Productores se animan a cultivos no convencionales para generar ingresos

Lunes 24 de febrero de 2020
Nazarena Torres

Por Nazarena Torres politica@elterritorio.com.ar

Los productores misioneros siempre se caracterizaron por ser  perseverantes, no se dan por vencidos tan rápido y pese a las adversidades buscan sacar sus productos adelante. No obstante, quizás una de sus rasgos más destacados sea la osadía, pues buscan todo el tiempo alternativas que aporten al crecimiento de la región. Por eso, tal vez, la frase “en Misiones tirás una semilla y crece” sea una de sus favoritas, porque lo hacen, y con esfuerzo y dedicación, esa semilla se convierte en hectáreas de desarrollo agrario e ingresos genuinos. 
La yerba, el té, el tabaco y los cítricos son los productos provinciales por excelencia. Empero, el afán de nuevos caminos hizo que muchos colonos optaran por dedicarse a otro tipo de plantaciones, un poco menos convencionales. 
Quizás al principio con pocas expectativas pero sí con mucho trabajo, lograron que la tierra colorada sea cuna de todo tipo de cultivos, muchos de ellos codiciados por grandes empresarios de otras provincias y países. Ejemplo de ello son los hongos, el bambú, el jengibre, el maracuyá o el jejy’a (frutos de palmitos) que son verdaderas joyas en la gastronomía mundial y se encuentran nada menos que en las chacras de los pueblos misioneros. 
Jengibre
La comuna de Gobernador López se alza como una de las primeras de Misiones en apostar a una especie muy codiciada, pero poco labrada: el jengibre. Se trata de una planta muy utilizada en la medicina debido a sus múltiples propiedades. Aunque también se usa para la elaboración de platos y bebidas, por su aroma y sabor picante. 
En estos casos, la incertidumbre de incursionar en una plantación no tradicional puso en dudas muchas veces a los trabajadores de la tierra, que nunca bajaron los brazos, convirtiéndose en una cuenca. Son alrededor de 60 los productores de la zona que se dedican al jengibre. 

El bambú como opción
Martín Kleis (43) reside en Santiago de Liniers. Es propietario de un vivero en su chacra de seis hectáreas y pertenece a la organización Productores de Santiago de Liniers (Pusali). 
Fue a través de esta organización que decidió dedicar su tierra al cultivo de plantas frutales y maderables. Sin embargo, hace cuatro años los ingenieros Hernán Sosa y Diego Chifarelli le propusieron plantar bambú. Es así que hoy en día Kleis utiliza un cuarto de hectárea de su chacra para este cultivo, siendo el productor más importante de la zona en este producto.
Kleis tiene diversos tipos de bambúes, de los cuales algunos son comestibles, para sombra, para realizar madera de construcciones, ornamentales, entre otros. Algunas de las especies son maximu sanime, Bambusa oldhamii, fulboide fulboide balcoa yunanesi bambusa vulgaris, como también están las de menor tamaño como abanico, sheraton, variegada y entricosa.
En entrevista con El Territorio, contó: “Tengo 18 especies de bambú, algunas aún las estamos estudiando para que tenga la documentación correspondiente”.
“Empezamos comprando de a dos porque no me daba el presupuesto, Chifarelli también me donó algunas. Las especies se dividen en tres, una parte comestibles, otra maderable y las ornamentales, si bien todas pueden serlo, también hay una especie que únicamente es ornamental, que son pequeñas y sirven para macetas”, determinó. 
En cuanto a  la manera de cultivar el bambú, el productor expresó que “nosotros tenemos bambú subtropical, que necesitan mucho sol y humedad a la vez y muchos cuidados. Cuando vamos a producir la planta es cuando se debe tener el mayor cuidado. Los plantines nacen del tronco del bambú y allí se envuelve con un plástico, un poco de tierra apropiada y se espera, es decir que nacen en el aire”. 
Detalló que se debe pintar el tronco con hormonas, mantener la humedad de ambiente alta y cuando la planta este con mucha raíz, trasladar a las macetas donde las personas pueden llevar a su casa a un costo de 220 pesos. 
Una vez que se puede traspasar a una maceta, la planta es regada por un sistema bien económico, “ya que viene de una naciente de un vecino que gentilmente nos da acceso y el agua llega por gravedad a un reservorio donde se utiliza para regar”, dijo Kleis. En cuanto al crecimiento, el bambú para sombra se desarrolla en unos cuatro años, mientras que los pequeños en dos. 
“El bambú para sombra, es el que más me piden, se pueden plantar cerca de la casa y no corre peligro la estructura de la casa”, dijo.
Para Kleis nada fue sencillo, “cuando inicié tenía un total desconocimiento acerca de los bambúes, no había mucho a quien preguntar tampoco, no era una plantación de mandioca que podía hablar con otros productores. Gracias a los ingenieros fui aprendiendo, tuvimos bastantes pérdidas al principio, era prueba y error porque aprendimos de a poco, hoy ya estamos bien, hay miles de plantines preparados para ser trasplantados”, celebró.

