Hay presencia policial permanente en el anfiteatro

Tras más controles, vecinos afirman que volvió la tranquilidad a El Brete

Hace unos tres meses, la zona comenzó a cambiar. Menos ruidos, picadas y desorden dieron paso a un espacio donde los vecinos vuelven a disfrutar del aire libre.
sábado 11 de julio de 2026 | 5:30hs.
El patrullaje permanente reforzó la tranquilidad del lugar. Fotos: Julián Grondona
El patrullaje permanente reforzó la tranquilidad del lugar. Fotos: Julián Grondona

La plaza Anfiteatro El Brete y la continuidad de la avenida Tomás Guido recuperaron en los últimos meses una imagen que muchos vecinos no veían desde hacía años. El movimiento volvió a concentrarse en familias, personas que salen a caminar, vecinos que se reúnen a tomar mate y chicos que juegan en el espacio público. Quienes viven en el sector coinciden en que el cambio comenzó hace alrededor de tres meses, cuando se reforzaron los controles y un móvil policial pasó a permanecer de manera constante en el anfiteatro. A partir de entonces, aseguran, el barrio volvió a disfrutar de tardes y noches mucho más tranquilas.

“Acá no se podía estar. Era una música de un lado, otra del otro, las motos y un ruidazo terrible. Mi techo temblaba. Llegaba la noche y ya sabíamos que no íbamos a descansar. La única época en la que estuvimos tranquilos fue durante la pandemia. Después volvió todo otra vez, hasta que hace unos tres meses empezó a cambiar. Hoy hay silencio y podemos dormir, algo que durante mucho tiempo parecía imposible”, recordó Alba, quien vive en la zona desde hace 32 años.

Adultos, jóvenes y niños volvieron a apropiarse del espacio público.  

 

Durante 2024, los residentes habían manifestado públicamente su preocupación por los ruidos molestos, las picadas de motos y las reuniones que se extendían hasta la madrugada. Hoy, sin embargo, el eje de las conversaciones cambió. En lugar de describir noches sin descanso, destacan que disminuyeron las concentraciones numerosas, la música a alto volumen y la circulación de personas que permanecían durante horas consumiendo alcohol o drogas en el lugar. Ese escenario, sostienen, permitió recuperar un espacio que había dejado de ser elegido para compartir en familia.

“Nosotros teníamos un grupo entre tres vecinos porque llamábamos a la Policía prácticamente todas las noches. A veces íbamos personalmente a pedir que bajaran la música y terminaban insultándonos. Mi marido fue una vez y le decían que quién era para pedir eso, porque el lugar era público. Nosotros nunca discutimos eso, solamente queríamos descansar. Después llegó Infantería y se llevó a mucha gente, pero al fin de semana siguiente volvía a pasar lo mismo”, relató.

Con el paso de las semanas, los frentistas comenzaron a advertir un cambio sostenido. Los operativos sobre las motos, los controles y la presencia permanente de efectivos modificaron la dinámica del sector, según coinciden los testimonios. También aseguran que dejó de ser habitual encontrar grupos permaneciendo hasta la madrugada o personas caminando por la zona a cualquier hora, una imagen que durante años fue parte del paisaje cotidiano.

En noviembre de 2024, El Territorio reflejó el drama de los vecinos por los ruidos molestos y el descontrol.  

 

“Un domingo llevaron una cantidad de motos. Ahí empezó a cambiar todo. Después se siguieron viendo controles y ya no fue lo mismo que antes. Ahora a veces pasan policías en moto, otras veces están directamente en el anfiteatro. Lo importante es que se nota la diferencia. Hoy uno puede salir a la vereda, sentarse tranquilo o tomar mate sin estar pensando qué va a pasar a la noche”, expresó Alba.

La recuperación del espacio también se refleja en escenas cotidianas que los vecinos valoran especialmente. Volvieron las caminatas, las reuniones familiares frente al río y la permanencia en la plaza durante la tarde. Para quienes viven desde hace décadas en el barrio, la tranquilidad dejó de ser una excepción para convertirse nuevamente en parte de la rutina.

“Antes no veías esto. Hoy la gente sale, camina, se queda conversando y disfruta del lugar. Ya no hay tanta gente dando vueltas durante la madrugada ni personas en situación de adicción como antes. Esperemos que siga así porque estamos mucho mejor. Hacía muchísimo tiempo que no vivíamos algo parecido”, afirmó la vecina.

