El presidente descargó insultos sobre periodistas
Aumentan las señales de tensión entre Milei y Bullrich por alcance de ajustes
Javier Milei opinó ayer sobre el video que publicó Patricia Bullrich a través de sus redes sociales con el título “Sé que todos los ‘peros’ tienen un ‘porqué’” en el que se puede percibir una canción de Lali Espósito, recurrente opositora del Jefe de Estado, sonando de fondo.
Todo esto salió a la luz cuando Marcia Frisciotti compartió unos mensajes que le respondió Milei acerca de este asunto y la periodista le puso voz a lo que dijo: “Me parece una tontería politizar el arte”, en busca de calmar las aguas tanto con la senadora como con la cantante.
Dicha pieza que utilizó de Lali, llamada “No me importa”, dice: “Nunca fui lo que querían de mí / y no me importa / siempre están los que estuvieron ahí / el resto sobra”. El conflicto surge a raíz del descontento de Bullrich por los recortes en discapacidad del Presupuesto 2027. Antes de subir la canción, ya había hablado en varias entrevistas y lo único que esbozó respecto a este tema fue que es un tema “sensible”.
Además, Milei continuó con su intención de sacarle peso a lo sucedido: “¿Cuál sería el problema de que escuche a Lali? Para mí no sería ningún problema. De hecho, me parece una tontería mayúscula politizar el arte. Es más, luego de la polémica escuché algunos temas y me gustaron”, aseguró en Puro Show.
Por otro lado, el problema puntual entre el Presidente y la cantante viene desde hace varios años. Sin ir más lejos, Milei la apodó como “Ladri Depósito”, mientras que ella resalta su insatisfacción con el Gobierno cuando hace sus shows, pero de una manera indirecta.
El cortocircuito
Si bien anteriormente está mencionado el caso del Presupuesto 2027, el foco también cae en que, según Bullrich, no le avisaron sobre esta nueva regularización pese haber estado reunida en la mesa política junto a Luis “Toto” Caputo y Karina Milei tan solo dos días antes de que se revele el cambio en el área de Discapacidad.
Respecto a los “fallos en la comunicación” que revelaron en la Secretaría General, Bullrich opinó sobre este tema en la Cámara Alta: “No quiero que me traten como tonta. Si hay un lugar de discusión, ahí se deben discutir los temas y hacer la evaluación de la capacidad política para que eso salga o no salga”. Además, advirtió sobre “derribar acuerdos”.
Por último, confesó que se enteró leyendo los diarios y que no tuvo oportunidad de revertir la decisión: “La palabra es que no nos enteramos. Y si no te enterás, no tenés posibilidad de decir: ‘esto hay que cambiarlo’. Si vos te enterás cuando ya es un hecho consumado, ¿qué hacés?”, concluyó la jefa del bloque de La Libertad Avanza.
Furia contra periodistas
El jueves por la noche, sin un contexto previo, sin una noticia específica que funcionara como disparador y a través de sus redes sociales, Javier Milei volvió a cruzar un límite en su conflictiva relación con la prensa. El repentino exabrupto expuso a un mandatario que, acorralado por las tensiones puertas adentro de su propia residencia, recurre al insulto visceral de forma impredecible, dejando a la vista un nivel de exasperación que sorprende incluso a los analistas más experimentados de la política nacional.
La última descarga llegó en letras mayúsculas y sin ningún tipo de filtro. “Periodistas de mierdas, después se quejan cuando les digo que son mierdas humanas que se la pasan mintiendo”, disparó el jefe de Estado en su cuenta de X. La agresión, que apareció flotando en el vacío virtual, corona una semana de furia donde ya había tildado de “imbéciles”, “analfabetos numéricos” e “idiotas útiles” a los comunicadores que objetan su rumbo económico, además de dedicarle una brutal descalificación escatológica al conductor Marcelo Bonelli.
Pero el clima de ebullición no se limita a los impulsos en el teléfono celular del Presidente. Las puertas adentro de la Quinta de Olivos arden al ritmo de una purga extrema que terminó con el despido súbito de 12 trabajadores. Empleados de mantenimiento, limpieza, seguridad y cocina fueron apartados de sus cargos en una maniobra que el periodista Manu Jove advirtió como el resultado de una situación “bastante grave”, desligándola de la versión preliminar que apuntaba a una simple filtración de datos de gestión.
El hermetismo oficial no hizo más que alimentar el desconcierto sobre lo que verdaderamente detonó la guillotina en la residencia. Mientras desde el Ejecutivo dejaron trascender que el enojo presidencial respondía a la fuga de información sobre la intimidad diaria de Olivos, los pasillos se llenaron de rumores mucho más oscuros. Entre los desencadenantes figuran desde el supuesto uso no autorizado de alimentos e insumos por parte del personal, hasta un episodio dramático que involucraría la presunta intoxicación de uno de los perros del mandatario.
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