Serán juzgados por entregar a cuatro hijas a cambio de dinero y alimentos

Domingo 14 de abril de 2019 | 06:30hs.
La joven denunciante dijo que su mamá amenazó con matarla si contaba los tormentos de su hermana. | Foto: Luciano Ferreyra
Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

Durante más de una década, una pareja de la zona rural de Campo Ramón prostituía a sus cuatro hijas menores de edad por dinero y alimentos. Las criaturas fueron violadas por un sexagenario que era empleado de la Municipalidad de Oberá, aunque no se descarta que hayan pasado por otras manos.
El caso salió a la luz en abril del 2017, tras la denuncia radicada por la mayor de las hermanas, aunque en primera instancia se creyó que sólo la menor -entonces de 11 años- había sido víctima de Ramón R. (67), en complicidad de sus propios padres, identificados como Irene B. (54) y Beato L. (55).
Las pruebas fueron aberrantes y contundentes, al punto que algunas oficiales de Policía no pudieron contener el llanto a ver fotos del depravado con la pequeña que se hallaron en un celular.
Para completar el cuadro de horror, el teléfono ni siquiera era del sujeto, sino de la mamá de la criatura, con quien luego se determinó que mantenía una relación sentimental. Incluso, fuentes del caso mencionaron que la progenitora no sólo entregaba a las nenas por plata y mercadería, sino que además era una forma de mantener su vínculo con el violador de sus hijas.
Ante tamañas evidencias, los tres mayores fueron puestos a disposición de la Justicia y desde entonces permanecen tras las rejas acusados de “promoción y facilitación de la corrupción de menores doblemente agravado con acceso carnal y amenazas”.
Con el correr de los meses, las hermanas mayores también denunciaron que fueron víctimas de la misma situación. En tanto, a dos años de la acusación inicial, el próximo mes los tres implicados serán sometidos a juicio por el Tribunal Penal Uno de Oberá.

Víctima fatal
Según se reconstruyó, la pequeña de 11 años fue entregada en reemplazo de su hermana de 16, la que logró escapar del degenerado y volvió a la chacra, donde enseguida formó pareja y se independizó de sus padres.
Luego del escape de la primera, el sexagenario no tardó en recuperar su “inversión”, ya que al poco tiempo logró convencer a los progenitores para que le entreguen a la más pequeña de las niñas.
Le llevó regalos y golosinas, le compró ropa, calzados y hasta algunos útiles. La niña primero extrañaba a su familia, pero su madre habría sido quien la convenció para que irse con Ramón R.
Su mente infantil y un entorno propicio para la promiscuidad hicieron el resto. Incluso, en su cuenta de Facebook el sexagenario se jactaba de que la niña era su “novia”.
Pero antes que ella y su hermana de 16, otras dos nenas fueron entregadas por sus propios padres al mismo sujeto, quien buscaba en moto a las menores de la casa paterna ubicada en Colonia Tapui, a unos tres kilómetros del casco urbano de Campo Ramón.
La situación se hizo insostenible por el estado de salud de C., la que entonces tenía 19 años y padeció una grave enfermedad infecciosa que derivó en su muerte.
Tampoco se descartó que su mal haya sido secuela de los abusos padecidos en el pasado. La joven tenía tres hijas, de 5 a 2 años, y vivía con sus padres en Tapui.
En ese contexto la hermana mayor decidió romper el silencio de años y salió a la luz que la menor pasaba los fines de semana en la casa del empleado municipal, en inmediaciones al Salto Berrondo de Oberá.

Habló una hija
En diálogo con El Territorio, una de las hermanas mayores contó detalles que erizan la piel por lo siniestros y retorcidos, al punto que confirmó que sospecha que su madre entregaba a su hermanita para agradar al sexagenario con el cual mantenía una relación.
Contó que la más pequeña “no quiere saber nada de mamá, le tiene mucho miedo por las cosas que le hacía hacer. Aparte le tenía amenazada”.
Precisó que la pareja tiene ocho hijos en común y hasta el momento ninguno los visitó en sus lugares de detención ni piensan hacerlo.
Desde que sus progenitores fueron apresados, la nena de 11 años quedó al cuidado de una hermana mayor que tiene varios hijos pequeños. “Ella juega con los otros chicos, pero de a ratos queda triste y no quiere hablar con nadie”, lamentó.
La familia es de condición humilde, de escasa instrucción y reside en la zona rural de Campo Ramón. Los padres poseían una chacra, pero desde hacía años “no plantaban ni una rama de mandioca. Para ellos era más fácil vender a las hijas”, graficó.
Asimismo, confirmó que la madre era quien imponía las condiciones y decidía el precio de sus hijas.
“Mi papá es analfabeto, no entiende mucho, pero igual sabía lo que pasaba. Mi mamá es la que mandaba con todo y le tenía amenazado a él. Siempre le decía que no cuente nada porque si no, ella se iba de la casa”, relató.
También recordó el momento en el que enfrentó a su mamá: “Pero ella me dijo que no me meta, porque ellos le dieron permiso para que mi hermanita sea la mujer del viejo”.


Los insultos del abogado de los imputados

Otro capítulo tan siniestro como los abusos mismos lo escribió el abogado Roberto Bondar, quien en mayo del 2017 presentó un escrito ante el Juzgado de Instrucción Dos solicitando la falta de mérito, oportunidad en la que utilizó términos injuriantes hacia la criatura de 11 años.
Cuando leyeron el escrito, los funcionarios judiciales no podían creer los descalificativos esgrimidos por el letrado obereño. Por ello, el juez Horacio Alarcón lo apercibió y giró las pruebas al Colegio de Abogados de la Provincia de Misiones, atento a que la conducta citada podría ser pasible de sanciones.
Según el magistrado, en la petición de falta de mérito “a mi entender descalifica a la menor L.M.L. en dos oportunidades. En el primer término tildándola de ‘basura e inmundicia humana’; y en un párrafo posterior de ‘mugre’, hecho este que a mi criterio configura un desempeño profesional moralmente reprochable del letrado referido y susceptible de sanción en los términos del Artículo 57 del R.P.P.J. de la provincia de Misiones”.

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