Una fruta codiciada
Fredy Walter Smith (57) vive en Eldorado. Se dedica a la agricultura y apicultura en una pequeña chacra de media hectárea.
Hace cinco años que trabaja el suelo de su chacra. “Un día trabajando de empleado me puse a pensar porqué no trabajaba en mi tierra, quería plantar algo que no fuera convencional y empecé con rúcula, aunque después me dediqué a la fruta del maracuyá”, detalló. 
Explicó que al principio fue para consumo personal pero luego como no había tanto mercado de esa fruta en Eldorado decidió empezar a comercializar en verdulerías de la zona y heladerías de Montecarlo.
Actualmente tiene 30 plantas de las cuales logra cosechar alrededor de 1.500 ejemplares. 
En cuanto a los cuidados, Smith comentó: “es una planta que necesita sol, si tiene mucha sombra el maracuyá tendrá hongos y no se desarrollará bien. Como es una enredadera, en lo posible debe estar colgada de algún tipo de estructura en el aire, hay que controlar que las mariposas no depositen sus huevos y proliferen los gusanos, tengo que poner insecticidas de bajo espectro para que no sean dañinos”. 
A la hora de cosechar se tiene en cuenta que se encuentre de color amarillo, puesto que “verde no se puede cosechar porque es tóxica, tampoco hay que dejarla caer al suelo como señal de que maduró”.En cuanto al tiempo de maduración si se planta en marzo para diciembre del mismo año se podrá cosechar la fruta, según relató el productor.
Si bien los meses de verano corresponden a la temporada de cosecha de la fruta, este año Smith tendrá maracuyá para marzo o principios de abril, ya que como a varios productores de Misiones el clima le jugó una mala pasada debido a una gran tormenta que destruyó su pequeña plantación. 
“Realmente el trabajo chacra es mucho pero no importa lo que pase porque hacerlo es mi cable a tierra”, finalizó Smith. 

Pioneras en el vinagre artesanal toman el desafío de cultivar hongos

Las socias de la Cooperativa Agropecuaria Nueva Esperanza Limitada de paraje Gentil, kilómetro1.348 de San Pedro, se dedican a la elaboración de vinagre artesanal con frutos nativos, pero ahora suman un nuevo desafío: cultivar hongos. El objetivo es ampliar la gama de productos a comercializar y generar mayores ingresos. 
La experiencia transita su primera etapa esperando obtener los primeros resultados para abril.
La mencionada entidad comenzó a funcionar en el 2011, cuando un grupo de mujeres decidió utilizar de forma sustentable los recursos naturales y crear un producto inédito en la zona: vinagres a base de frutas silvestres, obteniendo excelente aceptación entre los chef de la provincia, nacionales e internacionales. 
En esta oportunidad, son unas de las pioneras en comenzar a cultivar hongos al notar que un número importante de personas demanda el producto.
La opción fue posible mediante capacitaciones que recibieron por parte de la Fundación Hongos de Argentina para la Sustentabilidad con financiamiento para Proyectos de Uso Sustentable de la Biodiversidad (Usubi), un programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. 
“Es darle un valor agregado a nuestros vinagres, nos llamó la atención producirlos porque al capacitarnos nos dimos cuenta que contamos con el clima y los recursos óptimos para cultivarlos sin mayores costos y al ser un producto que no es cultivado en la zona, podremos abarcar un amplio mercado, lo que genera grandes expectativas”, indicó Lorena Mielnichuk, secretaria de la cooperativa.
En esta primera etapa comenzaron con diez troncos que miden unos 80 centímetros, son enterrados y se procede a cortar una rodaja en la parte superior donde fueron colocados los micelios, que serían las semillas de donde luego crecerán hongos de la especie Gírgola (Pleurotus ostreatus). 
Una vez que se colocan las hifas, se procede a cubrirlos con la rodaja de madera para que en unos cinco meses  los hongos puedan ser cosechados.
La idea es implementar nuevos semilleros para disponer de materia prima suficiente para venderlos de forma natural, procesados en conservas y disecados, ya que mediante el proyecto recibieron los equipamientos necesarios para montar un secador solar que les permitirá deshidratar los hongos. 

