Las raíces que viajaron desde Siberia y hoy laten en el corazón de Larisa Fiedler
Larisa Belén Fiedler tiene un vínculo con la colectividad Rusa-Bielorrusa que arrancó mucho antes de imaginarse portando ese título. De hecho, sus primeros recuerdos están ligados a las tradiciones gastronómicas que compartía los domingos en la casa de su abuela. "Mi historia comienza desde muy chiquita, más que nada por la gastronomía. Siempre los domingos comer vareniki o borscht en la casa de mi baba. Ahí fue cuando empecé con todo esto", relató emocionada.
Con el paso del tiempo, el ballet se transformó en otra puerta de entrada hacia sus raíces. Lo practica desde pequeña y, tras un período alejada de los ensayos por sus estudios, pudo retomarlo este mismo año. "Desde muy pequeña, el ballet fue lo que más me unió a la colectividad en sí. Hace muy poco retomé y estoy muy feliz por eso", expresó la soberana.
Sin embargo, a pesar de su constante cercanía con la comunidad, Larisa nunca imaginó que terminaría representándola formalmente. La propuesta llegó este año y la encontró dispuesta a asumir un desafío que hoy considera un verdadero honor. "La verdad que fue algo muy sorprendente porque nunca me imaginé estar del lado de representante. Si bien siempre estuve presente en la colectividad, este año surgió la oportunidad y fue un honor aceptarla", contó.
Desde entonces, cada vez que viste el traje típico siente que carga con una parte viva de la memoria de su gente. "Es una emoción tremenda. Cada vez que me pongo el traje estoy súper feliz de poder portarlo con todo el honor del mundo", manifestó.
El vínculo entre colectividades
Por otra parte, la experiencia le permitió integrarse con las demás colectividades y compartir un recorrido especial junto a las demás soberanas. "Cada experiencia se hace única porque, en el marco de la fiesta, cada evento es una oportunidad nueva para conocer un poco más de nuestra cultura a través del intercambio. Cada día aprendemos algo nuevo en la interacción cotidiana", señaló.
En ese sentido, destacó sobre todo el lazo afectivo que se generó entre las representantes: "Recorremos todas juntas. Se vuelve muy lindo hacerlo en grupo porque es una experiencia de contención familiar; nos sentimos como una familia viviendo todo esto".
Una herencia que sigue apareciendo
La historia familiar de Larisa está profundamente atravesada por la Inmigración. Su ascendencia rusa llega principalmente por la rama materna, a través de sus bisabuelos, que arribaron en 1937 para radicarse en Los Helechos. "Ahí empezó todo esto de buscar un nuevo futuro en Argentina", recordó.
No obstante, al comenzar su camino como representante surgieron nuevos relatos en el hogar. Así fue como descubrió que por la rama paterna también posee raíces rusas, aunque más lejanas y con menos documentación. "Al iniciar este recorrido surgió la conversación con la familia de mi papá y descubrí que también tengo ascendencia rusa por ese lado, aunque es más lejana y no hay tanto registro", relató.
Vareniki de repollo, un sabor familiar
Si hay un plato que la representa especialmente, son los vareniki de repollo. Durante años consumió de manera habitual la versión rellena de ricota, hasta que probó la variante de repollo, que terminó convirtiéndose en su preferida. "Siempre los comí de ricota porque era lo que más se hacía en mi casa. Pero hace unos años probé los de repollo y se volvieron mis favoritos", contó entre risas.
De esta manera, la gastronomía se mantiene como uno de los pilares para preservar la identidad: una tradición que comenzó en el ámbito privado y que hoy forma parte de su rol público.
La emoción de un desfile que espera vivir
Entre las vivencias que más aguarda se encuentra el tradicional desfile de la Fiesta Nacional del Inmigrante. Larisa creció observando a las reinas desde la platea y ahora se prepara para ocupar el lugar que siempre admiró. "El que vivió el desfile sabe la energía que se siente cuando las calles de nuestra hermosa ciudad de Oberá se tiñen de colores, banderas y trajes típicos. Es una experiencia absolutamente única", describió.
Asimismo, confesó que de niña las representantes le generaban un profundo respeto por la responsabilidad que conllevaba el cargo: "Siempre fui fanática de ver a las reinas con sus trajes tan hermosos, pero entendía que era una tarea muy importante y no un trabajo fácil. Por eso, quizás por cierto temor, no lo tenía tan presente para mí".
Hoy, con la banda puesta, busca estar a la altura de esa responsabilidad para homenajear a quienes mantuvieron viva la tradición. "Todos los días trato de dar lo mejor de mí para que esto sea algo digno de recordar, y para que los abuelos de la colectividad se sientan orgullosos de ver que estuve a la altura de portar esta banda", concluyó.