La presencia del móvil policial es uno de los aspectos que más destacan los residentes. Aseguran que el patrullero permanece de manera constante en el anfiteatro y que esa sola imagen cambió la percepción del barrio. A ello se suman recorridas preventivas y controles que, de acuerdo con los testimonios, ayudaron a desalentar las picadas y los ruidos que durante años marcaron las noches en el sector.

“Antes era mucho más terrible. Se juntaban a fumar, a drogarse y a hacer ruido. Hace dos o tres meses empezó a venir más la Policía y mejoró bastante. Ahora está mucho más seguro. Se juntan los vecinos, vienen las familias y los chicos pueden jugar tranquilos. Se nota que cambió el ambiente”, sostuvo Omar, otro vecino del barrio.

La percepción de esa transformación también es compartida por quienes desarrollan su actividad comercial frente al paseo. Desde un negocio ubicado sobre la zona del anfiteatro -Boulevard Market- señalaron que el cambio comenzó a hacerse evidente en los últimos meses y que el movimiento diario volvió a estar protagonizado por los propios vecinos. Aunque aclararon que la inseguridad no desapareció por completo en otros sectores de la ciudad, consideran que este punto de la costanera recuperó una dinámica muy diferente.

“Ahora se juntan vecinos, familias y chicos a jugar en el anfiteatro. Antes se veía mucha gente en situación de adicción y eso prácticamente dejó de pasar. La plaza volvió a ser un lugar para quedarse y compartir. Eso se nota todos los días y tiene mucho que ver con la presencia policial que hay en el lugar”.

A esa mayor tranquilidad se suman otros cambios que los residentes destacan en la vida cotidiana. Además de la disminución de los ruidos durante la noche, sostienen que el sector luce más limpio y ordenado, con veredas barridas y un mejor mantenimiento de los espacios públicos.

Para quienes viven frente al anfiteatro, son detalles que acompañan la recuperación del barrio y que hacen que el entorno vuelva a resultar agradable para permanecer durante varias horas. “Ahora barren las veredas y está todo mucho más prolijo. Antes pasaba cualquier cosa y después quedaba todo sucio otra vez. Hoy se nota que el barrio está cuidado. Nosotros estamos tranquilos y eso también se refleja en cómo está todo alrededor”, señaló Alba.

La vecina recordó que la sensación de inseguridad había llevado a muchos frentistas a reforzar la protección de sus viviendas. En su caso, relató que sufrió el robo de una bicicleta y que, con el tiempo, decidió colocar cámaras de vigilancia, cerco eléctrico y nuevas estructuras metálicas para impedir el ingreso de delincuentes. Si bien reconoce que esas medidas siguen siendo necesarias, considera que el entorno cambió notablemente en comparación con años anteriores.

“Me robaron una bicicleta nueva y después empezamos a poner cámaras, cerco eléctrico y reforzamos toda la casa. Antes se metían por cualquier lado y también les robaban a los vecinos. Eso uno no se olvida, pero hoy al menos la tranquilidad del barrio es otra. Se puede vivir de una manera distinta”.

En el mismo marco, hubo una  época en la que distintos colegios utilizaban el anfiteatro y la plaza para ensayos de la estudiantina que se prolongaban durante varias horas, generando molestias para quienes viven frente al espacio público. Alba contó que esa situación era motivo de discusiones frecuentes, especialmente entre vecinos que debían levantarse de madrugada para trabajar o tenían niños pequeños.

“Había días en que venían a ensayar muy cerca de las casas y se escuchaba muchísimo. Los vecinos les pedían que entendieran que había gente que trabajaba desde muy temprano o tenía chicos durmiendo. Ahora ya no pasa de esa manera y eso también ayudó a que todo esté mucho más tranquilo”, recordó.

A casi dos años de aquellos reclamos por los ruidos molestos, las picadas y las reuniones que alteraban el descanso, quienes viven sobre la continuidad de la avenida Tomás Guido aseguran que la realidad cambió. “Lo único que pedimos es que esto continúe. Costó mucho volver a tener tranquilidad. Hoy podemos descansar, salir a la vereda, caminar y disfrutar del barrio. Ojalá siga siendo así porque hacía muchos años que no vivíamos de esta manera”, concluyó la vecina. 

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