La creación de empresas toca niveles de la crisis de 2001 en Argentina
La debilidad del mercado laboral argentino no se refleja solamente en la pérdida de empleo registrado y en la mayor precarización. Ahora empieza a observarse otro indicador que también preocupa: la creación de nuevas empresas cayó a niveles comparables con los de la crisis de 2001 y 2002, y está lejos de compensar el cierre de firmas que se viene registrando desde que Javier Milei asumió la presidencia. Así lo señala un informe de C-P Consultores.
El dato es relevante porque muestra que la economía tiene pocos incentivos para invertir, para ampliar la capacidad productiva y para generar nuevos puestos de trabajo. A la par de esa baja apertura de empresas, la tasa de cierre también se mantiene alta, en torno al 3,8%, un nivel similar al que se registró durante la pandemia, en 2020.
Miles de empresas cerraron desde 2023
Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, en la actual gestión ya se perdieron 28.262 compañías con al menos un empleado, una caída del 5,5%, junto con 341.396 puestos de trabajo formal en ese mismo período. En su gran mayoría, se trató de pequeñas y medianas empresas las que debieron bajar sus persianas.
Estos números reflejan un achicamiento general del entramado productivo. "La tasa de apertura de nuevas empresas está en los niveles de la crisis de 2001 y 2002, coherente con una economía anémica, un proceso de ajuste acumulado importante y con grandes dificultades para crear un horizonte hacia adelante, aún dentro del mundo empresario", señaló la consultora en su informe.
Lejos de la idea de una economía en transformación
La dinámica que se observa no parece coincidir con la teoría de la destrucción creativa, tomada del pensamiento del economista Joseph Schumpeter, que describe procesos en los que algunas empresas caen para dar lugar a otras nuevas y más productivas. En este caso ocurre lo contrario: hay una menor tasa de creación de empresas a la par de una mayor tasa de cierre, un combo que refleja más una crisis productiva que un proceso de renovación.
"En lugar de una economía en reestructuración, donde los sectores nuevos reemplazan a los viejos, el sector formal atraviesa un proceso de ajuste estructural", plantea el informe de C-P.
Una caída que atraviesa a todos los sectores
La caída del empleo registrado viene acompañada de un deterioro más amplio del entramado empresario. No solo disminuye la cantidad de empresas que emplean personal, sino que las que siguen activas también reducen sus plantillas. Según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial analizados por la consultora, cerca del 75% del empleo formal depende hoy de firmas que continúan operando, por lo que la decisión de esas empresas de ajustar personal explica buena parte del deterioro del mercado laboral.
La menor creación de empresas no se limita a una actividad puntual, sino que alcanza a prácticamente todos los sectores productivos, desde la industria hasta el comercio, pasando por hoteles, restaurantes, transporte y servicios. Según la consultora, la principal diferencia respecto de otras etapas de crisis es que hoy no aparecen nuevos proyectos capaces de compensar el cierre o el achicamiento de las empresas existentes.
"La película del último año muestra una economía en contracción, en la que las empresas se achican desvinculando personal, hay un sendero creciente de cierre de empresas y un nivel de apertura tan bajo como si estuviéramos en la crisis macroeconómica más grande de nuestro país, la de 2001 y 2002", sostiene el informe.
Esa menor tasa de apertura de empresas termina limitando la generación de empleo registrado y refuerza un círculo en el que las firmas existentes prefieren ajustar costos antes que expandir sus plantillas. Más allá del impacto directo sobre el empleo, la consultora interpreta que la baja creación de empresas funciona además como un indicador de las expectativas económicas de los propios empresarios. Si bien la inflación se desaceleró respecto de los picos de 2024, los ingresos de las familias permanecen estancados, lo que se traduce en una menor demanda y en mayores dificultades para proyectar rentabilidad, algo que termina desalentando la puesta en marcha de nuevos emprendimientos.