"Es un honor y una responsabilidad enorme": Melina Lovello y su compromiso con la Colectividad Polaca

Es licenciada en Genética, fue primera princesa en la Fiesta Provincial de las Raíces y este año cumple un sueño que había postergado por la facultad: representar a la colectividad polaca en la Fiesta Nacional del Inmigrante.
jueves 13 de agosto de 2026 | 12:49hs.

Melina Belén Lovello tiene 28 años y una historia familiar que comenzó en Polonia, continuó en Brasil y finalmente echó raíces en Misiones. Tras culminar la carrera de Genética y aguardar el momento oportuno, este año asumió el rol de representante de la colectividad polaca en la Fiesta Nacional del Inmigrante.

En 2018, Melina había sido elegida primera princesa en la Fiesta Provincial de las Raíces de Jardín América, una experiencia que guarda con afecto y que facilitó su acercamiento a la fiesta obereña. "Mi vínculo viene de hace muchos años, ya que tuve el honor de representar a la colectividad en Jardín América. Al ser comunidades amigas, ya conocía a los chicos de Oberá y de allí surgió la propuesta de representarlos este año", explicó.

Si bien recordó aquella vivencia como una etapa enriquecedora, reconoce que el marco actual exige otro tipo de entrega: "Representar a la colectividad aquí en la Fiesta del Inmigrante es una experiencia totalmente distinta. La estoy disfrutando al máximo con mis compañeras y con la gente en el parque, donde se vive un ambiente muy lindo".

Una historia familiar que cruzó fronteras

La ascendencia polaca de Melina proviene de ambas ramas familiares. Su abuelo paterno emigró de Polonia a los cinco años y se instaló con su familia en Brasil antes de radicarse definitivamente en Colonia Polana, cerca de Jardín América. Por la línea materna el trayecto fue similar: su tatarabuelo partió de Europa, transitó por territorio brasileño y finalmente se afincó en Gobernador Roca.

En el ámbito cotidiano, esa herencia se conserva principalmente a través de la gastronomía y los relatos orales. "Lo que más se mantiene son las comidas típicas. Mis abuelas suelen cocinar y compartimos esos platos los domingos en familia", contó.

A ello se suman las anécdotas transmitidas por su padre, quien tuvo mayor contacto con su bisabuelo. "Mi papá es quien siempre cuenta las historias y muestra las fotos. Creo que lo más valioso de nuestro rol es representar esos relatos de quienes vinieron desde allá buscando una vida mejor", reflexionó.

Las frutillas que quedaron en Polonia

Entre las memorias heredadas, hay un episodio que la marcó de manera particular. Su padre le relató que, al ser consultado sobre qué recordaba de su país natal, su bisabuelo evocaba un detalle muy simple: las frutillas del jardín de su casa. "Siempre decía que se acordaba de que su papá había plantado frutillas y que habían quedado listas para comer justo cuando tuvieron que viajar", relató.

Aquel recuerdo permaneció inalterable a lo largo de las décadas porque, al ser un niño, fue la imagen más nítida de la partida. "A su corta edad no entendía el contexto, pero le quedó grabado eso", explicó. Para Melina, esa pequeña historia sintetiza el costo emocional del desarraigo.

Honrar a quienes llegaron antes

Por tal motivo, asumir la representación trasciende lo personal y se convierte en un homenaje a sus antepasados. "Es un honor enorme y también una gran responsabilidad, porque significa continuar con este legado para que no se pierdan las culturas", sostuvo.

En esa línea, considera que las representantes actúan como embajadoras culturales ante las nuevas generaciones. "Me gustaría transmitir el respeto por el esfuerzo de los pioneros y que se siga celebrando con el mismo entusiasmo en la Fiesta Nacional del Inmigrante", afirmó. Asimismo, motivó a la comunidad a indagar en su propia genealogía: "Hoy en día, con la tecnología, es más accesible investigar los orígenes e incorporar esas costumbres a la vida cotidiana".

Primero la facultad, después la corona

Durante años, la posibilidad de representar a la colectividad estuvo relegada debido a la exigencia académica de la carrera de Genética. "Siempre quise estar en la Fiesta del Inmigrante, pero no me animaba por los tiempos de la facultad. Es una función que requiere mucho estudio, trabajo y compromiso", remarcó.

Una vez obtenida la titulación profesional, sintió que era la etapa indicada para asumir la responsabilidad. "Como profesional se vive la fiesta desde otro lugar. Cuando me recibí entendí que finalmente había llegado el momento", afirmó.

La gastronomía permanece como una vía directa de encuentro cultural. En ese sentido, Melina recomienda el plato típico de la casa polaca: "Es una opción abundante para compartir que incluye piroguis, pollo a la polonesa, niño envuelto y cerdo con mostaza". Además, resaltó la oferta de licores de elaboración propia y el tradicional bigos, "un guisado de carne que se sirve dentro de un pan".

Entre recetas, documentos de época y recuerdos transmitidos de generación en generación, Melina asume su rol con la convicción de que la memoria colectiva se fortalece al ser compartida. Así, su voz se suma a una historia que comenzó en Polonia, cruzó el océano y hoy perdura en Misiones.

 

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