El fósil argentino que pondría en jaque todo lo que se sabía sobre el nacimiento de los mamíferos

Un hallazgo en La Rioja sugiere que la reproducción con crías vivas es casi 100 millones de años más antigua de lo que se creía.
viernes 14 de agosto de 2026 | 13:27hs.

Un descubrimiento paleontológico realizado en la Argentina podría reescribir uno de los capítulos más discutidos de la historia evolutiva de los mamíferos. Se trata de un fósil de 236 millones de años hallado en la provincia de La Rioja, cuyos huesos conservan una marca microscópica que sugiere que el animal no nació de un huevo, sino que fue parido vivo, tal como ocurre con los mamíferos actuales.

El hallazgo corresponde a un ejemplar de Chiniquodon theotonicus, un cinodonte carnívoro del tamaño de un perro que habitó la región durante el Triásico, mucho antes de la aparición de los primeros mamíferos verdaderos. Los restos fueron encontrados en la Formación Chañares, en el noroeste del país, y catalogados como CRILAR-PV109, el mayor ejemplar registrado hasta el momento para esta especie, de la que ya se conocen más de 50 individuos.

El estudio fue publicado el miércoles en la revista Frontiers in Mammal Science y estuvo liderado por Leandro Gaetano, paleontólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e investigador del Instituto de Estudios Andinos Don Pablo Groeber, de la Universidad de Buenos Aires. Lo acompañaron en el trabajo María de los Ángeles Miceli Baro, Ignacio Cerda y Adriana Mancuso, junto a especialistas del Evolutionary Studies Institute de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, la Universidad Nacional de Río Negro, el Museo Carlos Ameghino y el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales.

Una marca que revela el momento del nacimiento

El equipo analizó la microestructura ósea del ejemplar y se concentró particularmente en el fémur y la fíbula, donde identificaron una línea neonatal, un anillo de crecimiento muy particular que en las especies actuales aparece vinculado a la fuerte aceleración del desarrollo que se produce inmediatamente después de nacer. "Encontramos un anillo de crecimiento muy peculiar. Es una marca de crecimiento no cíclica, formada por un cambio brusco, es decir, una aceleración, en la tasa de crecimiento inmediatamente después del nacimiento" explicó Gaetano.

Como esa línea representa la circunferencia exacta del hueso en el momento del parto, los investigadores pudieron calcular por primera vez la masa corporal del animal al nacer, que rondaría 1,7 kilos, frente a los cerca de 12 kilos que pesaba al morir ya adulto. Ese dato resultó clave, porque solamente los mamíferos placentarios producen crías relativamente grandes en relación con su tamaño adulto, mientras que las crías de reptiles y aves que salen de huevos son comparativamente mucho más pequeñas.

A partir de esa relación de tamaños, el equipo comparó los valores de Chiniquodon theotonicus con los de miles de mamíferos, reptiles no avianos y aves actuales, y los análisis estadísticos ubicaron al cinodonte dentro del rango de los animales placentarios, lejos de las especies que ponen huevos. "Demostramos por primera vez que el nacimiento de crías vivas estaba presente en al menos uno de los antepasados de los mamíferos" afirmó el investigador.

Una hipótesis que corre el calendario evolutivo 90 millones de años

Hasta ahora, la idea dominante entre los especialistas sostenía que la viviparidad, es decir, la capacidad de parir crías vivas en lugar de poner huevos, había aparecido recién hacia fines del Jurásico o comienzos del Cretácico, en linajes mucho más cercanos a los mamíferos modernos. La nueva evidencia adelanta esa aparición entre 90 y 95 millones de años, llevándola hasta el Triásico superior.

Los propios autores del estudio son cautos y remarcan que un solo espécimen no permite confirmar un patrón general. Por eso plantean dos escenarios igual de posibles: que el nacimiento de crías vivas haya evolucionado de manera independiente en el linaje de Chiniquodon y, más tarde, otra vez en los mamíferos actuales, o bien que haya surgido una única vez, muy temprano en la historia evolutiva, y que animales que ponen huevos como el ornitorrinco representen en realidad un regreso posterior a esa condición ancestral.

Según explicó Adriana Mancuso, investigadora del CONICET especializada en la evolución de los ecosistemas terrestres, los cinodontes prosperaron en el Triásico, un período de recomposición de los ecosistemas tras una de las extinciones masivas más devastadoras de la historia de la vida, marcado por una fuerte competencia por los recursos y una intensa presión de depredadores. En ese contexto, sumado a una tendencia hacia la aridez y una fuerte estacionalidad, los embriones de las especies vivíparas habrían estado mejor protegidos que los de las especies que ponían huevos.

El equipo de CONICET ya trabaja en el análisis de nuevos ejemplares triásicos hallados en distintos yacimientos de la Argentina, con el objetivo de determinar si el caso de Chiniquodon theotonicus fue una excepción aislada o si, en cambio, representa la evidencia de un cambio mucho más amplio y temprano en la historia reproductiva del linaje que dio origen a los mamíferos.

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