Quiero ser libre. Entre lo clásico y millennial baila Cintia Mansilla

Viernes 26 de junio de 2020 | 02:00hs.
Por Marcelo Rodríguez

Por Marcelo Rodríguez Fotoperiodista

Un ave bate alas, remonta vuelo mientras el viento mece suavemente hojas y el fuego asciende en llamas que se continúan en humo rumbo al zenit. La naturaleza se mueve. Hay armonía en esa cinética y también disrupciones. El hombre no es ajeno a esa dinámica, mira a su alrededor para descubrir el secreto del movimiento. Ejercita el físico para lograr alcanzar el vuelo del cisne o representar las etapas vitales de sí mismo o de la creación. Su alma sobrecogida aspira a conseguir el augurio de los dioses al ritmo del mecimiento ritual, es que hay un caudal de vida que se desplaza llevando potencia y vitalidad, expresión y lenguaje. La vida y sus ciclos relatados, contados, estilizados, bailados.

Quiero ver, quiero entrar
Una niña de 8 años asiste a clases de pintura en Morón, en el oeste bonaerense. En el camino un edificio cuyo frente muestra nenas pintadas en la pared, concita su atención. 
El mural se mete por los ojos de la pequeña y con él una curiosidad que pide ser saciada como sed de desierto. Adentro le explican que allí se estudia danzas clásicas, la mamá le pregunta si es eso lo que quiere. Punto y aparte, comienza una nueva historia que implica disciplina, belleza, capacidad de expresión, pero sobre todo poner el cuerpo en movimiento.

Bajo presión
La cuarentena llegó de golpe y detuvo todo. Fue un shock. Toda actividad se vio paralizada. La quietud tomó el poder. Se restringieron salidas, las clases se suspendieron. Había que permanecer en casa, aislados. Cuando arrancó la cuarentena nadie sabía de qué manera se iba encarar el tema de las clases de danza. Fue decir: ‘¿y ahora qué hacemos los profesores, los bailarines?’. Resultó todo un descubrimiento según cuenta Cintia Mansilla (36). Mis propios alumnos fueron los que pidieron tener clases. El tema pasó entonces  por cómo podemos conectarnos. La edad de los alumnos decantó una opción: Instagram. Pero también para facilitarles a los que no tuviesen buena conección, la profe grababa las clases y las subía a YouTube. Para tal cometido puso de nuevo en funcionamiento el canal que tenía abandonado. “Así fuimos organizándonos con los alumnos respecto de los horarios. Y si bien después las clases se fueron formalizando y se comenzaron a usar otras vías para darlas, yo mantuve las de Instagram porque es más accesible para todos. Fue un incentivo para nosotros. La situación nos puso en la disyuntiva, nos movemos o nos movemos”, alegó Mansilla. 
Fue así que la profesora de danzas comenzó a entrenar como en los mejores tiempos de bailarina solista del ballet municipal de Lima, Perú, con la ventaja de que su pareja, Lucas Oliva, también es su partenaire. Entonces cada uno fue dando clases al otro. Ya no sólo dictaba las lecciones sino que las realizaba. Con el tiempo disponible, gracias a la supresión de diversas actividades, la ejercitación suplantó la rutina cotidiana.

No todo lo virtual es oro
Transmitir las clases vía streaming permite a los alumnos seguirlas desde donde se encuentren. La profesora puede enseñar, más no ver cómo están asimilando los alumnos. Es ahí donde lo presencial se extraña, eso de dar la indicación sobre qué y cómo corregir. Poder señalar y a la vez indicar con el tacto. Parte de esa dificultad se soluciona con medios como la videollamada de WhatsApp o el Zoom y buscando las palabras justas para poder suplir la ausencia de la mano indicando la postura perfecta.
La profe de danza también enseña pilates y señala que en las dos actividades hay quien desea seguir con las clases virtuales, pues le ven la ventaja de manejar sus tiempos, o de no tener que trasladarse. Y hay también quien no se adapta y prefiere esperar a la ‘normalidad’ para tomar clases a la manera de siempre. 
El entrenamiento de danza tampoco puede realizarse en su totalidad. El piso exige características especiales para poder ensayar saltos, eso tan llamativo y característico de lo clásico y que tiene que ver con la destreza física y el ensayo. 
Las clases no pueden tener esa práctica porque podría derivar en lesión al no contar con el colchón de aire en el piso.

