“Todos los años vengo a dar gracias por toda mi familia”
Desde las primeras horas de este viernes 7 de agosto, cientos de fieles se acercan a la parroquia San Cayetano para participar de las celebraciones en honor al patrono del pan, el trabajo y la paz. Con rosarios, velas, estampitas y el tradicional pancito, los devotos llegan para agradecer por las bendiciones recibidas y pedir por sus familias y por quienes atraviesan dificultades.
La jornada comenzó temprano, con la primera misa a las 5 y una segunda celebración a las 6.30, ambas con una importante presencia de fieles. A medida que avanza el día, se espera que la concurrencia aumente, especialmente durante la tarde, cuando muchas personas se acerquen después de finalizar sus actividades laborales.
El párroco de San Cayetano, padre Ángel Rojas, destacó el movimiento que se registra desde las primeras horas y la alegría con la que los fieles participan de la celebración.
“Desde temprano, 5 de la mañana la primera misa, templo colmado. 6.30 la segunda misa, ya más gente y ustedes ven el movimiento que hay ahora”, relató.
El sacerdote explicó que, más allá de las necesidades particulares que llevan a cada persona hasta el templo, existe un pedido común que atraviesa la celebración.
“Vienen con sus angustias, sus necesidades, sus ruegos, buscando ese auxilio que San Cayetano le da a sus amigos, pan, trabajo y paz”, señaló.
Para el padre Rojas, el significado del pan trasciende lo material y representa todo aquello que las personas necesitan para vivir con dignidad.
“El pan simboliza todo lo bueno. Que Dios sea bueno conmigo, que no me falte lo que me hace bien, lo que me hace feliz”, expresó.
También remarcó el valor del trabajo como una forma de darle sentido a la vida y poner las capacidades de cada persona al servicio de los demás. “Que uno tenga un sentido a su vida, esté laborando, haciendo algo, sirviendo, dándole sentido a su inteligencia, sus manos, a sus fuerzas”, sostuvo.
El pancito que se comparte en familia y con los vecinos
Una de las tradiciones que se repite durante la celebración es la de llevarse el tradicional pancito de San Cayetano. Para muchos fieles, no se trata solamente de un recuerdo de la visita al templo, sino de un símbolo de fe que se comparte con familiares, amigos y vecinos.
“Lleva para compartir con la familia, con todos los que están alrededor. Algunos llevan para compartir con los vecinos, dicen que porque como que traen buena suerte”, contó una de las personas que participa de la venta de los pancitos.
La mujer explicó que la costumbre está directamente relacionada con el significado de San Cayetano como patrono del pan y del trabajo. “La gente lleva porque tiene fe, porque San Cayetano tiene el pan y el trabajo”, relató.
Para los devotos, compartir ese pan también representa una manera de agradecer y transmitir una bendición.
“Es una manera de compartir el agradecimiento”, resumió.
La tradición se mantiene año tras año y quienes participan de la celebración aseguran que cada 7 de agosto vuelven a encontrarse en el mismo lugar, renovando su compromiso con el santo.
Una historia de fe que comenzó junto al río
Entre los fieles que llegaron este viernes también se encuentran personas que mantienen un vínculo histórico con la parroquia. Uno de ellos recordó cuando la capilla de San Cayetano todavía se encontraba a orillas del río y formaba parte de su vida cotidiana.
“Yo vivía al lado de San Cayetano. Yo vivía en Villa del Oeste”, recordó el hombre, quien contó que se crió en ese sector y que conserva numerosos recuerdos de aquella época.
Su historia está vinculada también con las actividades solidarias que se realizaban en aquellos años. Recordó especialmente a María Marini y las jornadas en las que trasladaban juguetes para los niños internados en el hospital.
“Con ella acarreábamos los juguetes para los chicos en el hospital. Tengo muchos recuerdos”, relató emocionado.
A sus 72 años, continúa acercándose a San Cayetano y asegura que la fe permanece intacta.
“No sé cómo no le voy a creer a Jesús si me da todo lo que yo quiero”, afirmó al recordar también un accidente que sufrió mientras trabajaba en la construcción del puente internacional.
Aunque actualmente vive en otro sector de la ciudad, mantiene la tradición de acercarse a San Cayetano. “Siempre presente en todos los momentos”, expresó.
Pedir por la familia y por quienes no tienen trabajo
Ramona es otra de las fieles que cada año se acerca a la parroquia. Vive en Villa Gardello y asegura que su visita tiene un objetivo claro, agradecer y pedir por sus seres queridos.
“Todos los años vengo a dar gracias por toda mi familia”, contó.
En medio de un contexto económico que dificulta llegar a fin de mes para muchas familias, también lleva sus pedidos por sus hijos y nietos.
“Vengo a pedir por mi hijo, por mi nieto, todo el trabajo de ellos que tienen. Y por los que no tienen también”, expresó.
Con una jubilación mínima y frente al aumento del costo de vida, Ramona aseguró que la fe ocupa un lugar importante en su vida y que su presencia en San Cayetano se repite año tras año.
“Desde todos los años, todos los años”, afirmó.
El pedido por la paz
Para el padre Ángel Rojas, el mensaje de San Cayetano adquiere una dimensión especial en un contexto marcado por conflictos, dificultades económicas y necesidades sociales. Por eso, además del pan y el trabajo, consideró que la paz debe ocupar un lugar central en las oraciones.
“Si hay algo que yo tengo que pedir, pediría primero la paz”, sostuvo.
El sacerdote consideró que la paz es la condición necesaria para que las personas puedan trabajar y vivir dignamente.
“Dejemos de ser competidores para ser más hermanos que comparten el pan, que ponen su trabajo al servicio de los demás”, pidió.
Mientras la celebración continúa durante este viernes, la parroquia San Cayetano sigue recibiendo a fieles que llegan desde distintos barrios para agradecer, pedir y renovar su fe. Entre el movimiento de personas, las misas, los cantos y el tradicional pancito que pasa de mano en mano, la jornada vuelve a mostrar que la devoción al santo se mantiene viva y se transmite de generación en generación.