Paralelismo con la desaparición forzada de Golemba

Condenado por homicidio de Wasyluk contó que hubo un pacto de silencio

Primero, el expolicía Ricardo Rodríguez acusó a sus camaradas, pero en el juicio se desdijo. Tras la condena, dice que cambió de versión “por temor a represalias”.
domingo 30 de agosto de 2026 | 2:00hs.
En un escrito al STJ, Rodríguez argumentó haber declarado en el juicio bajo presión y por "temor" a represalias. //Foto: archivo.
En un escrito al STJ, Rodríguez argumentó haber declarado en el juicio bajo presión y por "temor" a represalias. //Foto: archivo.

El 14 de diciembre de 2021, el Tribunal Penal Uno de Oberá condenó a tres expolicías a la pena de prisión perpetua por el homicidio de Hugo Miguel Wasyluk (38). Entre los implicados se encuentra Ricardo Javier Rodríguez -hoy de 42 años-, quien a lo largo del proceso sostuvo una versión y en el debate oral se contradijo.

En la etapa de instrucción, Rodríguez acusó a Pedro De Mattos y a Carlos Antonio Gómez de propinarle un feroz castigo a la víctima; pero en el juicio, a la hora de hablar, se desdijo de todo y aseguró que antes había declarado “bajo una gran presión psicológica”.

En lo único que se mantuvo fue en que no vio el cuchillo con el que supuestamente Wasyluk atacó a los policías. Al respecto, en la instrucción había dicho que sus camaradas le plantaron el arma a la víctima.

El cambio de postura del exefectivo de la Policía de Misiones sorprendió a propios y extraños, ya que, de haber sostenido su primera versión del hecho, tal vez el Tribunal hubiera considerado una pena menor a la que finalmente le fue impuesta.

Pero una vez más, Rodríguez volvió sobre sus dichos y, mediante una nota enviada a la presidenta del Superior Tribunal de Justicia (STJ), Rosanna Pía Venchiarutti Sartori, el condenado planteó su supuesta inocencia y hasta mencionó un acuerdo o pacto de silencio entre los involucrados.

Además de mencionar que previo al debate “fui obligado” a concurrir a una reunión, indicó que terminó declarando a favor de sus camaradas “por temor a las represalias contra mis hijos, mis padres y mi esposa”.

Detalles del escrito

El Territorio accedió en exclusiva al pedido que Rodríguez envió desde la Unidad Penal VIII de Cerro Azul, donde cumple la pena de prisión perpetua.

“Con todo respeto que su persona y cargo merecen, a través de este escrito intentando expresarle que estoy siendo juzgado injustamente”, inició en su descargo dirigido a la ministra Venchiarutti Sartori.

El expolicía hizo hincapié en que la noche del 25 de abril de 2011 estaba de franco en la comisaría de Villa Bonita, Campo Ramón, cuando le solicitaron ayuda para el procedimiento que derivó en la detención de la víctima.

“Ese día estaba vestido de civil, sin arma reglamentaria ni ningún elemento que me identificara como policía. Mi única intervención fue sujetar de las piernas a Hugo Wasyluk para que mis compañeros pudieran esposarlo. En ningún momento lo golpeé ni lo maltraté. Tampoco tuve participación en los hechos posteriores”, indicó.

En tal sentido, mencionó que “otros efectivos presentaron ropa dañada y lesiones producto del contacto con el detenido, mientras que mi ropa permaneció limpia y yo no presentaba raspones ni lesiones”.

Supuesto temor

Además, subrayó que “ninguno de los compañeros que integraban la patrulla manifestó haberme visto golpear al detenido (…) siempre fui el último en la escala jerárquica y durante el procedimiento me limité a cumplir las órdenes de mis superiores”.

De todas formas, reconoció que “mi silencio y el haber obedecido órdenes tuvieron consecuencias muy graves”.

En tanto, se refirió a una “reunión nocturna a la que fui obligado a ir la noche previa al debate y donde tenía que declarar”, dando a entender que se direccionó su testimonio, al punto que, al otro día, su esposa al escucharlo “salió de la sala porque dije todo lo contrario a lo ocurrido”.

Su argumento fue que temía por represalias contra su familia. Es más, dejó asentando que decir la verdad “le traería consecuencias graves en su trabajo como oficial de policía” a su esposa, ya que también integra la fuerza.

