Renunció el gran capitán
La noticia sacudió y paralizó el mundo deportivo. Argentina desconsolada quedó estupefacta, y Misiones, mi provincia, en este 31 de agosto lluvioso y templado, aletargada se aquietó con el sosiego del misterio, breve y mágico mutismo en que nada se escucha, nada se percibe, nada conmueve. Inesperadamente al conjuro del éxtasis las brisas dejaron de soplar y las nubes de agruparse. Sólo un trueno aislado fue el último estallido sonoro. ¿Cuánto tiempo duró el arcano silencio? ¿Un momento o más? No importó, porque al instante los pájaros al unísono comenzaron a trinar, los insectos a zumbar y las mariposas a revolotear. Miles de ellas volaban al encuentro del arco iris y en el cielo los ángeles repetían “ha renunciado a su selección el gran capitán de la selección argentina de fútbol”. Ya nunca más se lo verá luciendo en las canchas la camiseta albiceleste, ya nunca más al mejor capitán de selecciones que tuvo el fútbol mundial, sencillamente porque se trata del mejor jugador de la historia.