Saqueos y autos quemados en la protesta de chalecos amarillos

Domingo 21 de abril de 2019
Hombres encapuchados y vestidos de negro tiraron piedras a los policías. | Foto: AP
Ni el inminente anuncio de medidas como una esperada merma de impuestos, ni el momento de unidad nacional vivido tras el incendio de la catedral de Notre Dame ni el inicio de las vacaciones de Semana Santa. Nada impidió que los chalecos amarillos hayan vuelto a tomar ayer, y van 23, las calles de París y otras grandes ciudades de Francia, en unas protestas convocadas como un nuevo “ultimátum” contra el presidente Emmanuel Macron.
Hubo saqueos, quema de autos y represión policial con gases lacrimógenos. Aunque la movilización no fue masiva, 28.000 personas según el Ministerio del Interior, la jornada se vivió bajo fuerte tensión por la amenaza de grupos minoritarios pero radicales que el Gobierno dijo temer que se hubieran infiltrado entre los manifestantes.
Más de 60.000 policías y militares fueron desplegados en varias ciudades francesas, entre ellas en la capital, donde varios miles de chalecos amarillos volvieron a concentrarse desde primeras horas de la mañana. Autoridades locales habían prohibido el paso de las manifestaciones por puntos clave de la ciudad, entre ellos, una vez más, los Campos Elíseos o, tras el incendio, el área de Notre Dame. Numerosas estaciones de metro también permanecieron cerradas.
Aunque el número de manifestantes se mantuvo en baja en las últimas semanas, las autoridades reconocieron en vísperas de la jornada su temor a un nuevo repunte de la violencia, días antes del esperado anuncio de Macron de medidas económicas y sociales para responder a los reclamos de los chalecos.
El mandatario tenía previsto anunciar las primeras propuestas el pasado lunes, pero el incendio de Notre Dame provocó la cancelación de su discurso. Ahora el palacio Elíseo anunció que Macron desvelará sus propuestas el jueves próximo.
Según el Ministerio del Interior, en toda Francia se manifestaron este sábado 28.000 personas, 9.000 en París. La cifra global es menor que la de la semana pasada, cuando el recuento oficial ascendió a 31.000 chalecos amarillos, aunque la convocatoria parisina, centro de la protesta en esta vigesimotercera jornada de manifestaciones, casi dobla a los 5.000 de siete días atrás.
Se citó una nota del prefecto de policía de París, Didier Lallement, que advertía de que un “bloque radical de 1.500 a 2.000 personas, compuestos de chalecos-ultra y de miembros de movimientos contestatarios” podrían buscar provocar el caos en la capital francesa. Pasado el mediodía, la prefectura de policía anunció en las redes sociales la constitución de “grupos violentos” en la marcha de chalecos amarillos que, después de congregarse ante el Ministerio de Economía, avanzó hacia la céntrica plaza de la República y llamó a los manifestantes a desvincularse de los violentos.
Las primeras escaramuzas con la policía no tardaron en producirse. Decenas de encapuchados de negro, marca de los militantes radicales conocidos como black blocs, lanzaron piedras contra las fuerzas del orden y algunos incendiaron autos, motos y contenedores de basura en los alrededores de la céntrica plaza. Uniformados emplearon gases lacrimógenos y granadas aturdidoras para dispersarlos, aunque muchos permanecían pese a ello en la plaza y sus alrededores horas después de haber acabado formalmente la marcha de los chalecos amarillos.


60.000

Uniformados.
Desde las autoridades francesas se dispuso el despliegue de más de 60 mil policías y militares para intentar controlar las protestas de los chalecos amarillos.

Menor efectividad estatal ante las demandas

El presidente francés, Emmanuel Macron, admitió días atrás la incapacidad estatal para impedir los disturbios. “Se ha hecho mucho desde noviembre”, aseguró en alusión al mes del año pasado en que comenzaron las protestas. “La jornada de hoy (por ayer) muestra que, en algunos temas, no lo hemos logrado”, manifestó el líder galo. Acusados de uso excesivo de la fuerza, los responsables policiales también afrontan críticas por no atajar la violencia. “Quiero que cuanto antes tomemos decisiones fuertes para que no vuelva a ocurrir”, dijo el presidente.
Tras meses de protestas, los chalecos amarillos, que reclaman desde mejoras salariales y disminuciones de impuestos hasta la caída de Macron, empezaron a languidecer. Los saqueos e incendios parecen repetir las escenas del otoño. Se reabre el debate sobre la eficacia de la Policía y la impotencia del Estado ante una explosión violenta poco habitual en las democracias desarrolladas.

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