfono y llamó a la policía.
Los agentes llegaron al poco tiempo y en cuestión de minutos padre e hijo estaban en una ambulancia rumbo al hospital. Nasir siempre había sido más que un padre para Amin. Cuando tenía seis años, su madre murió lo que dejó a Nasir encargado del pequeño junto a sus otros cuatro hermanos. Nasir se convirtió en madre y padre, en un recurso confiable de risas y con un gran corazón. Adoptó a la nueva comunidad de amigos de su hijo en Nueva Zelanda como si fueran su propia familia. A su vez, la comunidad le abrió los brazos a un nivel que al principio lo confundió. Nasir continúa en un coma inducido con heridas graves, aunque su condición se ha estabilizado. Las balas perforaron su hombro, pecho y espalda. 

Critican a los fanáticos musulmanes

Las “cajas negras” del Boeing que se estrelló con 157 personas a bordo en Etiopía serán enviadas a Europa para su análisis, confirmó un vocero de Ethiopian Airlines ayer, mientras gran parte del mundo suspendía o prohibía los vuelos con el modelo siniestrado y las familias de las víctimas llegaban al lugar de la tragedia. Preguntado por The Associated Press, Asrat Begashaw declinó concretar a qué país se enviarán los dispositivos que registran los datos de vuelo y las voces en cabina. En una entrevista previa, señaló que la aerolínea tenía “varias opciones”. “Lo que podemos decir es que no tenemos la capacidad para investigarlas aquí en Etiopía”, añadió. Un funcionario de la aerolínea había dicho antes que una de las “cajas negras” estaba parcialmente dañada. El Boeing 737 Max 8 se estrelló seis minutos después del despegue el domingo, matando a las 157 personas que iban a bordo. El desastre es el segundo de un aparato de este modelo en apenas cinco meses. Aunque algunos expertos en aviación advirtieron que no deben sacarse conclusiones anticipadas.


Un héroe que logró evitar una matanza aún peor

Mientras un hombre armado avanzaba hacia la mezquita, matando a disparos a quienes estaban a su paso, Abdul Aziz no se escondió. En lugar de eso, le arrojó lo primero que pudo encontrar, una máquina para cobros con tarjetas de crédito.  
Salió corriendo y le gritó “¡Ven aquí!”. Aziz fue calificado de héroe por prevenir que hubiera más muertes durante las oraciones del viernes en la mezquita de Linwood en Christchurch, después de haber atraído al pistolero a una persecución tipo gato y ratón, antes de hacer que se alejara a toda velocidad en su auto.
Sin embargo, Aziz (48), cuyos cuatro hijos y decenas de personas permanecieron en la mezquita mientras se enfrentaba al pistolero, no cree que sea un héroe.
Dice que eso es lo que cualquiera habría hecho.
El hombre armado mató a 49 personas después de atacar dos mezquitas en el tiroteo más mortífero de la historia moderna de Nueva Zelanda. Se cree que el pistolero mató a 41 personas en la mezquita de Al Noor antes de conducir unos cinco kilómetros a través de la ciudad y atacar la mezquita de Linwood, donde mató a siete personas más, dejando más de una veintena de heridos. Una persona murió más tarde en un hospital.
El supremacista blanco Brenton Tarrant (28), fue acusado de los asesinatos y un juez aseguró ayer que era razonable asumir que le agregarán más cargos.
Latef Alabi, el imán en funciones de la mezquita de Linwood, dijo que el número de muertos habría sido mucho mayor en su mezquita si no hubiera sido por Aziz. 

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