Portugal conquista las Misiones Orientales

Viernes 14 de febrero de 2020
Por Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador


En 1801 España y Portugal se enfrentaron militarmente por la actitud del gobierno portugués de continuar la alianza con Inglaterra en contra de la voluntad franco-española de formar un bloque continental antibritánico. Este conflicto, conocido en la historia universal como la “Guerra de las Naranjas” fue muy breve y con escasas consecuencias en la península ibérica. Sin embargo, para sus colonias americanas esta guerra dejó efectos decisivos como por ejemplo la incorporación definitiva al Imperio portugués de los Siete Pueblos Jesuíticos, erigidos en territorio riograndense sobre el lado oriental del río Uruguay. Efectivamente, ante el desenlace de aquel conflicto y la ausencia de una política defensiva de la frontera entre las Misiones Orientales y el Imperio Portugués, una pequeña banda de milicianos riograndenses conquistó, casi sin oposición la región de los Siete Pueblos y sus espacios rurales.
Ya uno de los principales demarcadores designados para el cumplimiento del Tratado de 1777 de límites entre España y Portugal, Félix de Azara, había alertado sobre la necesidad de fortalecer ese espacio fronterizo entre España y Portugal. “Hay que poblar cuanto antes esa región, alertaba Azara al Virrey Vértiz en 1798, sino se perderán nuestros campos y nuestras Misiones”. Y Azara sabía de lo que hablaba pues entonces servía como Comandante de la Frontera para el gobierno español.
En agosto de 1801, merced a una rápida acción de “razzias” de milicias lusitanas comandadas por dos lugareños sin formación militar, José Borges do Canto, un contrabandista de la región, y Manuel dos Santos Pedroso, un estanciero de zonas cercanas a las Misiones, acompañados por unas pocas decenas de hombres, aprovechando la situación bélica en la península ibérica, entre España y Portugal, y, fundamentalmente el desorden reinante en los pueblos de guaraníes, tomaron San Miguel, en medio del júbilo de los guaraníes habitantes de ese pueblo que, hartos de la miseria que vivían, evidentemente se ilusionaban con una mejor administración. Inmediatamente continuó esa aventura militar en el resto de los siete pueblos, sin que en ninguno de ellos se opusiera la menor resistencia a la invasión. Esa ocupación concretó un viejo anhelo de la corona portuguesa: el afianzamiento de la frontera meridional sobre el río Uruguay. De inmediato, la Capitanía de Rio Grande, otorgó en “sesmarías”, las ricas estancias de las Misiones Orientales hasta el río Uruguay. El sistema de “sesmarías” era un método de la Corona portuguesa que servía para poblar el territorio y recompensar a funcionarios civiles y militares por servicios prestados a la corona. Los primeros beneficiados fueron los “conquistadores” Borges do Canto y Santos Pedroso. En apenas diez años, a través de una hábil política de concesiones de tierras, el gobierno portugués de Río Grande había afianzado su conquista mediante la ocupación del espacio hasta el río Uruguay. Con ello se perdía definitivamente para España el territorio oriental de las antiguas Misiones Jesuíticas, que comenzaban allí su fraccionamiento. 
El imperio portugués consolidó su conquista creando la Comandancia Militar de Misiones, con cabeza en Sao Borja. Esta Comandancia tuvo jurisdicción sobre los Siete Pueblos, desapareciendo el departamento de San Miguel, creado por el gobierno de Buenos Aires en la década de 1770. La administración de los pueblos guaraníes, en tanto no sufrió sustanciales modificaciones pues se estableció un administrador portugués en cada uno de los pueblos y sus estancias con un cura en cada pueblo. La mitad de la semana los naturales trabajaban para la comunidad, el resto del tiempo para ellos mismos. Pero, como había ocurrido anteriormente, según relata el Padre Joao Gay, que fuera Cura de San Borja, la deshonestidad de los administradores, en general, llevó a las muy dudosas ventas de las estancias comunitarias a los propios administradores. 
En los pueblos, a pesar del entusiasmo inicial, continuó la decadencia que venían experimentando desde la administración española. Las guerras artiguistas afectarán casi del mismo modo a estos pueblos que a los del otro lado del Uruguay, por lo que, al final de este ciclo, sólo cenizas y destrucción sería la realidad de la mayoría de los Siete Pueblos Orientales.

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