Osvaldo Cornide plantea la gravedad del cierre de 30 mil empresas en la Argentina

Desde Came lamentan que el país no tenga política industrial para crecer

El conocido dirigente nacional cuestionó que ello genera falta de oportunidades laborales. Afirma que no hay Nación desarrollada que no haya protegido su industria.
domingo 02 de agosto de 2026 | 1:00hs.
Osvaldo Cornide. Presidente Honorario de Came.
Osvaldo Cornide. Presidente Honorario de Came.

El presidente honorario de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), Osvaldo Cornide, analizó en profundidad el impacto del modelo económico actual, el cierre masivo de más de 30.000 empresas y la falta de diálogo con una gestión nacional a la que acusa de carecer de política industrial.

“Han cerrado casi 30.000 empresas, de las cuales el 95% son pymes, y se han perdido 350.000 puestos de trabajo o más, de los cuales también el 90 y pico por ciento, es personal que estaba trabajando en las pymes. Así que eso es una demostración de lo que ocurre, y se puede verificar caminando por las calles comerciales o viendo cómo cierran fábricas y comercios”, lamentó el dirigente en diálogo con El Territorio.

Añadió que “esto trae situaciones desesperantes. Uno está acostumbrado a ver estadísticas; por ejemplo, hay 7 millones de jóvenes sin trabajo, muchos de los cuales ni siquiera buscan trabajo ya, y angustia a los argentinos ver esa situación por la cual pasan nuestros compatriotas. Es decir, acá no se trata de estadísticas económicas que uno mira desde lejos, se ve desde muy cerca, más lo que está pasando con el endeudamiento tanto de las familias como de las personas”.

Sobre la dirigencia

Añadió que “en la Argentina hay una gran crisis de dirigencia política, empresaria y sindical que se está mirando el ombligo, discutiendo internas permanentemente y sin asumir la actitud que hay que tener ante una crisis tan profunda”.

En tal sentido destacó lo que hace en Misiones el Movimiento Industrial Misionero (MIM), que a través de su presidente Gerardo Grippo “está planteando los verdaderos problemas que tiene el sector”.

Cornide plantea que “la crisis que atraviesa la Argentina no es un accidente ni un mal pasajero: golpea a la población, a los trabajadores, a los empresarios y a los científicos, a cada eslabón de la vida productiva nacional”.

Frente a ese cuadro, plantea que estabilizar no alcanza. “Estabilizar no es desarrollar. La verdadera salida exige encarar, de una vez y en serio un proceso de desarrollo. No un rebote de coyuntura, no un veranito estadístico, sino un proyecto de largo plazo que cambie de raíz la estructura de nuestra economía”.

Sobre desarrollo

Cornide a su vez hace una reflexión sobre lo que representa el desarrollo y otros desafíos. “Nosotros entendemos que el desarrollo no se confunde con el mero crecimiento del producto ni con el rebote de un año sobre otro. Es la transformación estructural de la matriz productiva: el pasaje de una economía primaria y extractiva hacia una economía industrial, diversificada y compleja, capaz de incorporar tecnología, elevar la productividad y agregar valor. Es la industria -por sus eslabonamientos y sus rendimientos crecientes- la que arrastra al conjunto de la economía y multiplica el empleo calificado. Desarrollar es, en definitiva, construir capacidades productivas que hoy no existen y que ningún mercado, librado a sí mismo, se ocupa de crear”.

Industria y el trabajo argentino

Entiende que “no hay país desarrollado que no haya protegido su industria. Aranceles inteligentes, compre nacional y crédito dirigido no son atraso, son la herramienta concreta con que las naciones se industrializaron. Proteger la industria es proteger el trabajo argentino, sus salarios y su calificación”. Ello para observar que “la apertura indiscriminada, en cambio, no moderniza: destruye lo que costó décadas construir”.

La dimensión social

Añade que “el desarrollo carece de sentido si no mejora la vida de la gente. Una política de desarrollo distribuye sus frutos: empleo formal, salarios que sostengan el mercado interno, integración de los sectores hoy relegados a la informalidad. El crecimiento sin inclusión reproduce la fractura social; el desarrollo la cierra. Lo social no es un costo del proceso, es parte de su motor”.

Insiste que el desarrollo no es sólo una cuestión sectorial: es también una cuestión territorial.

“Un país no se desarrolla de verdad si el crecimiento se concentra en un puñado de distritos mientras vastas regiones quedan condenadas a proveer materia prima, expulsar población y depender de la transferencia asistencial”.

