Entrevista al sociólogo y docente
Mundial, vivencia compartida en tiempos fragmentados, analiza Daniel Re
Cada cuatro años, una competencia deportiva genera algo muy difícil de lograr en estos tiempos que corren: unir a millones de personas bajo un mismo sentimiento de comunidad.
Durante la Copa del Mundo de Fútbol 2026, más allá de las diferencias de edad, clases sociales o ideas políticas, millones de argentinos compartieron horarios, emociones y símbolos. Las calles se tiñeron de celeste y blanco, los partidos organizaron rutinas familiares y laborales, y la Scaloneta se volvió tema de conversación en cada mesa.
Pero para entender mejor cómo funciona este fenómeno en nuestra sociedad, El Territorio entrevistó al Sociólogo y Docente Universitario Daniel Re, quien se refirió a esta experiencia colectiva que atraviesa a todo un país a través del fútbol.
¿Por qué el Mundial logra unir a argentinos bajo una misma camiseta?
En el Mundial, al menos momentáneamente o durante el mes que dura la competencia, todas las diferencias sociales y políticas pasan a un segundo plano. Las personas viven realidades muy distintas y comparten expectativas, comparten un mismo calendario. Todos estábamos pendientes de lo que pasaba en el partido y así fue durante todo el Mundial.
Compartimos una misma emoción y me parece que eso no significa que desaparezcan los conflictos, pero sí quizás por un tiempo quedan en un segundo plano frente a esta experiencia colectiva.
¿Qué papel juega el fútbol en la construcción de “lo argentino”?
Particularmente en la Argentina el fútbol ocupa un lugar privilegiado en la construcción de identidad colectiva, de identidad nacional. Desde chico, me parece que aprendemos estos relatos, quiénes son los héroes, los partidos históricos, los símbolos comunes. La final de este Mundial, sin duda, va formar parte del relato y aunque aún estamos un poco golpeados, me parece que con el tiempo lo vamos a resignificar y lo vamos a recordar de otra manera, dándole el valor que requiere.
En ese sentido, del por qué los argentinos pensamos y sentimos el fútbol así, la selección termina representando una idea de país que muchas veces es más fuerte que otras instituciones. Me parece que como para poder destacar, durante el Mundial, millones de argentinos vuelven a sentirse parte de una misma historia.
¿Podríamos decir que el Mundial funciona como un ritual de identidad nacional?
Sí, porque estos rituales son momentos en que la comunidad reafirma quién es. El Mundial tiene todos estos elementos: banderas, camisetas, reuniones familiares, himnos, festejos en la plaza, en la costanera. Se pierda o se gane, salimos a festejar igual, es decir; nos reunimos con el otro, con el vecino, con los amigos y la familia. Eso sucede cada cuatro años, se vuelve a repetir esa identidad colectiva que va quedando y se va transmitiendo.
¿Cómo se explica sociológicamente esa pasión?
La selección dejó de ser solo un equipo de fútbol. Para millones de argentinos representan una imagen de lo que es el país, una forma de identidad colectiva. Cuando juega la “Scaloneta” sentimos que no estamos solamente observando a 11 jugadores, sino que estamos representándonos en una cancha.
Cuando se gana se siente como un triunfo propio, y cuando se pierde aparece una sensación compartida de frustración y me parece que desde la sociología sabemos que las personas no nos vinculamos únicamente con instituciones o símbolos de manera racional, sino que también afectiva.
Acá, la bandera, el himno, la camiseta, la selección, condensa significados y recuerdos. También experiencias que se comparten y despiertan sentido de pertenencia.
Además, me parece que el Mundial tiene una característica muy particular, que durante una semana o durante un mes, muchísimas personas están pendientes del mismo acontecimiento y una sociedad donde cada vez tenemos más contenidos diferentes.
A partir de las redes sociales vivimos experiencias fragmentadas entre lo que el algoritmo nos va mostrando en base a nuestros intereses políticos, de gustos y preferencias. El Mundial tiene una sincronización para que todos estemos pendientes de lo mismo. Hablamos de tal partido, compartimos las mismas jugadas, me parece que esta simultaneidad hace que las emociones, que muchas veces son individuales, fragmentadas, se viven como experiencias colectivas.
Por eso el resultado parece afectar el estado de ánimo de un país entero. Hoy no estamos tan contentos como con el partido contra Inglaterra, pero sin embargo estamos compartiendo todo el mismo sentimiento: de reconocimiento de que el trabajo fue bueno, no porque todos pensemos igual, sino porque durante este último mes compartimos una experiencia que fue excepcional.
Hasta el próximo Mundial muy pocas cosas condensan esto y hoy ocurre que muy pocas cosas en la vida social tengan esta experiencia. El Mundial no nos cambia nuestra realidad, pero síquizás durante un mes nos cambia la forma en la que experimentamos esa realidad. Por momentos sentimos que formamos parte de una misma historia y eso es muy importante destacarlo.
¿El fútbol funciona como una válvula de escape para tensiones sociales, económicas y políticas?
En parte sí. El Mundial ofrece un espacio para canalizar estas emociones que muchas veces no encuentran otros lugares de expresión, no hay otro fenómeno social que nos convoca de esta manera a tantas personas distintas a festejar o compartir un dolor. Y en estos contextos difíciles me parece que la posibilidad de celebrar algo compartido adquiere todavía más importancia.
Es un poco simplista decir que solo distrae, sé que también permite generar contraste, conversar y reconstruir muchos vínculos.
¿Cómo influyen las redes sociales y los memes en esta pasión?
Hoy el Mundial se vive de manera totalmente distinta, antes cuando yo era más joven se comentaba el partido con un familiar o un vecino. Hoy, cada jugada genera millas de interpretaciones, incluso lo ves en los memes, o discusiones muchas veces en tiempo real.
Me parece que las redes amplifican esta experiencia emocional, el Mundial ya no dura solo 90 minutos, incluso ya han cambiado los tiempos en que se juega dentro de la cancha, empieza antes del partido. Hay animaciones con IA y continúa horas después, o incluso días con memes que también son una forma contemporánea de identidad y humor colectivo que antes no existía.
Las redes sociales han transformado la forma de vivir esta experiencia.
¿Cómo se construye esta identidad?
Desde la sociología sabemos que esta identidad no se construye en un vacío, sino que existe en relaciones con otros, esto pensando en la idea de un rival. Dicho de una manera sencilla es muy difícil definir quiénes somos si no existe también un otro al cual nosotros nos planteamos y nos reconocemos.
En el fútbol se ve mucho esto, River no existiría sin Boca y al revés, también. Esa rivalidad no solo alimenta la competitividad sino también el sentimiento de pertenencias de sus hinchas. Y en el Mundial ocurre algo parecido, pero a escala racional. Nosotros, los argentinos, nos enfrentamos con estos equipos que también tienen estas historias políticas y sociales. Enfrentamos a Brasil, Inglaterra, con todos los conflictos económicos y sociales que nos atraviesan, no son solamente rivales deportivos, sino que son selecciones con las que se fueron construyendo estos relaciones.
Ahora, España va a formar parte de este relato. Memorias, emociones que son construidas a lo largo de décadas, incluso esto se ven reflejadas en las canciones que son evocadas en estos partidos.
Me parece que esos relatos ayudan a consolidar esta idea de una identidad compartida. Estos mecanismos no son exclusivos del deporte, también existen en la política en las regiones, las personas construimos grupos ya partir de ahí generamos identidades frente a otro.
El problema no es que exista un rival, el problema aparece cuando el rival deja de ser un competidor y pasa, de alguna manera, a ser considerado un enemigo. Ahí hay una diferencia fundamental.
El deporte ofrece un espacio donde esa competencia puede canalizarse dentro de determinadas reglas, podemos desear ganarle a Brasil o a Inglaterra, cantar, bromear, hacer chistes, vivir intensamente esa rivalidad, pero sin perder de vista que es un juego.
Cuando esa lógica, de nosotros contra ellos, se traslada a la política oa la vida social como una guerra permanente deja de fortalecer la convivencia. Quizás esa sea una de las enseñanzas más interesantes del deporte.
Lo decía Scaloni el otro día en la conferencia en donde decía 'muchachos, es solo un partido' cuando jugamos contra Inglaterra. Como bajando un poco los decibeles de ese conflicto.
Esto me parece que nos muestra que es posible competir con intensidad sin dejar de reconocer al otro como un adversario legítimo.
Me parece que toda identidad necesita algún otro para reconocerse y este es el desafío.
¿Qué rol tienen los jugadores como Messi, Maradona, como figuras que trascienden lo deportivo?
A mí me parece que trasciende un poco al deporte. Estas figuras como Messi o Maradona se convierten en símbolos. Pensándolos en términos sociológicos, encarnan valores que la sociedad considera importantes: el esfuerzo, el talento, el sacrificio, la revancha, esta idea de orgullo nacional y cada generación construye sus propios héroes.
Maradona representó una época, Kempes otra, Messi representa otra época, pero de alguna manera todos terminaron convirtiéndose en referentes centrales. Mucho más que solo fútbol, ​​me parece que en este momento en que se ha perdido esta derrota también forma parte del Mundial como experiencia colectiva.
La representa mucho más que un equipo de fútbol, ââencarado desde la selección de Messi. Una final perdida me parece que genera tristeza, genera frustración, incluso una sensación de duelo compartido en esto que estamos reflexionando sobre el qué genera el Mundial en la sociedad.
Pero esas emociones también hablan de intensidad, del vínculo que la sociedad construye con la selección, esta derrota también va a producir relatos, obliga a revisar las experiencias, a reconocer el esfuerzo de los jugadores y muchas veces a valorar ese recorrido más allá del resultado final.
Esto también forma parte de esta construcción de identidad colectiva y me parece que en las finales perdidas por Messi, en aquel momento predominó la frustración, incluso las críticas que le hicieron a Messi.
Sin embargo, esa historia con el paso del tiempo se resignificó y se transformó. Llegó la Copa América, llegó La Finalísima, llegó el Mundial del 2022. Es decir, estas derrotas adquieren un sentido cuando una sociedad las incorpora a su memoria colectiva.
¿Cómo le explica a alguien de afuera cómo sienten los argentinos el Mundial?
Para los argentinos el Mundial es mucho más que fútbol, ââes uno de los pocos momentos en que millones de personas sentimos que formamos parte de una misma comunidad.
El Mundial nos reúne, sincroniza nuestras vidas en un mismo sentimiento. Todos miramos el partido, todos hablamos de lo mismo, experimentamos las mismas emociones y creo que la clave está ahí: esa sincronización colectiva que trasciende las edades, trasciende la política, trasciende las diferencias sociales, de género.
El resultado no fue el que esperábamos, pero esta idea de que las victorias generan festejos y las derrotas generan relatos y ambas me parecen que forman parte de una sociedad y sirven para construir memoria e identidad. Quizás hoy nos duela pero con el tiempo esta derrota se va a resignificar.
Perfil
Daniel Re
Sociólogo y Docente Universitario
Nació en Eldorado, pero se crió en Posadas. Estudió Sociología en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Es doctor en Ciencias Sociales y magister en Ciencias Sociales del Trabajo. Desde 2014 trabaja como docente en la Universidad Nacional de Misiones (Unam) y actualmente es profesor adjunto regular de la cátedra de Sociedad y Estado.