“Saber qué es un femicidio ayudaría a poder combatirlo”

Martes 12 de marzo de 2019 | 14:00hs.
Las marchas, tras el femicidio de Fiorella en San Vicente.
Por Carlos Manuel Cardozo
fojacero@elterritorio.com.ar

El femicidio de Fiorella en San Vicente fue el segundo registrado en la provincia en lo que va del 2019, después del crimen de María Belén González (17) en un inquilinato de Posadas, ocurrido el 12 de febrero. 

Durante esta semana se brindaron diversas estadísticas en cuanto a hechos de esta índole, que son asesinatos en medio de un contexto de violencia de género y en razón del género de la víctima. 

Se dijo que habían ocurrido tres e incluso cinco, pero no. Son solamente los nombrados los que se enmarcan en este flagelo e incluso la Justicia los investiga como tal, como lo señalan las carátulas. 

“Hay casos en que mujeres son muertas en ocasión de un robo y eso no se puede decir que sea un femicidio”, señaló la abogada Roxana Rivas al ser consultada por este medio. El femicidio, dijo, se cuenta como tal a partir de los motivos del hecho.   

“¿Por qué se matan a las mujeres? Cuando es femicidio se habla de que aquél que la mató, en su mayor número era su pareja o ex pareja o alguien con un vínculo de ese tipo que lo hace por la sola condición de ser mujer, por la posesividad que tiene, por el supuesto amor, por no poder controlar a su mujer”, agregó. 

La letrada expresó que también se suman como femicidios los casos en que el homicida decide terminar con la vida de la actual pareja de su ex o un hijo de ella, lo que se denomina femicidio vinculado. 

Rivas enmarcó en esta problemática a “otros casos en que la relación se da con la cuestión de género por el sólo hecho de que al femicida le parezca que la vida de la mujer no vale nada y decide matarla”. Es decir, sin que haya una relación previa o actual, sino por “la cuestión tan internalizada que tienen muchos hombres -no todos- de que la vida de una mujer no vale nada”.

La abogada analizó las muertes, en base a las publicaciones de este diario, de María Techeira, ultimada a machetazos en enero en su casa de El Soberbio por un vecino discapacitado; de una beba mbya guaraní de la aldea Pindoty de San Ignacio ocurrida en febrero; y de Elsa Díaz en Candelaria, en el mismo mes.

“El caso de la chiquita mbya, la madre es una defendida mía y del doctor Eduardo Paredes. Definitivamente no está dentro del contexto de violencia de género, no es un femicidio. Se están investigando los motivos de la muerte y nosotros ni siquiera consideramos que sea un homicidio”, aseguró sobre la muerte de la infante. 

“El caso del discapacitado que mata a machetazos a la abuela, primero lo más probable que sea un inimputable y la inimputabilidad de por sí lo libera de cualquier tipo de posibilidad de que sea juzgado y/o condenado”, continuó.

El acusado por ese hecho, Mateo Martín (23) tiene trastornos psicológicos crónicos (hebefrenia desorganizada y esquizofrenia paranoide), diagnósticos que desde hace un par de años lo obligaron judicialmente a seguir tratamiento psiquiátrico. 

Por último, sobre la muerte de Díaz en Candelaria, caso que tiene como detenido a su hijo, aseguró que la muerte “podría ser para robarle, para quedarse con sus cosas o cualquier otro motivo y no necesariamente con la cuestión vinculada al género”. 

La letrada señaló la importancia de que los medios o las fuerzas policiales sepan diferenciar entre un femicidio o el homicidio de una mujer ya que de esa forma se podrá entender cómo funcionan los procesos, lo que facilitaría la prevención. 

“En muchos de los femicidios que tenemos las mujeres previamente han denunciado o han obtenido medidas cautelares. Ninguna de esas medidas funcionan porque desde parte del Estado, de la Policía y del Poder Judicial que intervienen, no hay un estudio sobre el victimario”, opinó.

Y agregó: “Se despacha la medida cautelar, el Poder Judicial se retira y la Policía se limita a poner guardia o botón antipánico. Pero no se comprende el verdadero significado de esta nueva forma de relacionarse extrema que hay, ante las denuncias no se toman el trabajo de identificar una situación de violencia extrema que puede terminar mal”. 

Rivas expresó que ante las denuncias de una mujer se debería hacer una pericia psicológica o un perfil sobre el denunciado, para determinar si realmente es peligroso y así dar garantías y medios a la denunciante para que no sea “otra víctima más de femicidio y ocuparse del victimario”.

“No todas las denuncias van a terminar en femicidio, pero sí podemos, si nos ocupamos y nos interesa, saber cuáles de esas denuncias que recibimos todos los días son más graves o más posibles de terminar en una catástrofe como sería la muerte de una mujer”, concluyó.

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