Señala que la Argentina arrastra un desequilibrio histórico entre un centro que concentra industria, servicios y decisión, y un interior al que se le reserva el papel de economía de enclave.

Añade el dirigente que “ese patrón no es una fatalidad geográfica: es el resultado de la ausencia de una política deliberada de integración”.

Los desafíos para el país

El referente de la Came describe los desafíos que tiene el país en este momento y plantea que integrar el territorio nacional “exige infraestructura que una lo que hoy está desconectado -redes viales, ferroviarias, energéticas y digitales que bajen el costo de producir lejos del puerto-, crédito y promoción que radiquen actividad industrial en las provincias, y un federalismo fiscal que premie a quien produce y agrega valor en su lugar, en vez de castigarlo”.

Plantea que las naciones que se desarrollaron con equilibrio territorial -de la política regional alemana a los fondos de cohesión europeos- entendieron que dejar libradas las regiones a la sola fuerza del mercado profundiza la brecha en lugar de cerrarla.

“El desarrollo federal no es un gesto de reparto: es la condición para que el mercado interno alcance la escala que la industria necesita y para que el arraigo reemplace a la migración forzada hacia el conurbano. Una Argentina desarrollada será, necesariamente, una Argentina federalmente integrada o no será”.

Estabilidad genuina

Cornide hace un análisis posterior de la importancia de políticas enfocadas en el sector educativo y científico, hasta una clara política agropecuaria para apuntalar el desarrollo de la Argentina y valorizando la importancia de la política internacional.

Pero entiende que todos los planteos que se hagan “nada de esto es posible sin estabilidad”. No obstante remarca que debe ser una estabilidad genuina, “sostenida en el equilibrio de las cuentas y en la no emisión de dinero espurio, no en el ajuste recesivo que destruye el aparato productivo. El equilibrio es condición del desarrollo, no su reemplazo. Se estabiliza para desarrollar, no se estabiliza para quedarse quieto”.

Entiende el dirigente de Came que todo lo previo “son los pilares” para el país. Porque “la Argentina tiene los recursos, tiene el pueblo, tiene la ciencia y tiene la tierra. Lo que falta es la decisión política de ordenarlos detrás de un proyecto. Estabilizar era apenas el piso. Desarrollar es el edificio. Y ese edificio hay que empezar a levantarlo ahora, con inteligencia, con audacia y con la convicción de que otro país es posible si nos animamos a construirlo. La Argentina tiene experiencia de que este camino es posible”.

“La Argentina necesita más acero que caramelos”

“La situación de las economías regionales, salvo alguna excepción, es gravísima. Así que nosotros también tenemos que hablar de lo que pasa con el sector industrial y comercial, que es el que más mano de obra ocupa”, sostiene el presidente Honorario de Came, Osvaldo Cornide.

“Me parece adecuado el camino del diálogo, pero lamentablemente no se puede expresar que a nivel nacional haya diálogo, porque los funcionarios tanto del área económica como de la Secretaría de Industria y Comercio son absolutamente inmunes al diálogo. Fíjese que el secretario de Industria y Comercio ha dicho que la mejor política industrial es no tener política industrial. Creen que el mercado va a resolver todo. El mercado no puede, por ejemplo, priorizar si es mejor acero que caramelo, como dijo un ex secretario perteneciente a estos equipos. La Argentina necesita mucho más acero que caramelo”.

Política agropecuaria

Sobre el campo argentino plantea que es una potencia y debe seguir siéndolo. “Pero una política agropecuaria de desarrollo lo integra a una cadena de valor: no exportar solamente la materia prima, sino industrializarla, sumarle tecnología y trabajo nacional. El agro como plataforma de industrialización, no como enclave que se agota en la exportación del grano. Allí hay un potencial enorme todavía sin aprovechar”.

Política educativa y científica

Añadió que no hay desarrollo sin educación. “Se necesita una política educativa que forme técnicos, ingenieros y trabajadores calificados, que conecte la escuela y la universidad con las necesidades reales del aparato productivo. La educación es la infraestructura invisible sobre la que se levanta cualquier salto industrial: sin ella, no hay tecnología que arraigue ni productividad que crezca”.

Sobre la ciencia insistió “no es un gasto: es inversión estratégica”. Para hacer mención de aquello de que “la Argentina precisa una política científica sostenida en el tiempo, que financie la investigación y la traduzca en producción, en industria y en trabajo. Desmantelar la ciencia es hipotecar el futuro”.

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