El Día de los Abuelos y una carta teñida de amarillo

sábado 18 de julio de 2026 | 6:00hs.

El Día de los Abuelos, que se celebrará el 26 del corriente, obró de desencadenante para evocar a mi entrañable antepasado Augusto; para recordarlo abrazado a una pasión interminable: el periodismo.  

A través de un feliz ejercicio de imaginación, lo vi rodeado de escritos, cerca de la una de la mañana, hora en que abandonaba sus labores de jefe de Deportes de un diario porteño, montaba en el tranvía 22 y enfilaba hacia Quilmes, ciudad del conurbano bonaerense donde residía. A partir de ese momento -enero de 1960- callaban las máquinas Remington que, desde temprano, habían descargado su atronadora metralla.

Esa madrugada, Augusto quedó solo, sin colaboradores que le acercaran crónicas, primicias o fotos impactantes. No había urgencia por enmendar la sintaxis de algunos títulos, epígrafes o bajadas. Tampoco, por eliminar pleonasmos o corregir gerundios. Es probable que el silencio y, sobre todo, el impostergable afán por conectarse con su nieto de vacaciones en Córdoba, lo hayan impulsado a escribir. Un papel cualquiera, de los muchos que abundaban, y un bolígrafo, sus elementos clave. A la mañana siguiente, ida al correo y despacho de la carta -vía certificada- para asegurarse de que tan inmenso cariño no se extraviara.

Hoy la rescaté luego de varias décadas: frágil, amarilla y con riesgo de tornarse ilegible. Mi aspiración de entonces, niño aún, era ser hombre de prensa y erigir a mi abuelo en numen indispensable. Dejo, para mis allegados, la tarea de dictaminar si honré tan valioso legado.

Alejandro De Muro
demuroalejandro4@gmail.com 

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