Parricidios en Misiones: casos, contextos y su multicausalidad

Domingo 6 de octubre de 2019 | 06:30hs.
Ilario Kirschner y Mirta Sacker fueron asesinadas hace dos semanas.
 Jorge Posdeley

Por Jorge Posdeley fojacero@elterritorio.com.ar

Hoy se cumplen dos semanas del día en que Ilario Kirschner (61) y su esposa Mirta Sacker (54) fueron hallados asesinados dentro de su vivienda en plena chacra de la localidad de Comandante Andresito.
Ambos cadáveres presentaban dos heridas de arma de fuego, pero la mujer además tenía una fractura de cráneo producida a raíz de un golpe efectuado con un objeto contundente. La propia muerte de la pareja de agricultores sacudió a toda la localidad y la saña contra los cuerpos que luego evidenció el examen forense sumó más estupor al caso, pero el hecho aún guardaba otro condimento para terminar de cerrar un cruento círculo de aristas.
Es que tras una semana de paciente pesquisa, los investigadores policiales y judiciales terminaron de recolectar indicios y pistas suficientes como para ordenar la detención de uno de los hijos de la pareja como principal sospechoso del doble crimen.
De esta forma, Alejandro (23) fue detenido el lunes de la semana pasada y desde ese día permanece privado de su libertad e imputado por el delito de homicidio agravado por el vínculo, figura que prevé una pena de prisión perpetua en caso de ser hallado culpable en un futuro debate oral y público.
En contra del muchacho los pesquisas encontraron contradicciones en su relato y falencias en su coartada. Es que Alejandro vivía con sus padres y fue esa noche del domingo 22 de septiembre a las 23 que acudió a la casa de su tío para contarle que había salido durante la tarde y que al regresar en la noche se topó con la cruenta escena.
Sin embargo, el relato del muchacho fue puesto en duda cuando los pesquisas no pudieron comprobar con ningún testimonio ni prueba que el joven efectivamente haya estado fuera de casa durante esa tarde de domingo y para ese entonces en su contra ya tenía otros señalamientos que daban cuenta de una complicada relación que mantenía con su padre debido a su adicción a las drogas.
Además, la vivienda de la pareja se encontraba completamente revuelta, excepto la habitación del muchacho, detalle que también levantó sospecha en los pesquisas, quienes tampoco constataron faltante de elementos de valor en el lugar como para analizar el caso como un hecho de robo.
Lo que sí faltaba era el celular de Ilario y su arma de fuego, que casualmente lleva municiones del mismo calibre que los proyecticles hallados en su cuerpo y en el de su esposa. Es decir, que la principal hipótesis marca que tanto el hombre como su mujer fueron ultimados con su escopeta.
Con todo esto sobre el tapete, la pesquisa se cerró sobre el hijo menor de la pareja y otro caso de parricidio comenzaba a tomar forma en Misiones, donde en los últimos tres años se registraron otros cinco homicidios que tuvieron a padres/madres como víctimas y a sus hijos como víctimarios, todos cometidos bajo diferentes contextos.

Casos y contextos
En febrero de este año fue Elsa Díaz (67) quien presuntamente fue asesinada por su hijo Nelson Orlando D. M. (45), que intentó montar la escena de un robo en la vivienda donde convivían en el barrio 2 de Febrero de Candelaria para despistar a los investigadores, pero las pruebas recolectadas en la escena lo acorralaron.
A fines de 2018, en tanto, la víctima fue Alfonso Adaria (54), asesinado con un hacha por su hjo de 22 años. Pero el crimen de Adaria tenía un trasfondo enmarcado por violencia de género que el hombre infundía sobre su pareja y fue en medio de uno de esos episodios que el muchacho mató a su padre para defender a su madre, por lo cual días después fue excarcelado y la Justicia enmarcó el hecho como un homicidio en exceso de la legítima defensa de terceros.
En septiembre de 2017 se registró el caso de Dominga Isabel Huzy (52), presuntamente estrangulada y luego arrojada al basural de Apóstoles por su hijo Rafael R. (25), que aparentemente pretendía quedarse con la vivienda de la madre.
En 2016 hubo casos de este tipo: Juan Tabares (50) en junio y María Yess (63) un mes después.
El primer hecho fue Bernardo de Irigoyen y el hombre fue asesinado por su hija de 19 años, quien luego relató que cometió el hecho al defenderse de un ataque sexual.
Yess, por su parte, fue ultimada de un balazo en su casa de Puerto Rico y por el hecho quedó detenida una de sus hijas con quien aparentemente había constantes discusiones por el terreno. En esta ocasión, ambos involucrados fueron imputados luego por homicidio agravado por el uso de arma de fuego, premeditación, alevosía y codicia.

De factores y conductas
En medio de todo el recuento de casos, El Territorio dialogó con Laura Quiñones Urquiza, reconocida especialista en criminología forense que incluso asiste a fuerzas policiales, fiscalías y juzgados de instrucción de todo el país confeccionando perfiles criminales.
En esta ocasión, Quiñones fue consultada estrictamente sobre casos de parricidio y a la hora de explicar cómo se suceden este tipo de hechos indicó que “existe una multicausalidad”.
“Pueden existir factores de riesgos personales que están más orientados a temas psicológicos o de crianza, donde la violencia es aceptada en esa familia o personas que han sido abusadas físicamente durante años por algunos de los padres -o ambos- y de pronto explotan, revasan la violencia de la cual han sido objetos”, explicó.
Y continuó: “También pueden existir otro tipo de factores que se pueden dar en la adolescencia, que son factores sociales, donde uno se junta con personas que validan el delito y eso se ha visto en algunos grupos violentos en otros países donde para poder acceder a formar de esos grupo uno de los rituales de iniciación es matar a algún miembro de la familia”.
Luego, Quiñones Urquiza señaló que otro factor que puede influir es el uso de estupefacientes. “En grupos de pares en la adolescencia, donde empiezan con el uso de drogas y eso puede llevar a una desinhibición donde los familiares o los seres más cercanos ya no son vistos como seres humanos, sino que son deshumanizados y como ya no quieren ayudar o no se prestan para sostener algún tipo de vicio respecto a las drogas esas personas pasan a ser víctimas. Víctimas de la furia y frustración de estos sujetos”, explicó.
También puso sobre el tapete circunstancias vinculadas a patologías psiquiátricas no tenidas en cuenta a tiempo o sin el tratamiento médico correspondiente, y “factores de riesgo situacionales o contextuales” como son las riñas o peleas entre padre/madre e hijos.
No son pocos los casos de parricidios que una vez consumados son calificados por familiares, allegados o vecinos como la “crónica de una muerte anunciada”, debido a los antecedentes de violencia o a la conflictiva relación que observaban entre los implicados.
Al respecto, Quiñores Urquiza considera que “pueden haber conductas precursoras de esos hechos” y explicó que “a veces los vecinos o los familiares cercanos, es decir los del grupo de familia extensa, pueden llegar a presenciar algún tipo de conducta abusiva por parte de hijos que no se comportan como hijos sino como tiranos, como explotadores de los padres”.
Y sobre esta conducta, la criminóloga profundizó que “es algo que algunos países se conoce como el Síndrome del Niño Emperador, que ha sido muy estudiado en el ámbito de la psicología y de la criminología”.
Dicho síndrome define a los niños y adolescentes que abusan de sus padres sin la menor conciencia. También es conocido como Trastorno de Oposición Desafiante (TOD), que es un patrón disfuncional de conducta desobediente, desafiante y hostil hacia las figuras de autoridad.

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