Postales de un clásico argentino
Las historias que hacen latir al TC
El rugido de los motores ya volvió a sentirse en Posadas. Ayer, con los primeros entrenamientos y las clasificaciones de la 8ª fecha del Turismo Carretera, el autódromo Rosamonte recuperó ese sonido inconfundible que cada invierno transforma a la capital misionera en el epicentro del automovilismo argentino.
Pero la fiesta había comenzado mucho antes. El viernes, apenas se abrieron los portones, una interminable caravana de camionetas, motorhomes, casillas y autos particulares ingresó al predio para ocupar los lugares elegidos desde hacía meses. En pocas horas aparecieron las primeras carpas, las banderas de Chevrolet, Ford, Dodge y Toyota comenzaron a flamear sobre los gazebos y el aroma del asado volvió a mezclarse con la tierra colorada que identifica al circuito misionero.

El Turismo Carretera nunca empieza cuando el semáforo se pone en verde. Empieza varios días antes, en las rutas recorridas durante la madrugada, en los mates compartidos mientras se espera la apertura del autódromo, en las conservadoras cargadas para un fin de semana entero y en los abrazos de quienes vuelven a encontrarse después de un año. Para muchos, la carrera es apenas una parte del viaje. El verdadero premio está en compartir, en volver al mismo lugar, en sostener una tradición familiar que pasa de generación en generación.
Esta edición tiene, además, un dato que refleja el gran momento de la categoría. La octava fecha del campeonato reúne a 54 autos, una cifra récord para el circuito misionero en los últimos 16 años y la mayor cantidad de participantes desde que el TC comenzó a correr en Posadas, en 2007. Sin embargo, mientras los pilotos buscaban las mejores referencias sobre el asfalto, en cada rincón del autódromo se disputaba otra carrera. La de las historias de vida, las amistades y los kilómetros recorridos para volver a vivir una pasión que no entiende de distancias.

Entre quienes llegaron desde temprano aparece Rubén Lezcano. Vino desde Pampa del Indio de la provincia del Chaco, junto a su familia y apenas terminó de acomodar el campamento, se tomó unos minutos para mirar el movimiento del circuito. A su alrededor hay reposeras, un termo siempre listo y una bandera que ya encontró su lugar.
Su historia con el Turismo Carretera comenzó hace más de una década y, desde entonces, Posadas se convirtió en una parada obligada.
“Hace más de diez años que hacemos esta travesía. Solamente el año pasado no pudimos venir, pero gracias a Dios este año volvimos otra vez”, contó.El viaje demandó unos 750 kilómetros, aunque asegura que la distancia nunca fue un problema. Lo importante es volver.
“Nos gusta mucho venir a Misiones. Es uno de los circuitos que nos queda más cerca y además siempre aprovechamos para encontrarnos con amigos que hicimos acá”, agregó.
La pasión por el automovilismo, en su familia, se transmite como una herencia.“Somos fanáticos de Ford. Seguimos mucho a Mariano Werner y compartir estos días con mis hijos y ahora también con mi nieto es un privilegio enorme.”
Tres generaciones reunidas alrededor de los motores.
Rubén cuenta que toda la familia trabaja vinculada a la mecánica, por lo que el automovilismo siempre estuvo presente en sus vidas.
“Nos dedicamos a los fierros desde hace muchos años. Es una pasión que llevamos adentro”, dijo. Aunque reconoce que le gustaría ver ganar a Werner, rápidamente aclara que el resultado deportivo queda en un segundo plano.
“Siempre queremos que gane Ford, pero lo más importante es disfrutar el espectáculo y pasar un lindo fin de semana en familia.”
Muy cerca de allí, otro grupo termina de instalarse. Entre mates, saludos y cargadas amistosas aparece Willy, que llegó desde Capioví acompañado por un amigo. Al recorrer el predio ya se encontró con conocidos de Puerto Rico y de otras localidades misioneras.
