Este lunes se conmemora el Día del Guardaparque en Misiones
Cada 19 de octubre, Misiones conmemora el Día del Guardaparque Provincial en memoria de Horacio Foerster, quien falleció el 19 de octubre de 1992 mientras cumplía funciones en el Parque Provincial Moconá. Su muerte, ocurrida en aguas del río Uruguay durante un episodio de rescate de visitantes, marcó la historia del sistema provincial de áreas naturales protegidas. En su honor, la provincia recuerda a quienes asumen cotidianamente la tarea de conservar la selva, proteger la fauna y flora nativas y preservar el patrimonio natural misionero.
A través de los testimonios de Onecimo Olivera, guardaparque desde 1991 y actual coordinador de la Zona Sur, y de Ricardo Otto Freyer, quien acumula 36 años de servicio, se recupera la historia de una profesión marcada por la vocación, el compromiso y el trabajo en equipo. Sus experiencias permiten conocer la evolución del sistema provincial de conservación, las dificultades del trabajo en el territorio y las huellas que dejan tanto las personas como los acontecimientos que marcaron sus trayectorias.
Detrás de esa tarea hay personas, historias y décadas de experiencia en el territorio. Onecimo Olivera acumula 35 años de servicio en el Ministerio de Ecología. Actualmente es coordinador de la Zona Sur y comenzó su recorrido profesional en el Parque Provincial Urugua-í, desde donde también se trasladaba a Moconá y a otras áreas protegidas de la provincia.
“Por vocación”, resume Olivera cuando recuerda por qué eligió esta profesión. Su ingreso se produjo en una época en la que todavía no existía la carrera formal de guardaparque como se conoce hoy. Se formó como guardaparque baqueano y aprendió en el territorio, junto a otros trabajadores que fueron construyendo las bases del sistema provincial de conservación.
A lo largo de más de tres décadas, Olivera fue testigo de la evolución de las áreas naturales protegidas de Misiones, tanto en la incorporación de nuevos espacios como en las herramientas disponibles para trabajar en ellos.
“En ese entonces teníamos dos o tres parques y había que ir sumando”, recuerda. Con el tiempo, la creación y consolidación de nuevas áreas ampliaron los desafíos y las responsabilidades de los equipos encargados de protegerlas.
También cambiaron las herramientas de trabajo. De la máquina de escribir se pasó a las computadoras, los GPS y las imágenes satelitales, tecnologías que hoy forman parte de las tareas de monitoreo, planificación y control. Sin embargo, para Olivera, la actualización es permanente: “Todo el tiempo tiene que estar aprendiendo. Es todo un desafío, la verdad”.
Su experiencia refleja una transformación que no se limita a la incorporación de tecnología. La protección de la biodiversidad requiere adaptar los métodos de trabajo, compartir conocimientos y fortalecer la coordinación entre los equipos que intervienen en las distintas áreas de la provincia.
El recuerdo de Horacio Foerster: un compañero de guardia
Uno de los momentos más significativos del relato de Olivera aparece cuando se le pregunta por Horacio Foerster. No habla de una figura lejana ni de una historia que conoce por terceros: fue su compañero de trabajo y compartió con él una instancia de relevo en el Parque Provincial Moconá antes de su fallecimiento.
Olivera recuerda que había cumplido una guardia de 30 días junto a otro compañero y que Foerster llegó para cubrirlos. Después ocurrió el episodio que conmocionó al cuerpo de guardaparques y que, desde entonces, quedó ligado a la fecha que los homenajea.
Su testimonio permite acercarse a una dimensión profundamente humana de la profesión: detrás de las guardias, los recorridos y las responsabilidades de conservación hay vínculos construidos en el trabajo cotidiano, compañeros que comparten las dificultades del territorio y experiencias que permanecen en la memoria a lo largo de los años.
La historia de Foerster forma parte de la identidad del cuerpo de guardaparques provincial. Su nombre también identifica un área natural protegida de Misiones, como expresión de una memoria que permanece vinculada al compromiso con la conservación.
Ricardo Freyer: 36 años de servicio y la huella de un incendio que no olvida
Con 36 años de trayectoria, Ricardo Otto Freyer también forma parte de la historia del cuerpo de guardaparques de Misiones. Su recorrido comenzó cuando se incorporó como guardaparque baqueano, en los primeros años de consolidación de una estructura provincial que surgió ante la necesidad de custodiar los recursos naturales y la biodiversidad.
Para Freyer, la conservación excede las tareas que se realizan dentro de un parque. Se trata de una responsabilidad que compromete al conjunto de la sociedad y que debe sostenerse para que las generaciones futuras puedan conocer y proteger el patrimonio natural.
Entre las experiencias que marcaron su trayectoria, hay una que permanece especialmente presente: el incendio que afectó al Parque Provincial Cruce Caballero, en San Pedro, durante agosto de 1999. Freyer se encontraba trabajando en la zona cuando una combinación de condiciones ambientales adversas y una acción humana imprudente desencadenó un fuego de enormes proporciones.
Recuerda que durante la primera semana de agosto se produjo una intensa helada que afectó la vegetación. Después llegó una sequía de aproximadamente 30 días, acompañada por fuertes vientos del norte y altas temperaturas. En ese contexto, según su testimonio, tres cazadores furtivos provocaron el incendio que terminó avanzando sobre el área protegida.
“Fue una tragedia”, sostiene al recordar lo sucedido. Para explicar la magnitud del episodio, describe cómo las llamas avanzaban rápidamente y alcanzaban árboles nativos de gran porte, incluidas las araucarias, que ardían como antorchas. La situación puso en peligro a quienes intentaban contener el fuego y proteger el monte.
