Reivindicar a Misiones (Parte IX)

Martes 11 de septiembre de 2018

Por Alberto Monaca Periodista y escritor

Si bien es cierto que la Ciudad de Buenos Aires adquirió la jerarquía de provincia, sin embargo, como Capital Federal, sigue siendo la Ciudad de todos los argentinos, justamente por todo lo que los pueblos del interior le brindan para seguir siendo orgullo argentino ante el mundo. Y es allí, justamente, donde la Histórica Provincia de Misiones, virtualmente no existe como se merece por todo lo que aportó a la Nación Argentina desde 1641 con la Batalla de Mbororé.
Para sumar más antecedentes a la lucha desigual que vengo afrontando hace más de medio siglo, agrego un inolvidable recuerdo ocurrido allá por los años 1987/88. Era cuando fui a visitar otra vez la famosa “Manzana de las Luces” en una conversación con su encargada, María Teresa Piragino quien, al apreciar mi postura por reivindicar a la Histórica Provincia de Misiones, tuvo la deferencia de obsequiarme su libro relacionado a esa reliquia histórica, donde en la página 8, me distingue con esta dedicatoria: “Con todo respeto y particular afecto para un misionero de verdad, a quien ya quiero de verdad”. Es que durante esa charla, sabiendo que esa extraordinaria obra fue construida por los jesuitas con el trabajo y esfuerzo de nuestros hermanos mbya-guaraníes­, tanto hombres como mujeres, y que por su valor histórico sigue siendo orgullo de los porteños como también de los argentinos, no tuve reparo en decirle que en ninguna pared hay por lo menos una humilde plaqueta en reconocimiento y homenaje a esa generosa gente y donde todavía sigue en pie esa imponente Iglesia de San Ignacio que comenzó a construirse en 1710 y se inauguró el 31 de julio de 1722.
Antes de irme, esa distinguida dama me dio una cátedra respecto de los que aportaron a la Patria Argentina esos pueblos originarios y, recordando a mi tierra natal, con sinceridad me dijo: “La Nación Argentina le debe mucho a Misiones”, invitándome a visitar la Casa Rosada al día siguiente donde ella, como encargada del Archivo de la Presidencia de la Nación, iba a darme una copia de la adhesión de Misiones a la Revolución de Mayo el 18 de junio de 1810 con la firma del gobernador Tomás de Rocamora, histórico documento que no pude lograrlo pues esa misma noche regresaba a mi tierra natal.
También en esa entrevista me enteré que ella había sido colaboradora del R.P. Guillermo Furlong, considerado el más grande historiador de los pueblos jesuíticos de Misiones. Por eso, con total precisión, también me informó que nuestros hermanos guaraníes venían a Buenos Aires con orquestas, coros y artistas para ofrecer teatro que eran aclamados por los habitantes de esa época, agregando que con rollizos traídos por el río Uruguay construyeron el Fuerte de Buenos Aires, cuyos vestigios de esa construcción quedaron en el subsuelo de la Casa Rosada y que, años después, cuando la ex-presidente de la Nación Cristina Kirchner anunciaba que allí iba a inaugurar un salón para ceremonias oficiales, sugerí a las autoridades locales para que aprovecharan esa oportunidad para hacer trascender Misiones. Como casi siempre ocurre, nada se hizo.

Los fundamentos
Desde aquél histórico encuentro con María Teresa Piragino, con la autoridad que ella representaba respecto a la historia argentina, no sólo aproveché esa categórica sentencia de que la Argentina le debe mucho a Misiones como títulos de varias notas, sino que de inmediato me di a la tarea de conseguir el “Diccionario de las Calles de Buenos Aires” que un colega porteño hacía algunos años me había sugerido para documentarme de sus nombres y motivos de esas distinciones.
No me fue fácil lograrlo ya que, en Buenos Aires, recorriendo muchas librerías, no poseían ese libro, hasta que, en el 2.005, en la avenida Corrientes, en un viejo edificio que ofrecía obras viejas, lo logré. Fue editado el 20 de octubre por el Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes, con 192 páginas. Ese mismo organismo es autor de cinco diccionarios más: del Tango; del Fútbol; de Astrología; del Automovilismo y de la Historia de la Argentina.
Para demostrar que Misiones virtualmente “no existe” en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, hay muchos ejemplos: 1) Con referencia a San Martín, figuran 116 calles y en ninguna de ellas se menciona a Miguel Chepoyá, que fue corneta de órdenes del Padre de la Patria desde 1812 hasta 1826, ya que siguió con esa misión valiente por peligrosa sirviendo también a Sucre y Bolívar. Sin embargo, como contundente ejemplo de omitir a Misiones, en la página 112, figura “Lucio Lucero (1791-1867). Militar que combatió con San Martín; fue uno de los pocos granaderos que volvió luego de la guerra de la independencia. Actuó activamente en la guerra civil contra la tiranía”.
Lo notable de esta omisión, como tantas otras, es que la imagen de Chepoyá, en cuadros bien relevantes, se destacan por todas partes en la sede central del glorioso Regimiento Granaderos a Caballo en la ciudad de Buenos Aires. Así, al menos es lo que observé cuando visité ese lugar y que, también, difundí ese hecho en la esperanza que los responsables de hacerlo, rescaten del olvido a ese verdadero héroe nacional. Para mayor orgullo misionero, en varias narraciones históricas, se cree que Chepoyá al regresar a Buenos Aires con los últimos sobrevivientes, fiel a su espíritu de patriota, fue al Brasil a participar en la guerra de Argentina contra ese país. Y allí habría muerto.
En el próximo capítulo incluiré muchos más ejemplos de cómo hasta en la nominación de las calles en la ciudad que representa a todos los argentinos, virtualmente se omite a la Histórica Provincia de Misiones, con el agravante que, si se la menciona, en absoluto no se dice la verdad. En esa síntesis, quienes nos representan en el Congreso Nacional, sean diputados o senadores nacionales, tendrán la posibilidad de gestionar y/o exigir lo que justicieramente nos merecemos.

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