Jejy’a, el producto que reactivó una cooperativa

El jejy’a son pequeños frutos del palmito que antiguamente eran consumidos por los animales y los productores, pero en su mayoría eran cosechados para la venta de las semillas para plantines de palmitos a viveristas que producen palmeras ornamentales.
No obstante, el uso de esta pequeña fruta ha cambiado desde que investigadores del Conicet comenzaron a indagar los usos, propiedades y las formas de consumo, en el marco del proyecto “Uso sustentable de la biodiversidad” impulsado y financiado por la Secretaría de Ambiente de la Nación, proyecto que no solamente estudia el Jejy´a sino también la miel de yate-í.
La investigadora Daily García junto a la directora Dra. en Ciencias Biológicas Norma Hilgert, comenzó a investigar cómo se encontraba la población de palmitos en la zona norte y las propiedades del fruto y la semilla, ya que el mayor desafío era poder utilizar la delgada capa del pulpa del fruto que recubre la semilla sin dañarla y darle otro uso al recurso natural que crece en bosque nativo.
La semilla del jejy’a es muy delicada, debe mantenerse en un lugar húmedo ya que se deshidrata con facilidad y una vez que eso ocurre ya no puede ser utilizada, es por ello que los productores, una vez cosechado el fruto procedían a mantener en el monte las semillas hasta comercializarlo.
Después de un tiempo de ensayo por parte de las investigadoras, lograron evitar que las semillas se deshidraten luego de ser separadas de la pulpa.
“Nuestro trabajo empezó ante la inquietud de saber qué importancia tiene el palmito hoy en día, teniendo en cuenta que cuando el vecino país Brasil prohibió la venta del cogollo del palmito hace quince años aproximadamente, dejó de ser importante. Nosotros estamos convencidos que si el recurso tiene un uso se conserva mejor, así empezó nuestro trabajo, además de ver en qué condiciones están las poblaciones de palmito”, explicó Hilgert.
Remarcó que al comenzar con el trabajo supieron que muchos productores cosechaban el fruto del palmito, algunos para vender a viveristas, “y en Brasil vimos que empezaron a retirar la pulpa y tiraban la semilla, entonces la idea fue probar retirar la pulpa y vender la semilla y así obtener dos recurso de la misma planta. Todo parece indicar que será muy bueno, este año un tercio de lo que se vendió de semilla, se despulpó primero”. 

Reactivar la cooperativa
La Cooperativa Agroecológica de Península estuvo cerrada por 11 años, pese a que cuentan con sala de extracción equipada. Los motivos se desconocen, pero a raíz de la investigación llevada adelante por las investigadoras del Conicet, se reactivó. Cabe destacar que varios productores estaban a punto de dejar la chacra y este producto los incentivó a quedarse.
“El proyecto comenzó hace seis años, las investigadoras estudiaron la semilla y los usos de la misma, y el resultado fue muy bueno, estuvimos durante un año y medio ajustando el protocolo para extraer la pulpa sin dañar la semilla, y hoy en día podemos ofrecer nuestros productos a base del fruto del palmito”, afirmó Mirna Korniejczuk productora de pulpa de jejy’a. 
La pulpa del jejy’a es sumamente delicada, y no se encuentra en abundancia. “De cinco kilos de fruta, se extrae solamente dos de pulpa, este producto es rápidamente congelado ya que se oxida con rapidez”, explicó Korniejczuk.
En la cooperativa no solamente se utiliza el fruto rojo para mermeladas, si no que otros productores se animaron a experimentar con la materia prima y lograron hacer cerveza, licores y helado a base de la pulpa del fruto del palmito. Además hay chef que están abocados en producir barras de cereal a base del jejy’a.“Este producto ofrece una serie de beneficios, ya que es rico en minerales, antioxidantes y vitaminas, es un producto muy energético y refrescante”, remató Korniejczuk
El jejy’a brinda la posibilidad de un ingreso a once familias que se encuentran trabajando con el fruto del palmito en la cooperativa.
El producto se ha comercializado en forma esporádica y fue utilizada en concursos gastronómicos, debido a que aun no cuenta con el registro provincial, aunque ya se han iniciado los trámites. 
“La idea es que la cadena de comercialización sea corta, de la península a Iguazú. El producto depende de la cosecha de la planta que solamente crece en la selva”, explicó Hilgert. 

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