Mientras miro las nuevas olas
Este tiempo de encierro se transformó para Cintia Mansilla en un momento de realizaciones también. 
Lo virtual ayudó no sólo a la prosecución de las clases sino que abrió nuevos campos y vinculaciones distintas, diferentes. Dictar las clases por la red permitió que la siguieran desde lugares insospechados, las más diversas personas. 
Desde ex alumnos de Perú o Paraguay, bailarines de Italia o Estados Unidos, hasta un colaborador inesperado como el pianista parisino Bruno Cazelles. Él es un maestro acompañante que se dedica a tocar lo que los bailarines bailan. Como un músico que le pone melodías a las escenas en una película, así él musicaliza  las coreografías. “Nos comenzamos a seguir y me aportó música para mis clases”, relató Mansilla. 
Al cabo de estos meses de experimentación con lo virtual, de prácticas con logros y errores, la bailarina desarrolla sus clases con una libertad y soltura propias de quien suma aplomo y experiencia. 
Con una visión personal que deviene de la capacidad de reflexión sobre lo circundante y sobre las propias prácticas se sobrepone a la mirada ajena. 
Así, la seguridad que da el conocimiento soslaya la crítica inconsistente que se aproxima más a queja que a análisis crítico con sustento. 
“Siento que ya pasé por diferentes instancias. No veo la necesidad de estar esperando que me aprueben. Si en realidad ahora me tengo que aprobar yo misma”, entendió al sustraerse a las críticas y adentrarse en el especial escenario que planteó la pandemia.
Mansilla aprovechó este tiempo para ensayar piezas, variaciones que ya había bailado. Para pulir. “Tomé la cuarentena para mí. Si tengo que estar encerrada voy a tratar de mejorar”, detalló. También sumó a sus estudios un seminario a distancia sobre periodismo en danzas. 
El tiempo de ocio entre esas obligaciones está destinado para series y películas como también para ver ballet cuando alguna compañía transmite algún espectáculo.
El cisne se mira en el reflejo del agua mientras el sol se pone más allá del horizonte. Observa su largo y elegante cuello, sus alas, las que abre cada mañana para aletear marcando el rumbo a los pichones. 
El cisne se mira en el reflejo del agua mientras el sol se pone más allá del horizonte. Observa su largo y elegante cuello, sus alas, las que abre cada mañana para aletear marcando el rumbo a los pichones. El cisne blanco descansa ahora en su hogar-estudio. Se reencuentra con su propia historia. Disfruta de placeres simples, como moler los granos de café en el molinillo antiguo heredado, tal cual como cuando antaño veía a la abuela hacerlo. Y beberlo en un tazón con leche con facturas, muchas medialunas, sin culpas, porque ya llegará la hora del entrenamiento y la danza volverá  a cobrar vuelo.

Perfil

Cintia Mansilla (36)
Bailarina

  • Profesora nacional de danza Clásica egresada de la Escuela Municipal de Danzas José Neglia de Buenos Aires (2002)
  • Actual profesora en la carrera de danza zlásica y directora del Ballet de Danza Clásica ESDa, en la Escuela Superior de Danzas de Misiones (2006-a la actualidad)
  • Bailarina profesional en el Ballet del Centro del Conocimiento (2006-2014)
  • Bailarina solista en el Ballet Municipal de Lima Perú (2009-2010)
  • Técnica Superior en Periodismo egresada del Instituto de Estudio Superiores Hernando Arias de Saavedra (2015)
  • Instructora de Pilates Mat, Reformer, Esferodinamia y Posturoterapia por el ejercicio. (2016)
  • Coreógrafa
  • Medalla al Mérito Cultural como Joven destacada de la Provincia otorgada por el Concejo Deliberante de Posadas (2019)

 

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