Sandro Antiveros: “Todavía no caigo”

Martes 7 de abril de 2020 | 04:00hs.
Cristian Avellaneda

Por Cristian Avellaneda deportes@elterritorio.com.ar

Hace exactamente un año Montecarlo fue por un momento la capital mundial del fútbol salonero. Allí, en la tierra elegida, el seleccionado argentino levantó la copa del mundo de la Asociación Mundial (AMF), hito que quedará marcado a fuego por tratarse de una final con tintes épicos ante Brasil, el clásico sudamericano, tras un 3-2 a polideportivo lleno.

Esa batalla ganada representó el esfuerzo mancomunado de un plantel que se gestó años antes y que contó con el misionero Sandro Antiveros entre sus filas. De hecho, Batil, como le dicen sus allegados, fue el autor del primer gol para encaminar el triunfo.

Hoy, el oriundo de Dos de Mayo repasa con El Territorio la campaña que lo llevó a la cima del mundo. Un lugar al que muy pocos pueden acceder. 

De aquel 7 de abril de 2019 ¿qué se te viene a la cabeza?

Fue un momento único para todos. Lo que más recuerdo fue el proceso, los entrenamientos y los partidos previos. En la Copa del Mundo estuvimos concentrados y no nos dimos cuenta lo rápido que pasó; el técnico (Avveduto) nos dijo que disfrutemos del camino porque después nos iba a invadir la adrenalina. 
Siempre creí que levantar el trofeo era lo máximo, después uno va aprendiendo cosas. Cuando llegué a la selección, el cuerpo técnico me hizo cambiar la cabeza para lo que fue el Mundial. 

¿Qué te acordás del debut?

Fue contra Australia, en el primer partido. Entrar desde el banco, convertir dos goles y arrancar con el pie derecho me dio un envión muy grande para lo que venía. La confianza siempre la tuve, pero llevarla adelante es otra cosa y ese partido me facilitó todo. 

El camino

Argentina ganó su zona, dejó en octavos a Francia y bajó a Paraguay en la semifinal. En ese trayecto Antiveros fue pieza de recambio y convirtió cuatro goles, el más importante en la gran definición y para abrir el camino en la noche montecarlense. Ese fue el 1-0. El tanto que terminó por romper un partido chivo y con toda la presión que generaba el ambiente.

¿Cómo viviste la definición?

El nervio siempre aparece. Antes de la final estaba ansioso y muy complicado porque amanecí con molestias. Me tuve que aplicar un antiinflamatorio para jugar porque no aguantaba el dolor...ahora lo cuento como una anécdota, son cosas que pasan en el vestuario y quedan puertas adentro. La realidad es que a la semi llegué con una sobrecarga en los aductores y en una jugada me exigí más de la cuenta, entonces contra Brasil no estaba al cien y hasta para calentar me costaba mucho, pero no podía dejar pasar la oportunidad.

Entré a la cancha sabiendo que el jugador brasileño al que tocaba marcar iba a intentar gambetear por afuera en plena salida, así que no dudé, fui a buscarlo, le robé la pelota y pude convertir. Esa jugada fue particular, porque había dos brasileños casi abajo del arco cuando dejé en el camino al arquero y gracias a Dios el remate entró en el ángulo con el plus de que fue de zurda y yo soy diestro.

Tengo el relato y la foto en el celular...de vez en cuando la miro cuando estoy solo. Me gusta corregirme y ver detalles, pero en esa jugada hice todo bien, porque si le erraba la patada hasta ahora me iban a buscar desde la tribuna (entre risas). Soy autocrítico y fanático de la victoria, eso a veces me juega en contra. Cuando voy manejando el camión suelo emocionarme con los recuerdos.

Brasil era un equipo duro y con jerarquía. Por algo dejaron en la final a un candidato como Colombia, que tenía un gran plantel, con jugadores que en el mano a mano desequilibran.

Con Brasil se habló del polémico final y del penal que le cobraron a favor cuando perdían 2-1....
Son jugadas rápidas donde el árbitro puede equivocarse a favor o en contra, pero creo que todos los colegiados fueron imparciales. No sé si fue penal, pero eso ya pasó, creo que nos merecíamos ese título y el mérito es nuestro, eso nadie nos saca.

Llego el pitazo final ¿qué sentimientos te invadieron?

“Fue una sensación increíble, no entendíamos nada porque todos corrían de acá para allá. El país es el que estaba en el estadio y detrás de cámara, todos nos emocionamos; gracias a Dios mi familia estaba completa y lo pude compartir con ellos.

No entendés que está pasando y esa sensación la llevo hasta el día de hoy. Lo que se logró es algo muy grande pero cuando me miro al espejo no me veo campeón del mundo. Es un privilegio para pocos.

¿La gente te lo reconoce?

La gente me trata de maravilla. Te piden fotos cuando estás trabajando por ejemplo, son cosas que te llenan el alma. Yo sigo siendo el mismo. Salimos campeones el domingo y el martes ya estaba bajando harina del camión en el trabajo.

Quizás al conseguir algo tan grande pensás que la realidad te va a cambiar, pero no es así y eso duele un poco. Igualmente no me puedo quejar porque el gobierno siempre me ayudó en lo que pudo, me dio su apoyo.

¿Crees que es por la falta de apoyo al fútbol de salón?

Muchos de los campeones actuales están con problemas, algunos se sostienen pero hay otros que la seguimos peleando. Creo que a este deporte le falta un empujoncito más, hay que seguir explotándolo. Los que tienen que impulsarlo miran para otro lado.

¿Seguís en contacto con el plantel?

Tenemos un grupo de WhatsApp. Somos una familia y eso hizo sacar de los momentos difíciles a muchos. La idea era juntarnos por el aniversario en Montecarlo para compartir un asado, pero no se pudo por la pandemia.

¿Hoy cuál es tu realidad?

A principio de año tomé la decisión de alejarme del fútbol de salón. Estaba llegando con lo justo a los partidos con Plastimí y ya lo sufría; además mi trabajo me demanda mucho desgaste físico y tengo que empezar a responder a la empresa, que tanto me ayudó, y a mi familia, que me bancó para jugar los torneos...desde que trabajo nunca tuve vacaciones en casa y ahora puedo decir que si. 

Me gustaría tener la fuerza para que el retiro sea definitivo, pero soy un apasionado del deporte y no lo puedo asegurar. No estoy entrenando, estoy parado, miro de lejos a las máquinas del gimnasio que están amontonadas en casa.

¿Qué representa el título del mundo?
“Es todo, un sueño hecho realidad para los misioneros y toda Argentina. La gente y la familia acompañó y un país por fin estuvo unido”. 

Familia y trabajo, dos piezas clave en la vida de Batil

Sandro nació el 12 de octubre de 1987 en el departamento de Cainguás. Hijo de Carlos Andrés y María Luz Meza, Antiveros tiene cuatro hermanos (Juan, Ramona, Rosa y Claudio) con los que convivió en Dos de Mayo. Después de viajar unos meses a Buenos Aires, se instaló definitivamente en Posadas, donde inició una relación con Celia Ávalos. De ese amor nació Benicio. Con Plastimí ganó múltiples campeonatos locales y participó en torneos nacionales de prestigio, aunque hoy le puso un parate a su carrera que puede ser definitivo. De posición poste/ala, el jugador diestro dedica gran parte del tiempo al trabajo de chofer en una empresa de productos congelados, mientras cumple con la cuarentena en su casa del barrio Itaembé Guazú, Posadas.


El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina