Oración al Cristo sufriente del Cerro

Sábado 20 de abril de 2019
Silvia Godoy

Por Silvia Godoysociedad@elterritorio.com.ar

En medio de un manto colorado, la fila de autos avanzaba a paso de hombre. Metro a metro, el horizonte, esa línea de tierra espesa, se aclaraba y, cercana, dejaba ver el pie del Cerro Monje y, más allá, su cuesta.
El empinado camino andado por la fe popular al menos desde fines del siglo XIX, cada Viernes Santo congrega a miles de peregrinos que se entremezclan con los puestos de venta de estampitas y velas, caburé y globos.
Emplazado en San Javier, a unos 4 mil metros del casco urbano, el acceso al centro de espiritualidad desde la ruta lleva unos cinco kilómetros. En su extensión hay un área asfaltada con senda para peatones, un tramo empedrado y un buen trayecto de tierra.
La cima del cerro descubre una inmensa vista de río Uruguay y del monte. El cielo parece más cercano y asequible. El agua que brota de una vertiente riega el misterio que viene de lejos, memoria oral que aúna leyenda y religiosidad.
En ese lugar místico, en una especie de anfiteatro al aire libre ubicado frente a la capilla, ayer tuvo lugar, como cada año, la misa y recreación de la Pasión de Cristo, luego fue el Vía Crucis, que recorre las estaciones marcadas en piedra alrededor del predio.

El dolor
El grupo juvenil de la Parroquia San Francisco Javier representó la pasión de Cristo, su crucifixión y resurrección.
La música utilizada recorrió diversos géneros como la religiosa, folclórica y hasta composiciones urbanas como un rap.
Mientras, los cuadros mostraron a un Cristo recién nacido que se hizo hombre, que predicó y enseñó y que fue traicionado por su pueblo y condenado a la cruz.
El padre Narciso, de la localidad de Puerto Rico, presidió la misa junto a otros sacerdotes y, en su homilía, felicitó a los jóvenes que ensayaron mucho tiempo para dar un buen número.
“La Semana Santa se extrema de manifestaciones de fe, otras de curiosidad y de turismo, hay de todo, quiero creer que venimos aquí a profundizar nuestra fe”.
Y siguió: “El profeta Isaías nos habla del Cristo sufriente y sufrió mucho. Fíjense que vimos una representación y nos conmovió, lo que habrá sido en la realidad el dolor de Jesucristo” y, volviendo a la teatralización, refirió: “El diablo se pasó danzando pero qué logró: nada. El diablo no logra nada si no lo dejamos entrar en nuestra vida”.
Por último, ponderó: “Jesús en el huerto de los olivos, y luego en la cruz, clama al Padre y pareciera como que el Padre no escucha, pero no es así. Ya estaba decidido que Jesús muera en la cruz para salvar a la humanidad y que esa muerte sería vida. Adoremos al Cristo de la Cruz, al Cristo sufriente que nos salvó por su gran amor”
Entonces, subrayó: “Guardar odio, rencor, bronca es al divino botón, porque el odio muere, en cambio amar siempre es el camino”.

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