“Siempre me sentí un privilegiado”

Viernes 16 de agosto de 2019
Ricardo Mario Darín Bas, más conocido como el Chino Darín, se dio el gusto (mutuo, por cierto), de trabajar junto a su papá, Ricardo, en la última película de Sebastián Borensztein, La odisea de los giles “Hay proyectos con los que estás feliz con el resultado y otros con los que no. En este caso estamos todos felices y de alguna forma sentimos que hay algo recíproco que nos carga de energía”, dijo el joven actor en el marco de una conversación intimista, en donde repasó su trabajo en el filme -del que además es productor-, sus comienzos, su experiencia como actor, la relación con sus padres y su vínculo con España.

¿Cómo vivís todo lo que te va sucediendo? ¿Con serenidad o de manera vertiginosa?
Soy bastante reflexivo en cuanto a cómo vivo las cosas, cómo me afectan, cómo me predispongo. Trato de que este camino, más allá de la profesión, esté ligado a mi vida directamente.

Te propusiste, en algún momento, estudiar ingeniería ¿Querías ir en contra del mandato familiar? 
Había una parte de rebeldía. En esa época en la que hay que hacer definiciones o al menos eso pretende de vos el sistema, la familia, los amigos.

¿Cuántos años tenías?
Fue entre mis 16 y 18 años, cuando todos empiezan a definirse, saber lo que les gusta, qué quieren ser, a tomar decisiones que parecen para toda la vida. A mí eso me llenaba de vértigo, yo no puedo decidir algo para toda mi vida. Después entendí que la vida es experimentación y que uno se puede permitir experimentar. Al menos me lo planteé así y hasta ahora lo vengo logrando. No tengo certezas definitivas pero ser actor es algo que me gusta.

Lo elegiste porque a vos te gusta
Lo estoy eligiendo constantemente y está bueno incluso con relaciones personales, cuando tenés la oportunidad de elegir y ver a la otra persona. Tiene que ver con el día a día, proyecto a proyecto, con ir avanzando y no sentir que estás en una cinta transportadora que no te podés ni salir, ni frenar. Y me recargo de cierta autoestima también, no sentir que es algo dado, que está predestinado.

¿Era importante poder diferenciarte de tu papá?
Sí, era importante para mí, también por eso en la secundaria buscaba otras cosas, buscaba salirme de lo familiar en general, hacer lo mío. También es importante tener un papá y una mamá que te ayuden, que te den una plataforma. Mi mamá es una persona muy concreta, muy pragmática, yo tengo un poco de eso, además viene de una familia que le ha dado mucha libertad. Ella también hizo lo mismo. Es la persona más férrea que conozco en cuanto a apoyar a los suyos, acompañar sin ahogar. La verdad, mi vieja es el soporte número uno. Mi viejo, por otro lado, me ha dado la libertad en lo que fuera, incluso cuando le hablé de hacer cosas que no tenían nada que ver con esto. Hablo mucho con ellos, me conocen muchísimo también. A veces siento que mi familia me conoce mejor que lo que yo me conozco.

En España te enamoraste...
Me enamoré. Me tocaba trabajar con Úrsula (Corberó) en la serie, que se llamaba La embajada. Yo tenía pensado terminar y volver para Buenos Aires y acabé metido en este berenjenal.

¿Y cómo te llevás con este amor a larga distancia?
La verdad, lo venimos llevando bastante bien. Pasamos momentos de zozobra, porque la primera vez que no te ves en una semana es una cosa, la primera vez en un mes es otra y un mes y medio ya es “uff”. Un mes te diría que es normal y hasta sano, tiene algo muy bueno, muy renovador y extrañarse está bueno, porque genera esto de elegirse también.

¿Pensás en formar una familia?
Siempre pienso en formar una familia. Siempre tuve la idea. Pepe Monje me dijo una vez una cosa: “Qué guacho, tenés cara de haber vivido una vida feliz”. Por un lado me generó alegría de ser así y por otro angustia. Me generó cierta angustia existencial que es algo con lo que convivo hace mucho tiempo, siempre me sentí un privilegiado y soy consciente de eso. Me encantaría, si formo una familia, que mis hijos sean tan felices como lo fuimos mi hermana y yo. z

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