Sobre el final, pidió que le permitan decir la verdad que no contó por temor, supuestamente.

La citada nota del exefectivo Ricardo Javier Rodríguez al STJ, oportunamente fue remitida al defensor oficial, Matías Olivera, quien sin demasiado margen de actuación solicitó la excarcelación de su cliente, requerimiento que fue rechazado.

La instrucción

Según testigos, lo que luego fue corroborado por Rodríguez en la etapa de instrucción, Wasyluk fue reducido y esposado con extrema violencia sobre la ruta provincial 103, en el casco urbano de Villa Bonita.

“De Mattos y Gómez lo golpearon con bastones. Yo no vi que Wasyluk tenía un cuchillo”, declaró el expolicía, desacreditando la coartada defensiva de sus camaradas que aseguraron que la víctima los agredió con un cuchillo.

Según Rodríguez, De Mattos y Gómez le propinaron un brutal castigo al detenido, incluso ya estando esposado y en el suelo. Dijo que lo golpearon sobre la camioneta y luego en la comisaría de Villa Bonita, donde lo tiraban sobre unas piedras, lo levantaban y volvían a tirar.

“Gómez le daba rodillazos en el pecho. Y le decía que era para que no se meta más con la Policía”, precisó.

Rodríguez insistió en que fue amenazado por De Mattos y agredido por Gómez para que guarde silencio. Además, trataron de imponerle su mayor jerarquía.

“Que no abra la boca. Desde cuándo la pared mea al perro”, declaró que le dijo De Mattos. En este contexto, desde un primer momento los tres fueron los más comprometidos y permanecieron tres años detenidos, lo máximo que permite la prisión preventiva.

Estando tras las rejas fueron dados de baja de la Policía. Fueron liberados en mayo del 2015 tras pagar una caución de 50 mil pesos cada uno, por lo que llegaron al juicio en libertad. En diciembre de 2021 fueron sentenciados a prisión perpetua.

En el juicio dijo otra cosa

Ya en el debate oral, lejos de ratificar la acusación sobre sus excamaradas, el exefectivo dio otra versión y aseguró que la comisión que integraba no lastimó a la víctima.

Contó que ese día estaba de franco, pero le solicitaron que acompañe a la patrulla para detener a Wasyluk, quien había sido denunciado por su hermana Ana.

“Al llegar De Mattos se defiende con un bastón de goma contra la persona que se abalanzó sobre él. Gómez lo reduce contra la puerta trasera y yo le sujeto las piernas para ayudar en la detención, junto a González. Wasyluk fue esposado y sentado en la carrocería, de espaldas contra la cabina”, precisó.

Dijo que de inmediato se trasladaron a la comisaría de Villa Bonita, donde recibieron la orden de trasladar al detenido a Oberá. Él y Gómez viajaron con Wasyluk en la carrocería. Manejaba De Mattos.

En instrucción, entre otras cosas, dijo que Gómez le pegó rodillazos al detenido y luego lo tiró en las escaleras de la Seccional Segunda.

“Declaré eso bajo presión psicológica porque estaba detenido y quería recuperar mi libertad. Todo preso dice cualquier cosa para salir, pero no vi que le hayan pegado”, señaló.

Incluso, aseguró que De Mattos y Gómez nunca lo presionaron estando detenidos.

Y sobre las lesiones con cuchillo que sus colegas se habrían autoinfligido, respondió: “No me acuerdo de eso”.

Paralelismo con el caso Golemba

En el marco de la reciente imputación a 17 policías y expolicías de Misiones por la desaparición forzada de Mario Golemba (27), el pasado 12 de agosto su hermano Eliezer difundió un video en el que se dirigió directamente a los sospechosos y les pidió que digan dónde están los restos.

“Rompan el pacto de silencio, piensen en mi madre, piensen en Irma, devuelvan los restos a mi madre”, reclamó, ya que el objetivo de la familia no pasa sólo por conocer la verdad judicial, sino por recuperar los restos de Mario y poder darle una despedida.

“Es lo que nosotros como familia buscamos, que es tener un lugar a donde llevar flores a Mario”, remarcó.

Mario Golemba fue visto por última vez el 27 de marzo de 2008. La Justicia Federal investiga el hecho como desaparición forzada y no se descarta la existencia de un pacto de silencio entre policías, como el que existió en el caso Wasyluk, según el relato del exefectivo Ricardo Javier Rodríguez.

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