Freyer recuerda que estuvieron cerca de perder la vida en medio de aquella emergencia. La intensidad del incendio superaba las posibilidades de control y dejó una marca profunda en quienes presenciaron su avance y sus consecuencias.
La investigación posterior permitió identificar y detener a los responsables, según relata el guardaparque. Sin embargo, para él, las consecuencias ambientales de aquella acción no pueden medirse únicamente por las responsabilidades individuales: el daño sobre la vegetación y el ecosistema persistió durante años.
“El monte recién ahora se está reponiendo o recomponiendo de semejante quemazón”, expresa al referirse a la recuperación del área. La experiencia le permitió observar de cerca tanto la fragilidad de los ambientes naturales frente a los incendios como la capacidad de regeneración de la propia naturaleza, aunque ese proceso demande tiempo.
A más de dos décadas de aquel episodio, Freyer sigue considerando el incendio una de las experiencias más dolorosas de su carrera. Su relato pone en perspectiva el trabajo de los guardaparques frente a situaciones en las que la prevención resulta tan importante como la respuesta ante la emergencia.
La conservación como compromiso de toda la sociedad
La experiencia de Freyer también refuerza una idea que atraviesa su trayectoria: la protección de la biodiversidad no puede quedar exclusivamente en manos de quienes trabajan dentro de las áreas naturales protegidas.
Para el guardaparque, la responsabilidad ambiental debe involucrar a toda la ciudadanía, sin distinciones. Turistas, productores, visitantes y habitantes de la provincia tienen un papel en el cuidado del suelo, el agua, la vegetación y la fauna. Las decisiones individuales pueden tener consecuencias que trascienden el momento y afectan el equilibrio de los ecosistemas.
En ese sentido, destaca la importancia de la educación ambiental y de los medios de comunicación como herramientas para generar conciencia. Considera que las posibilidades actuales de difusión permiten acercar estos temas a más personas y fortalecer el conocimiento sobre la importancia de conservar la naturaleza.
Su reflexión parte de una convicción: los seres humanos no son ajenos al ambiente, sino parte de él. La biodiversidad, el agua, el suelo y el monte forman un sistema del que depende la vida y cuya alteración puede generar consecuencias para toda la sociedad.
Por eso, sostiene que la conservación exige tanto el trabajo especializado de los guardaparques como el compromiso cotidiano de la comunidad. Cuidar la naturaleza implica comprender que cada acción tiene un efecto y que preservar los recursos naturales es también una forma de proteger el futuro.
Cuidar la selva, una responsabilidad compartida
Cuando Olivera mira hacia atrás, también observa los cambios ambientales que se produjeron durante sus años de servicio. Desde su experiencia, esa realidad refuerza la importancia de sostener el compromiso de quienes trabajan en la conservación y de involucrar a la sociedad en el cuidado de los recursos naturales.
Para el guardaparque, la conservación debe estar presente en las escuelas, las universidades y los distintos ámbitos de la comunidad. Conocer y valorar el patrimonio natural es una condición fundamental para protegerlo y transmitirlo a las nuevas generaciones.
En su mirada, el trabajo de los guardaparques también tiene una dimensión de servicio público: una responsabilidad que exige compromiso permanente y que se construye con el aporte de muchas personas, dentro y fuera de las áreas protegidas.
Las experiencias de Olivera y Freyer coinciden en un punto central: la conservación no es una tarea concluida, sino un trabajo que requiere aprendizaje, adaptación y participación colectiva. Ambas miradas permiten dimensionar el valor de una profesión que combina conocimientos técnicos, experiencia en el territorio y una responsabilidad que se sostiene a lo largo del tiempo.
El valor del trabajo en equipo
A la hora de destacar lo más gratificante de la profesión, Olivera menciona el reconocimiento de la comunidad. Saber que los ciudadanos valoran la tarea de los guardaparques representa, para él, un estímulo para continuar.
También subraya que el resultado del trabajo depende de un equipo amplio, integrado no solo por guardaparques, sino también por personal administrativo y otros trabajadores que contribuyen al funcionamiento del sistema.
“Es el día a día que uno recoge de los compañeros de trabajo”, señala al referirse a las satisfacciones que ofrece una actividad en la que muchas veces el reconocimiento no se expresa mediante premios o recompensas materiales, sino en el acompañamiento de quienes comparten la tarea y de la sociedad.
En este Día del Guardaparque Provincial, su mensaje está dirigido tanto a quienes llevan décadas de servicio como a las nuevas generaciones que se incorporan a la profesión. Olivera destaca la llegada de nuevos integrantes con ideas renovadas y alienta a continuar trabajando de manera conjunta.
“Que sigamos trabajando fuertemente para que las nuevas generaciones sigan cuidando y valorando lo que tenemos y lo poco que nos queda”, expresa.
Por su parte, Freyer invita a reflexionar sobre el sentido de esta conmemoración y sobre la continuidad del compromiso con las áreas naturales protegidas. Su mensaje también alcanza a quienes no forman parte del cuerpo de guardaparques, pero pueden contribuir desde sus actividades cotidianas al cuidado del ambiente.
Una historia que continúa en las nuevas generaciones
Sus testimonios, atravesados por el recuerdo de Horacio Foerster y por las vivencias que marcaron sus carreras, ponen en valor la dimensión humana de una tarea esencial para Misiones. Ser guardaparque significa custodiar las áreas naturales protegidas, pero también transmitir conocimientos, construir conciencia ambiental y defender un patrimonio que pertenece a toda la sociedad.
En este 19 de octubre, la memoria de quienes dieron su vida en cumplimiento de su deber se une a la experiencia de quienes continúan trabajando por la conservación. El desafío es sostener ese compromiso, fortalecer el sistema provincial de áreas protegidas y lograr que las generaciones futuras encuentren en la selva misionera una riqueza viva que merezca ser cuidada, respetada y preservada.