“Eso tiene el TC”, dijo mientras observa cómo siguen ingresando vehículos. “Llegamos hace unos días y enseguida aparecieron amigos de otros lugares. Siempre terminás encontrándote con alguien”.
Para él, el atractivo del Turismo Carretera va mucho más allá de la velocidad: “Lo más lindo es el ambiente. Venís a relajar la mente, encontrarte con amigos, compartir un asado y escuchar el ruido de los motores. Eso te cambia completamente”.
Su presencia este año tiene un mérito extra. Llegó lesionado con una fractura en su brazo, pero no quiso perderse el fin de semana fierrero. “El miércoles ya me sacan el yeso, así que ya voy a estar mejor. Pero no había manera de faltar”.
Mientras conversa, el sonido de un motor acelera desde los boxes y las miradas, casi por reflejo, se dirigen hacia la pista. Es una escena que se repite una y otra vez durante toda la jornada. Nadie quiere perderse nada. Cada salida de un auto genera comentarios, pronósticos y discusiones sobre quién puede quedarse con la victoria.
Las diferencias entre marcas quedan de lado cuando llega la hora del almuerzo. En una mesa se comparte el pan, en otra, alguien alcanza hielo para los vecinos. El mate va de mano en mano sin importar de dónde vino cada uno. Hay chicos corriendo entre las carpas, banderas gigantes que se levantan con el viento y parlantes donde se mezclan chamamé, cumbia y rock nacional.
El autódromo vuelve a convertirse en una pequeña ciudad donde todos parecen conocerse.
La pasión por el Turismo Carretera tampoco reconoce fronteras. Entre quienes cruzaron el puente internacional para estar presentes aparece Luis Recalde, integrante de un grupo de amigos que llegó desde Paraguay para vivir por primera vez la experiencia del TC en Posadas.
“Un grupo de amigos me convenció para venir. Siempre escuchaba hablar de estas carreras, pero nunca había tenido la oportunidad de vivir una desde adentro”, dijo.
Su sorpresa fue inmediata.
“Es espectacular. Apenas llegamos nos encontramos con un lugar hermoso y un ambiente increíble”.
Luis explicó que el grupo reúne fanáticos de Ciudad del Este, Asunción y otras localidades paraguayas. Algunos cruzaron la frontera durante la madrugada del jueves para asegurarse un buen lugar dentro del predio.
“Vinimos todos juntos porque queríamos vivir esta experiencia. La verdad es que la estamos pasando de lujo”.
Familias enteras recorren el circuito durante el día, los chicos piden fotografías con los autos de exhibición y los fanáticos aprovechan cada momento para acercarse a los boxes. “Esto recién empieza”, comentó Luis, convencido de que la experiencia será inolvidable.
Con el paso de las horas, el autódromo Rosamonte adquiere ese clima que sólo el Turismo Carretera sabe construir. Hay quienes caminan con la radio pegada al oído siguiendo cada alternativa de la actividad en pista y quienes prefieren quedarse junto al fuego, disfrutando de una charla que seguramente continuará hasta entrada la noche.
Los celulares registran cada momento y quedan guardados en la memoria que se renuevan cada vez que el TC vuelve a Posadas.
Quizá esa sea la verdadera esencia de esta categoría. No solamente la velocidad, la destreza de los pilotos o la emoción de una definición. También las historias que nacen lejos del cronómetro. Los viajes organizados durante meses, los amigos que vuelven a encontrarse, los padres que transmiten la pasión a sus hijos y los abuelos que ahora comparten el autódromo con sus nietos.
Cuando en la tarde de hoy caiga la bandera a cuadros habrá un ganador sobre el asfalto. Pero mucho antes de que eso ocurra, miles de personas ya habrán celebrado otra victoria. La de haber vuelto al lugar donde, al menos una vez al año, el ruido de los motores se mezcla con los abrazos, los reencuentros y las historias que convierten al Turismo Carretera en mucho más que una carrera. Lo transforman, una vez más, en una verdadera fiesta popular.
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